El Museo Picasso Málaga reivindica el lado femenino del surrealismo

El Museo Picasso Málaga reivindica el lado femenino del surrealismo
Salvador Salas

La pinacoteca la estrena una exposición en torno a las artistas próximas a la corriente de vanguardia

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Está la Historia del Arte llena de mujeres más o menos hermosas, más o menos vestidas y voluptuosas, posando impávidas ante la mirada atenta, casi siempre libidinosa, del artista. Tanto es así, que 'el pintor y la modelo' se erige en tema tema propio, transversal, como el retrato, los bodegones o el paisaje. Aquí, sin embargo, una mujer mira a un muchacho, los dos desnudos, en 'La alcoba' (1941), el cuadro de Leonor Fini que da la vuelta al tópico en 'Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo', la exposición presentada esta mañana en el Museo Picasso Málaga (MPM).

La pinacoteca malagueña ha reunido para su nuevo proyecto de producción propia el trabajo de 18 mujeres artistas próximas a la estética surrealista. En la nómina hay figuras ya reivindicadas -o en proceso de reivindicación- como Leonora Carrington, Frida Kahlo, Maruja Mallo, Lee Miller y Remedios Varo, junto a creadoras menos conocidas para el público general como Eileen Agar, Kay Sage, Toyen y Unica Züm. El resultado es un conjunto de 124 obras procedentes de una treintena de colecciones públicas y privadas, tanto nacionales como internacionales. Una materia prima diversa y compleja presentada aquí en un montaje abigarrado donde se echa en falta un poco de 'aire' para que las obras, las ideas y relaciones, broten “plenamente libres”.

La muestra del Museo Picasso Málaga quiere ser “una propuesta general de liberación” de estas mujeres artistas, opacadas por la sombras de sus compañeros de arte y de cama. Pero ese relato diferencial, autónomo, se ha visto esta mañana solapado demasiado a menudo por la esfera íntima de sus biografías, hasta el punto de que a la hora de presentar sus obras ha primado por momentos lo biográfico sobre lo artístico, lo sentimental sobre lo conceptual, lo anecdótico sobre lo trascendente, lo femenino sobre lo feminista.

Una relación de abortos, romances, rupturas, rasgos de carácter y cuestiones de alcoba que ha hecho un flaco favor al argumentario de un proyecto consciente de que las propuestas de estas mujeres son “completamente diferentes” entre sí, al que cuesta, por tanto, encontrar un hilo conductor más allá de su vigorosa “doble recuperación” de estas autoras en el relato histórico y artístico de la primera mitad del siglo XX. Al cabo, el Museo Picasso Málaga plantea su nueva exposición como “una experiencia creativa”, en palabras de su comisario, José Jiménez, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los mayores especialistas del país en la corriente surrealista.

Jiménez ha explicado esta mañana que la muestra se ha ordenado “siguiendo un itinerario en espiral”, una de las imágenes esenciales en la estética surrealista que aquí deja un paseo sinuoso, a veces casi laberíntico. El montaje, abierto al público a partir de mañana y en cartel hasta el 28 de enero de 2018, se organiza en cinco secciones temáticas. La primera de ellas gira en torno a las ideas del espejo y la máscara. Aquí toma protagonismo el “desdoblamiento de la identidad” de estas autoras en cuanto a mujeres y artistas en un ámbito casi siempre hostil. El encuentro entre el 'Feliz desayuno' (1937) de Agar y su escultura 'El ángel de la misericordia' (1934) ofrece el primer juego de espejos. Algo similar acontece entre la 'Conversación' (1937) de Dora Maar, las fotografías de Lee Miller y la enigmática pieza de Leonora Carrington 'Entre las máscaras' (1936).

Las escenas fantásticas salen a la palestra en el apartado dedicado a 'Otros mundos, en este', uno de los episodios de mayor potencia visual de la muestra. Aquí la deliciosa 'La tierra' (1929) casi infantil de Ángeles Santos, las subyugantes esculturas de Meret Oppenheim, los paisajes desiertos y futuristas de Kay Sage y la potente dupla de Maruja Mallo compuesta por 'La verbena' (1927), procedente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, y 'Kermés' (1928). Al otro lado, el frenesí onírico de Leonora Carrington desplegado en 'Orplied' (1955) y 'Composición' (1950).

Sueños que abren la puerta de la siguiente sección, dedicada justo a lo onírico en un tramo donde el concepto de espiral se traslada a la propia distribución de las piezas en la sala despiezada. La filiación figurativa de Ángeles Santos en 'Niña durmiendo' (1929) y 'Niña muerta' (1930) da paso a las siluetas onduladas de Eileen Agar, presentada aquí en un delicado y evidente juego de correspondencias entre su 'Cuádriga' (1935) y sus fotografías de rocas perfiladas en paisajes desiertos.

Y si por algún avatar de destino alguien sólo puede detenerse en una obra de esta exposición, no sería para elección decantarse por la 'Pequeña serenata nocturna' (1943) de Dorothea Tanning, procedente de la Tate londinense y aquí enfrentada a 'Y entonces vimos a la hija de Minotauro' (1953) y 'Té verde' (1942) de Leonora Carrington en otro de los encuentros más felices del paseo.

Vira el discurso hacia los territorios de Eros en las fotografías de Lee Miller y Dora Maar, en 'La alcoba' de Fini y en el cortometraje 'La concha y el reverendo' (1928) de Germaine Dulac que los popes varones del surrealismo quisieron dinamitar, como recordaba esta mañana José Jiménez, quien ha reivindicado esta pieza como la primera película surrealisma, previa a 'Un perro andaluz' de Luis Buñuel, entrenada un año después.

Remata el Museo Picasso Málaga su nueva propuesta con un apartado sobre el extrañamiento propio en estas mujeres artistas. Si en el caso de 'Otros mundos, en este' tomaba el epígrafe de un poeta masculino (Paul Eluard), en 'Yo es otra' adapta el verso de Arhur Rimbaud (otro hombre) para ofrecer uno de los conjuntos más potentes del paseo. Brillan en este tramo final la imponente 'Tertulia' (1929) de Ángeles Santos y la suerte de retablo formado por un tríptico enigmático y palpitante: 'La giganta' (1947) de Carrington y las obras de Fini tituladas 'La guardiana del huevo' (1955) y 'La víctima es reina' (1963).

Reinas sin coronas, víctimas de la falocracia, reunidas ahora por el Museo Picasso Málaga.

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