Ni musas ni modelos

Historias y obras extraordinarias de unas mujeres que encontraron en el surrealismo un aliado para luchar contra una sociedad machista y ser ellas. El Museo Picasso las recupera en una gran exposición

Varias mujeres contemplan el cuadro ‘Tertulia’ (1929) de la artista española Ángeles Santos (1911-2013), procedente del Museo de Arte Reina Sofía, una de las 124 piezas de la exposición ‘Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo’ del Museo Picasso Málaga./Álvaro Cabrera
Varias mujeres contemplan el cuadro ‘Tertulia’ (1929) de la artista española Ángeles Santos (1911-2013), procedente del Museo de Arte Reina Sofía, una de las 124 piezas de la exposición ‘Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo’ del Museo Picasso Málaga. / Álvaro Cabrera
María Eugenia Merelo
MARÍA EUGENIA MERELO

Nacieron con un guión escrito para sus vidas: ser esposas, amantes, musas o modelos. Pero ellas estaban dispuestas a no aceptar los mandatos de una sociedad patriarcal, machista, y ser libres, ser ellas. Dieciocho mujeres que encontraron en el surrealismo un aliado para esa lucha de liberación de un género al que se le exigía ser objeto de deseo y se le prohibía ser objeto pensante. A principios del siglo XX, estaban sometidas a la desigualdad política y educacional, subordinadas por una discriminación legal, marcadas por la segregación ocupacional y una abierta discriminación en el ámbito laboral. «Una mujer libre es todo lo contrario de una mujer fácil», escribió Simone de Beauvoir. Y ellas estaban decididas a ser difíciles, a volar solas.

«De las revoluciones del siglo XX, creo que la de la mujer es la más importante. Si uno piensa qué papel jugaba la mujer en la Europa de 1927, lo que le dejaban hacer, lo que no le dejaban hacer, el acceso que tenía a la educación o al poder y lo que ahora la mujer representa en la sociedad, es sin duda la gran revolución», asegura José Lebrero, director del Museo Picasso Málaga (MPM). La pinacoteca inauguró el pasado lunes la exposición ‘Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo’, comisariada por José Jiménez, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los mayores especialistas del país en la corriente surrealista.

La muestra recupera la obra y rescata la vida de 18 mujeres que tomaron oxígeno de este movimiento de vanguardia para romper tabúes y enfrentarse a arraigados prejuicios culturales sobre ellas. Para los seguidores del ‘Manifiesto Surrealista’ que André Breton proclamó en París en 1924, la obra nace del automatismo puro, lejos de cualquier control mental. Intentan plasmar por medio de formas abstractas o figurativas simbólicas las imágenes de la realidad más profunda del ser humano, el subconsciente y el mundo de los sueños. «El movimiento abre la puerta a poder ser lo que no se puede ser, a la insumisión cultural, a la rebelión moral y a una liberación interior que, de algún modo, reúne a estas mujeres, las llama», asegura Lebrero. El director del MPM añade que, «para la historia del arte, el cubismo es muy importante, pero para la historia de la cultura, el surrealismo lo es más, porque es literatura, cine, arte, modos de vida, permite decir: yo soy gay, yo me represento, me enmascaro, me disfrazo». Y reflexiona: «¿Por qué a Warhol le gustaba tanto Dalí, mucho más que Picasso? Porque Dalí era todo eso que yo puedo ser si me lanzo: la fantasía, la imaginación materializada, no reprimida. El surrealismo es una forma de contar lo que quieras».

Eileen Agar, Claude Cahun, Leonora Carrington, Germaine Dulac, Leonor Fini, Valentine Hugo, Frida Kahlo, Dora Maar, Maruja Mallo, Lee Miller, Nadja (Leonora Delcourt), Meret Oppenheim, Kay Sage, Ángeles Santos, Dorothea Tanning, Remedios Varo y Unica Zürn son los nombres propios que protagonizan esta historia de pioneras e insumisas en la pinacoteca malagueña en una muestra con 124 piezas que estará abierta hasta enero. Mujeres que tuvieron vidas longevas o trágicamente cortas. Mujeres que lograron el reconocimiento como artistas y otras que, sólo con el paso del tiempo, lo conquistaron.

Lebrero escoge, destaca y comenta para SUR la historia de seis de esas artistas que no quisieron ser musas ni modelos, sino que eligieron y pelearon por ser libres y difíciles. Mujeres que escribieron su propio guión como seres humanos y creadoras.

Leonora Carrington La excéntrica alquimista de la rebeldía

La longeva vida de Leonora Carrington (1917-2011) vio la luz en una familia de la alta sociedad de Reino Unido, decidida a darle a su hija una educación estricta. Pero ella quería estudiar pintura. «El caso de Leonora es el de una mujer que, perteneciendo a una buena familia, se rebela a cumplir el papel de una chica correcta», apunta José Lebrero. Descubre el surrealismo en 1936 y se fuga a París con Max Ernst. Cuando llega la presión alemana, Ernst tiene que exiliarse. Ella llega a España y la toman por loca, internándola en un psiquiátrico en Santander. «Sufre electroshocks y la medican con ‘Cardiazol’ –relata Lebrero– hasta que logra escaparse a México». Allí descubre todo un universo que le va a facilitar construir una visión del mundo distinta. «Su obra aglutina distintos conocimientos que tiene que ver con la alquimia, la cábala u otros campos de saber antiguo, cimientos de una obra original, diferente a todo lo demás». Recuerda Lebrero que, ya anciana, cuando le preguntaron qué misión tenían las mujeres en el siglo XXI respondió: «Dejar de ser una quimera». Falleció a los 94 años, después de numerosas exposiciones y retrospectivas.

Nadja (Léona Camille Ghislaine) Una trágica vida tras el amor a Breton

Nació el Lille, pero París fue su ciudad de residencia desde los 20 años. En la capital parisina realizó trabajos eventuales y era mantenida por varios benefactores. Toma el nombre de una bailarina famosa de la época y conoce a André Breton, padre del surrealismo. «Él queda fascinado por ella. Empieza a hacer algunos dibujos, cosas muy sencillas, muy básicas, pero que a Breton le fascinan. Cuando en el año 27 acaba la relación entre ellos, ella empieza a ser víctima de alucinaciones que provocan que su internamiento con 25 años. Hay que imaginarse lo que sería un internamiento en el París de los años 20. Acaba en el un asilo para pobres y allí muere en 1941, a los 39 años», relata José Lebrero. «Es una vida totalmente diferente a la de Carrington, la vida de una mujer que viene de un entorno insignificante, sin contactos y sin la fuerza de una familia o de un entorno económico sólido», añade. Su nombre, como un día auguró, sirvió de título para la novela autobiográfica de Breton.

Toyen (Marie Cêrminová ) Un compromiso longevo con el surrealismo

Nació en Praga (1902-1980), donde estudió Bellas Artes. Conoció a Jindrich Stirsky y con él se unió al grupo de venguardia Dêvetsil. Se marchó a París, donde se cambió el nombre. «Utiliza la palabra ‘citoyen’, ciudadano. Pero ella dice que no es un ciudadano hombre, por eso se queda con Toyen». Vivirá en París, volverá en Praga, va a estar cerca de Breton y en el grupo surrealista hasta el final. «Aquí tenemos a alguien que va a vivir hasta el año 80, que va a estar implicada políticamente, a favor de la revolución y la izquierda. Lucha contra los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial». En los últimos años, su obra está muy cotizada en el mercado del arte. «Aquí viene otra cuestión –reflexiona Lebrero–, ¿por qué artistas sólidas como ésta han mantenido tanto tiempo su obra fuera de mercado? El mercado tiene sus leyes y ha considerado que el trabajo de ellas no era relevante, probablemente porque los historiadores del arte no las han historiado correctamente».

Ángeles Santos Un idilio efímero con la vanguardia

Nació en la localidad catalana de Port-Bou en 1911. A los 14 años, en un internado sevillano, descubre su pasión por el dibujo. Poco después se marcha con su familia a vivir a Valladolid. «Ésta es una circunstancia muy interesante de muchas de estas mujeres: sus vidas están marcadas por los constantes viajes y los traslados», destaca José Lebrero. En el 28 y 29 expone en el Ateneo de Valladolid. En el 29, es invitada al Salón de Otoño de Madrid donde participa con tres cuadros. Uno de ellos, ‘Un mundo’, hoy en la colección del Museo de Arte Reina Sofía, causó sensación, hasta el punto que en 1930, con 19 años, le dedican una sala personal. En los años 30 muestra su obra en Copenhague, París y hasta en Pittsburgh, la ciudad de Warhol. Participa en la Bienal de Venecia del 36. Ese año, se establece en Cataluña y se casa con el pintor Emilio Grau Sala, que se tuvo que exiliar. «Y se acabó, la obra importante de ella es la de los años 28, 29 y 30. Vivirá hasta los 102 años. ¿Que puede haber pasado? A veces, el compromiso con los nuevo, lo renovador, los visionario o la vanguardia dura solo un tiempo. Ángeles Santos se casa y desaparece de la escena, probablemente seguirá pintando en un ambiente pequeñoburgués. Carrington es conocida internacionalmente. Santos, sólo en nuestro entorno, porque tuvo un contacto con el surrealismo muy breve, no estaba donde se cocían las cosas», concluye el director del MPM.

Unica Zürn Poesía anagramática y salto al vacío

Unica Zürn (1916-1970) nació en Berlín. Su padre era militar y su madre, escritora. Los padres se divorciaron en 1930 y vendieron la casa maravillosa de la infancia. Ella se tiene que poner a trabajar. En el 42 se casa y en el 49, en plena Guerra Mundial, se divorcia, dejándole sus dos hijos al padre. Sobrevive escribiendo para la radio y la prensa. Conoce a Hams Bellmer, un gran pintor surrealista, lo deja todo y se va a vivir con él a París, donde fue admirada por grandes artistas del movimiento. «Ahí publica sus trabajos que son fantásticos, lo textos de brujas. Conoce a Max Ernst. En el 47 empieza a tener trastornos psíquicos y tiene internamientos. Describe su estado en su poesía anagramática. Tiene una relación sadomasoquista con Bellmer que se manifiesta en su obra y acaba saltando al vacío desde una ventana de su piso de París». «La pregunta sería –prosigue Lebrero– ¿por qué algunas de estas mujeres tuvieron finales tan trágicos?, ¿por qué se acercaron al surrealismo, que abre la llave del otro lado, al subconsciente, a lo nocturno, a todo Freud, a cosas que antes casi no existían? Quien tiene tendencia a hacer terapia, tiene tendencia a tener problemas. Quizás hay una propensión. Esto es complejo. Lo analizaremos en un seminario en diciembre de la mano de la revista ‘Litoral’, que editó el maravilloso número ‘La locura. Arte y Literatura’».

Claude Cahun La gran fotógrafa del movimiento

Lucie Schwob nació en Nantes en 1894 en el seno de una familia de la alta burguesía. A los 15 años descubre su amor a Suzanne Malherber, que tiene 17 y que se convierte en su alter ego para siempre. Cambiará su nombre por el de Claude Cahun. «El cambio de nombre –explica el director del MPM– es otra constante en estas mujeres: me cambio el nombre para ser otra, no quiero ser el nombre que me han dado, no me correspondo con esa identidad, me construyo una, la mía». Con su cambio de nombre, Claude Cahun quiere subrayar su androginia y su ascendencia judía. El matrimonio de los padres de una y otra las convierte en hermanas. Se van juntas a vivir a París. Fotografían. Conocen a Breton. En el 37 se van a Jersey en Inglaterra, donde les sorprende la guerra. En esa isla fabrican e idean artefactos destinados a confundir al enemigo, los nazis. Las detienen y las condenan a muerte. Las salva el final de la guerra. Esta fotógrafa surrealista, fue también escritora, poeta, activista política, lesbiana, heroína de la resistencia, icono del feminismo y figura de culto para muchos.

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