Murillo reconquista Sevilla

La conmemoración del cuarto centenario del nacimiento del genial artista barroco se abre con la exposición 'Murillo y los capuchinos'. Reconstruye el retablo que el pintor sevillano creó entre 1666 y 1669 para la iglesia de la orden capuchina

CECILIA CUERDOSevilla

La Sevilla del siglo XVII vista desde los ojos del siglo XXI. La conmemoración del 400 aniversario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) late en cada rincón de la capital hispalense con un ambicioso programa que, bajo la premisa del «diálogo entre el presente y el pasado», incluye ocho exposiciones con más de 600 obras, itinerarios culturales, conciertos, programas audiovisuales actividades divulgativas. También varios proyectos de investigación y un congreso internacional para celebrar la obra y el legado del universal pintor sevillano, junto a su paisano Velázquez, el más reconocido de todos los tiempos.

El 'Año Murillo' arranca en el Museo de Bellas Artes con la muestra 'Murillo y los capuchinos de Sevilla', una exposición que reconstruye la totalidad de la serie de siete lienzos del retablo de la iglesia de los Capuchinos de Sevilla y la muestra en el espacio que el pintor imaginó para ellos entre 1665 y 1669.

Ha sido necesario el préstamo de obras que se encontraban en Bilbao, Madrid, Austria, Reino Unido o Alemania. Algunos de ellos no habían regresado la ciudad desde el saqueo francés sufrido por Sevilla durante la Guerra de la Independencia, un expolio que acabó desperdigando gran parte de la obra de Murillo. De ahí que los responsables del programa insistieran en la «oportunidad histórica» para «disfrutar de uno de los conjuntos más importantes del Barroco del mundo».

De entre todas las piezas que podrán contemplarse hasta el 1 de abril de 2018 destaca 'El jubileo de la Porciúncula', que tras un acuerdo con el Museo Wallraf-Richartz de Colonia permanecerá en Sevilla cedida en depósito por diez años. A cambio, el impresionante lienzo de cuatro metros de alto que representa la aparición de Cristo y la Virgen a San Francisco tras la cual el santo decidió fundar la orden franciscana, será restaurado por el museo sevillano en colaboración el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). Asimismo, en la segunda sala de la exposición brilla con luz propia el cuadro Arcángel San Gabriel, al que se le había perdido la pista hasta que en 1987 fue adquirido por el Museo de Historia del Arte de Viena a un particular.

La «espectacular y excepcional» muestra, tanto por cantidad de piezas (24) como por la calidad de las mismas, recupera así a «un Murillo desconocido para Sevilla y que regresa por primera vez en dos siglos», según subrayó el consejero andaluz de Cultura Miguel Ángel Vázquez. Pero además de su dimensión cultural, los organizadores destacaron el reclamo turístico que supondrá esta muestra y el resto de actividades previstas, justo cuando Sevilla ha sido elegida la mejor ciudad para visitar en 2018 por una conocida guía de viaje.

De esta manera, según el alcalde hispalense, Juan Espadas, el 'Año Murillo' «convertirá a la ciudad en el enclave con la oferta cultural más potente del país» durante 2018, ya que se celebrarán además las muestras 'Murillo y su estela en Sevilla', con alguna de las pinturas más originales del artista; la antológica 'IV Centenario', centrada en la visión innovadora de temas tradicionales o 'Murillo y la Catedral de Sevilla', que ahondará en la imagen más tradicional del pintor y su relación con la Iglesia.

Las conmemoraciones, más allá de celebrar a una de las señas de la capital hispalense, tratan de desterrar la idea de Murillo como un pintor de vírgenes, querubines y pastorcillos. Los investigadores, muchos de los cuales tendrán la oportunidad de desgranar sus teorías en un congreso internacional en los próximos meses, coinciden en señalar al pintor como un 'fotoperiodista', un testigo de la vida cotidiana y la miseria, como demuestran sus escenas de pícaros o pobres.

Nacido en pleno esplendor barroco, y erigido en uno de sus máximos representantes por su dominio de la luz y el color, Murillo se anticipaba así a la pintura moderna. Sus escenas más profanas, protagonizadas por personajes de la calle, apasionaron a los mercaderes de Flandes, que a su paso por la ciudad para el comercio con las Indias quedaron prendados de su pincel y encargaron las obras que luego se llevarían al retornar a su hogar tras perder Sevilla el monopolio comercial con el nuevo mundo.

Para ello, los responsables del Año Murillo han ideado un programa que se vive en la calle, para poder imaginar cómo vivían esos personajes o incluso conocer la música que escuchaban. Ya se ha podido disfrutar, por ejemplo, de la pieza creada para la ocasión por el director y violagambista Jordi Savall, a la que seguirán varios conciertos por capillas de la ciudad y otro que recreará el desembarco de la Flota de Indias. La ciudad acogerá además algunas de las arquitecturas efímeras frecuentes en el barroco e itinerarios para conocer los edificios que visitó o habitó el pintor.

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