MURAL DE LAS LAMENTACIONES

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Vivimos deprisa. Aunque más que un bonito cadáver, vamos a dejar un cuerpo cansado. Y en ese contrarreloj diario parece que resulta imposible caminar con decisión hacia un objetivo. Solo vale correr o, en su defecto, quedarse quieto. El aplauso o el silencio. De estos extremos sabe bien el poeta Vicente Aleixandre, del que el viernes se cumplen 40 años de la concesión del Nobel de Literatura. Un premio muy escaso entre los nuestros. Aunque eso no quita que al autor de la Generación del 27 lo tengamos olvidado. Arrinconado. La conmemoración del reconocimiento de la Academia Sueca se iba a celebrar con la inauguración de un mural con las estrofas de su poema 'Ciudad del Paraíso' para recordar que Málaga fue el centro de la geopoética del escritor y reivindicar su figura que, como decían sus versos, anda «suspendida en el tiempo». La idea surgió a finales de 2016 de una iniciativa popular y poco después el Ayuntamiento dio un paso al frente para impulsar el proyecto. En febrero se decidió que los versos hicieran de puente entre el Museo de Málaga y la Alcazaba en la Travesía Pintor Nogales. Pero nada más se supo.

El 40 aniversario del Nobel ya está aquí y el diseño del mural de la 'Ciudad del Paraíso' todavía está sin decidir en los despachos municipales. Y a la espera de comenzar un trámite burocrático que tomará meses. Aquí no hay problemas presupuestarios ni enfrentamientos entre administraciones que eternicen la cuestión. Lo único que hay es algo tan tristemente aleixandrino como el olvido. La ineficacia y frialdad que muestra la gestión pública en casos como éste contrasta con el pragmatismo y la calidez de lo privado. La Asociación Colegial de Escritores de España no ha querido dejar pasar la conmemoración del Nobel y ha organizado para diciembre -fecha de entrega del galardón- un congreso sobre Aleixandre en Málaga. El programa incluye tanto sesiones académicas como divulgativas y prometen actualizar la relación del poeta con la ciudad de su infancia, esa misma que eternizo «colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída a las ondas azules». Una segunda oportunidad para inaugurar ese mural que, por el momento, es el de las lamentaciones.

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