Mónica Invader

Mónica Invader
Sr. García .
Cruce de vías

Yo prefiero llamarla Mónica. Como el nombre que pasó años pintado en la chimenea más alta de Málaga hasta que un día decidieron borrarla del mapa

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .Ilustración

La conocen por Invader, pero yo prefiero llamarla Mónica. Como el nombre que pasó años pintado en la chimenea más alta de Málaga hasta que un día las autoridades ordenaron borrarlo del mapa de La Misericordia. No hubo piedad con el mensaje del escalador que una noche se jugó la vida en nombre del amor. Ahora la equilibrista Mónica Invader anda guardando el equilibrio sobre un cable que se extiende por calle Santa María. Viste un traje flamenco de color rojo y mueve el abanico al ritmo de sus pisadas. Me acerco a visitarla siempre que bajo al Centro. Entonces observo el nefasto escenario que la rodea: la pared mugrienta, la papelera repleta de basura, cables por todas partes.

No termino de comprender por qué ha elegido esta esquina tan sucia y peligrosa. Hay también una pequeña casa de muñecos diabólicos construida en la pared y cerrada con candado. Un mensaje en la puerta advierte a los paseantes del peligro de muerte y aconseja tener cuidado con la alta tensión. Mónica es el único punto de luz en medio de tanto cruce de cables. Ella vive ajena a las amenazas que la quieren desahuciar de ese rincón inhóspito, se abanica para expulsar los malos olores y sonríe feliz con su clavel rojo en el pelo.

Apenas nadie le hacía caso hasta que un día se corrió la voz y ahora todo el mundo acude a contemplar a la controvertida equilibrista que permanece quieta viendo pasar la vida a sus pies. Me gusta ir a dialogar con ella en silencio de madrugada, cuando la calle se queda vacía. Le produce lástima que la historia se repita, que el mundo no avance y que sigamos rodeados de fariseos que observan escrupulosamente y con cierta afectación los preceptos de la ley mosaica. En realidad, se interesan más por la manifestación externa de esos preceptos que por el espíritu de la ley. Me gusta escucharla hablar. Ella confiesa que cuando la ciudad duerme aprovecha para leer el diccionario y aprender el significado de algunas cosas como las que acaba de decir.

La imagino pasando las páginas del diccionario sentada tranquilamente encima de ese cable de alta tensión por el que nos movemos a diario. Dice que lo único que le provoca vértigo es ver desfilar a los sepulcros blanqueados con sus largas comitivas y que tiene que hacer verdaderos malabarismos para mantener el equilibrio y no caer al vacío. Mónica guarda el equilibrio y ellos las apariencias. Nos despedimos porque voy a coger tortícolis de tanto mirarla y me desea felices sueños. Le soplo un beso y doblo la esquina de calle Santa María en busca de la Ciudad del Paraíso.

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