Miguel Manrique: del taller de Rubens a la Catedral de Málaga

El lienzo de Manrique ubicado en la Catedral. /SUR
El lienzo de Manrique ubicado en la Catedral. / SUR

El especialista formado en la UMA Eduardo Lamas-Delgado firma una ambiciosa investigación sobre uno de los grandes pintores del Barroco malagueño

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Algunos manuales de Historia del Arte le dedican unas líneas, quizá un párrafo, como uno de los principales artífices de la llegada a Andalucía de la pintura flamenca, que marcaría la pauta estilística durante más de un siglo. Sin embargo, pese a erigirse como uno de los grandes nombres del Barroco andaluz y malagueño, la biografía de Miguel Manrique (c.1602-1647) se ha diluido entre los países donde pasó su vida: Bélgica, Italia y España.

Ahora, el investigador formado en la Universidad de Málaga (UMA) Eduardo Lamas-Delgado acaba de firmar un ambicioso estudio que completa por primera vez la semblanza de un pintor formado en el taller de Rubens que ofrece una de sus obras emblemáticas en la Catedral de Málaga con el imponente lienzo titulado ‘El Convite de Jesús en casa de Simón el Fariseo’ (1642), inspirado justo en la obra de Rubens que custodia el Hermitage.

«Es uno de los pintores más importantes del Barroco malagueño, junto a Juan Niño de Guevara, que fue su discípulo, y con Pedro de Mena en la escultura», adelanta Lamas-Delgado, trabajador del Instituto Real de Patrimonio Artístico (IRPA en sus siglas en francés) belga, centro análogo al CSIC español.

Arriba, el especialista Eduardo Lamas-Delgado. Abajo, ‘El convite de Jesús en casa de Simón el Fariseo’ luce en la Catedral de Málaga y el posible autorretrato de Miguel Manrique. / Fernando Gonzáñ

«Apenas se sabían detalles de este pintor y a través de esta investigación se ha podido averiguar que nació en el sur de Bélgica y que fue hijo de un capitán de los tercios españoles que se casó con una belga. De joven pasó a Amberes a formarse en el taller de Rubens y de allí pasó a Génova, donde siguió formándose con la colonia flamenca de pintores instalados allí, donde estuvieron Rubens y Van Dyck muchos años. Pero ni los españoles sabían que había estado en Génova ni los genoveses conocían su estancia en Málaga ni los belgas conocían lo que pasó después de que abandonase el país. Los lugares de su biografía se habían quedado sin conexión, que es lo que sucede con estos artistas, que no llegan a ser muy famosos y que han vivido en varios lugares y al final no se han estudiado globalmente», esgrime el especialista, que ha recibido el premio de la Real Academia de Bélgica por esta investigación en la que ha trabajado durante dos años.

El estudio completa por primera vez la biografía de un artista esencial para comprender la influencia de la pintura flamenca en los autores andaluces del siglo XVII

El estudio de Lamas-Delgado se presenta hoy en Génova, al hilo de la exposición ‘Van Dyck y sus amigos. Flamencos en Génova 1600-1640’. «Miguel Manrique ha caído un poco en el olvido porque sufrió tremendamente la destrucción del patrimonio artístico de Málaga en el principio de la primera República, cuando en mayo de 1931 durante dos días se destruyeron muchísimas obras de arte en las iglesias y conventos de Málaga», aclara Lamas-Delgado.

Patrimonio perdido

«Sus obras más importantes –sigue el especialista– estaban en la iglesia de La Merced y de San Agustín. Cuadros de altar, de los que sólo se tiene información a través de Juan Temboury, cuyo archivo está en la Biblioteca Cánovas del Castillo de la Diputación. Además, el profesor Agustín Clavijo hizo el primer catálogo de obras de la pintura barroca malagueña y consiguió localizar dos cuadros más en colecciones privadas malagueñas».

Además, a su calado artístico suma Miguel Manrique una biografía singular, glosada también por Lamas-Delgado: «Su padre consiguió un puesto de capitán en la milicia del puerto de Málaga y como conocía la lengua de los Países Bajos, en cuanto llegó a Málaga se dedicó a comerciar con vino y pasas y a prestar dinero a los comerciantes holandeses y flamencos».

«Cuando muere –prosigue el especialista–, Miguel Manrique decide trasladarse a Málaga para heredar el puesto de su padre, pero nunca lo consigue, porque al final murió antes de conseguirlo. Lo que sí se sabe es que heredó los negocios del padre, así que en Málaga, además de pintar, se dedicó a comerciar tejidos, vino y a hacer de prestamista, eso también lo he podido documentar».

Un personaje singular de vida azarosa que ahora emerge en su totalidad con el rastro que Lamas-Delgado ha seguido por varios países: «No se le podía reivindicar más porque tampoco se sabía gran cosa. Espero que ahora se le pueda dar una mayor relevancia. En Málaga, eso sí, no ha sido un olvidado, lo ha sido en Bélgica y en Génova».

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