Miguel Gallego: «Voy a dirigir el teatro de Antonio Banderas»

Miguel Gallego, director de producción del Teatro Cervantes, en el escenario del Echegaray./Migue Fernández
Miguel Gallego, director de producción del Teatro Cervantes, en el escenario del Echegaray. / Migue Fernández

El autor y director de programación del Cervantes avanza que pilotará el proyecto del nuevo Teatro del Soho

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Aunque por edad le toca –67 años–, asegura que la jubilación no va con él. El dramaturgo y director de producción del Cervantes, Miguel Gallego (Málaga, 1950), trabaja con visión de futuro. Ya tiene perfilada la programación para el Festival de Teatro de 2019 y habla con ilusión del proyecto Factoría Echegaray que, camino de la decimoquinta producción, ha dado aire a muchos profesionales malagueños. Pero no siempre ha sido igual. Gallego confiesa que en la anterior etapa de Charo Ema en la dirección del Cervantes se pasó por «una época gris» y aboga porque los teatros malagueños se especialicen. Comenzando por el «cajón de sastre» del Cervantes, donde hay ópera, conciertos, teatro y eventos varios. Un panorama al que se une el proyecto del Teatro del Soho de su amigo Antonio Banderas. Y que Gallego se encargará de pilotar. Nada de retirarse.

Se vuelve a hablar de compañías y obras. ¿Vivimos un renacer de ese enfermo crónico que es el teatro?

–Los que empezamos en aquella ciudad que era un desierto cultural, vemos que hoy hay nueve espacios escénicos. Pero ahora Málaga se merece algo más. Hay que especializar. Está muy bien el Cervantes, pero a la Orquesta Filarmónica le hace falta un palacio de la música porque ya tiene una programación anual tremenda. Y el teatro tendría que tener un espacio propio consolidado. También deberíamos tener uno en exclusiva para la danza que, de las artes escénicas, es la que necesita más apoyo.

¿El Cervantes está limitado?

–Ahora mismo es un cajón de sastre. Es uno de los teatros de España con una programación más variada. Hay meses sin un día de descanso. Hay que atender la OFM, la ópera, el teatro, la música y los eventos de la ciudad. Eso resta que el Cervantes se dedique al teatro.

¿Que papel está jugando Factoría Echegaray?

–Un espectáculo que venga a esta ciudad uno o dos días no deja huella. El Echegaray queríamos que fuera un experimento con producciones propias que tuvieran la opción de hacer 12 funciones durante dos o tres semanas y dar pie al boca a boca, que es la mejor publicidad del teatro. En Factoría Echegaray ya tenemos un promedio de 70 espectadores, que sorprende a nivel nacional. Estamos sembrando y cerraremos esta temporada con una media de 90 espectadores.

Usted ha sido director de compañía. ¿Se puede vivir del teatro en Málaga?

–Ahora hay elementos para que se pueda vivir más que antes. Hay puertas que antes no existían. Aquí tenemos El Espejo Negro, que ha recibido premios Max, y un par de compañías más que funcionan. También ahora un actor tiene más posibilidades con la televisión y el cine. Y en teatro, tiene la opción de Factoría Echegaray o de figurante en la ópera o la zarzuela, cuando antes no había nada de esto.

¿Existe algún paralelismo del momento actual con aquella época dorada de los 80 y 90 en la que surgieron tantas compañías en Málaga?

–Los tiempos han cambiado. La contradicción es que cuando empezamos –y te hablo de la edad de piedra– no teníamos referencias ninguna, ni dinero para viajar. Ahora lo tenemos todo, pero veo a las compañías y la gente de teatro muy desorientadas. Desde el punto de vista de la producción, una vez que estrenan, esperan a ver si alguien los ve. Lo que hay que hacer es ponerse al teléfono. Yo me he tirado horas y horas llamando a unos y a otros. Voy a muchas ferias y festivales y los veo muy perdidos cuando ahora lo tienen todo a mano.

El último Festival de Teatro concitó el aplauso de la programación y la respuesta del público. ¿Qué se está haciendo diferente?

–Nada. Antes se ha sembrado y ahora estamos recogiendo. Cuando se comenzó esta última etapa de festival se intentó que, ya que en el Cervantes no teníamos la posibilidad de dar teatro todo el año, por lo menos tuviéramos un festival importante. Pasamos de dos semanas a un mes y además uno difícil, enero, y parecía una locura. Pero el público ya lo ha tomado como una cita obligada y ahí está el resultado de este año con récord de espectadores.

Pero además de cantidad, parece que la programación es más ambiciosa en la actualidad.

–Es que tiene mucho que ver quien está al mando. Hay gente que te deja trabajar y otros que no. Y si no te dejan no puedes hacer milagros. Y lo hemos visto en los últimos años. No es para contar historias tristes, pero hemos pasado una época gris.

«El Teatro Cervantes es un cajón de sastre. Málaga necesita especialización»

Se refiere a la etapa con Charo Ema en la dirección del teatro, previa a la de Juan Antonio Vigar.

–Sí, totalmente. Los planteamientos que tenía Charo eran muy respetables y dejaba libertad, pero después te decía: «Quita esto, quita esto...». Y podía hacer lo que quisiera, pero con lo que me quedaba no podía hacer gran cosa. Pero, aún entonces, tratamos de sembrar. Es una alegría que ahora te dejen trabajar. El que es listo deja trabajar al técnico y el que es torpe no lo deja.

Deme alguna sorpresa, ¿Quién va a pasar por las tablas del Cervantes?

–Pues el próximo festival ya lo tengo casi cerrado y será fantástico ya que viene La Fura dels Baus, La Cubana y Concha Velasco –en su gira de despedida–. Tendremos grandes estrenos y se mantendrá el estatus.

¿Qué la parece el Goya de Adelfa Calvo o el anterior de Joaquín Núñez? ¿Es un premio a los actores que nunca se fueron de Málaga?

–Adelfa lleva toda la vida y tiene una gran calidad como actriz, pero estaba aquí... hasta que ha llegado su momento. Lo mismo con Joaquín, la nominación de Mercedes León o el caso de Juanma Lara. Aquí hay una enfermedad que es el malagueñismo. Lo digo sin chovinismo: Málaga tiene algo especial y es muy creativa. Pero el contrapunto es que es letal para trabajar, porque te lleva a la comodidad.

«Banderas está muy ilusionado y estará un mes en Málaga representando ‘Zorba el Griego’»

Su nombre se ha apuntado como futuro responsable del Teatro del Soho que promueve Antonio Banderas. ¿Va a dirigirlo?

-Sí, aunque siempre digo por el momento, porque he visto muchas cosas. Es una idea romántica que teníamos desde hace años. Se comenzó a fraguar en 1999/2000 y tocamos muchas puertas, pero nunca cristalizó hasta que optamos por algo privado. El proyecto es crear un centro de producción y representación que esté en contacto con la gente del teatro. Antonio piensa que esta ciudad ya se merece hacer temporada y es lo que pretendemos. No vamos a competir con el teatro Cervantes ni con nadie, sino que seremos otra opción.

Entonces no se jubila...

–Para mí no existe la jubilación, no creo en ella. Entre otras cosas porque vivo de mi ‘hobby’ y si me jubilo... Soy un afortunado y por eso no tengo interés en irme a casa.

¿Coproducirán con Broadway?

–Sí. El objetivo es que Málaga sea un punto de referencia teatral a nivel nacional e internacional, aunque no lo lograremos en un día, sino que hay que trabajarlo mucho y bien. La ilusión de Antonio es tener su teatro y que se hable de Málaga no solo por los museos, sino que se venga aquí también para ver un estreno. Y nos atrae mucho el Soho. El teatro Alameda es ideal y vimos que era el sitio. Tendrá dos espacios, uno grande y otro pequeño, que nos dará diversidad y pensamos mucho en la formación, pero no a nivel escuela de arte dramático, sino en la experiencia y las masterclass.

«Si no te dejan no puedes hacer milagros. No es para contar historias tristes, pero pasamos una época gris»

¿El Teatro del Soho se inaugurará con el musical ‘Zorba el Griego’?

-Sí. Esa obra tiene una historia muy bonita. Durante una conversación sobre lo que íbamos a hacer, le propuse a Antonio ‘Zorba el Griego’, de la que me había hablado hace tiempo, y rápidamente cogió el teléfono y llamó a un productor. Todavía no hemos firmado, pero es la que queremos representar. Antonio ya se sabe canciones de memoria, porque Anthony Quinn –protagonista de la película– le decía una y otra vez que tenía que hacer ‘Zorba’. Será un buen comienzo.

¿Temió por el proyecto tras renunciar Banderas al teatro en el Astoria?

–No, porque nació derivado de allí. Nos plantamos y decidimos buscar algo privado, porque nos daba la independencia que no nos daba el Astoria al ser público. Yo estoy trabajando en un teatro público y no tengo problema alguno, pero estás sujeto a unas reglas. En el caso de un teatro privado, haremos lo que pensamos que tenemos que hacer sin dar tantas razones a nadie, lo que aporta más libertad. Con el dinero público siempre estaríamos en el punto de mira.

El Alameda cierra en mayo para abrir en 2019 como Teatro del Soho...

–Antonio está muy ilusionado y me están llamando todo el tiempo. Fíjate que se ofrece a estar un mes en Málaga representando ‘Zorba el Griego’ y después pasaría a Londres y Broadway. Nos planteamos hacerlo en Madrid, pero Antonio dijo: ¿Por qué no vienen ellos a Málaga? ¿Por qué no empezamos desde el principio mostrando que el sitio es éste? Y me encanta. Es un reto y un regalo. Y el que no lo vea así es que no entiende de qué va esto.

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