Tiqui Atencio: «El mercado es necesario para el arte»

Tiqui Atencio posa con un ejemplar de su libro junto al Museo de Málaga.
Tiqui Atencio posa con un ejemplar de su libro junto al Museo de Málaga. / PAULA HÉRVELE

Asesora de adquisiciones en el Guggenheim de Nueva York y la Tate Modern de Londres, la coleccionista Tiqui Atencio acude a los cursos de verano de la UMA

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Sus abuelos coleccionaban aves; sus tíos, obras de arte, pero la primera que le regalaron llegó de manos de su padre: un cuadro algo sombrío de Bernard Buffet. Tiqui Atencio tenía 17 años y con aquella pieza inauguraba una colección que ahora es incapaz de cuantificar. «No las he contado últimamente. No le sabría decir, palabra de honor», comenta la coleccionista, asesora de adquisiciones para el Guggenheim de Nueva York y la Tate Modern de Londres, que ayer visitaba la capital malagueña para participar en un curso de verano de la Universidad de Málaga (UMA) y para presentar su libro 'Could Have, Would Have, Should Have', donde relata su experiencia y la de otros coleccionistas.

«Es una frase que he escuchado mucho, desde que empecé a coleccionar. A los coleccionistas nos gusta conversar entre nosotros y comentar qué hemos comprado, qué perdimos, a dónde ir, hablar sobre artistas... Son comentarios que se escuchan en los pasillos de estos sitios donde van los coleccionistas. Una de las frases que más he escuchado es esta: 'He podido, he debido'», comenta la coleccionista sobre la frase que da título a su libro.

Nacida en Venezuela, Atencio ha desarrollado su labor como coleccionista en el ámbito anglosajón. Asidua a las ferias internacionales de arte actual, defiende el papel del mercado en el ámbito artístico: «Es la oferta y la demanda. Eso es inevitable. No quise entrar en detalles en el libro porque se ha escrito mucho sobre el mercado. El mercado es necesario. Algunas veces se exagera, algunas veces es un mercado creado ficticiamente y eso puede afectar al artista o a la obra, sobre todo al artista viviente, porque de repente un grupo de coleccionistas o de marchantes empiezan a comprar y desvirtúan un poco el valor real y a la hora de la verdad el pobre artista algunas veces puede dejar de gustar o pasar de moda».

Entre las asignaturas pendientes de su colección, Atencio cita a la estadounidense Sarah Crowner. «De Sarah pude comprar algo hace poco -recuerda la coleccionista-, pero no era lo que quería. Estoy esperando la obra de Sarah que me hable. Las que me han hablado, las he perdido, porque como es una artista joven y está produciendo todavía, me parecía un pecado pagar demasiado, aunque algunas veces hay que pagar demasiado». ¿Cuándo? «Cuando la obra te hable, te cuente algo».

Un ser vivo

¿Y qué le cuenta una obra que le habla? «Es difícil de decir. Cada persona tiene una reacción diferente y a lo mejor lo que me gusta a mí a ti te parece un horror o no te dice nada. Picasso lo dijo, las obras son como un ser humano, se transforman. Y se transforman en la medida en que las miras», comparte Atencio, que ayer participaba en el curso de verano de la UMA 'Coleccionismo: las voces del discurso'.

Un discurso en el que Atencio reivindica la generosidad de los mecenas: «El altruismo, sentir que uno está aportando a la sociedad es muy importante. Una vez que uno se considera coleccionista, porque por ejemplo la mayor parte de la gente a la que entrevisté (para el libro) no querían ser llamados coleccionistas. No sé. Debe ser que ha existido en el pasado una connotación negativa y ahora ha empezado a verse de una manera distinta a la persona que colecciona. Antes era un individuo egoísta que no quería mostrarse, pero creo que el coleccionista debe abrirse a la sociedad».

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