Carlos López Puccio: «Esta melena es de lo poco que me queda natural»

Carlos López Puccio juega con una pajarita y su inconfundible melena. /CARLOS LUJÁN. Tesa
Carlos López Puccio juega con una pajarita y su inconfundible melena. / CARLOS LUJÁN. Tesa

Les Luthiers vuelve a Málaga en marzo con la antología 'Chist'. Carlos López Puccio confiesa que los «históricos» del grupo piensan seguir con las botas puestas

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Descuelga el teléfono al otro lado del charco. Y tras el saludo protocolario, Carlos López Puccio (Rosario, Argentina, 1946) tarda poco en reírse cuando escucha que le hablan de «sus majestades Les Luthiers». Monarcas absolutos del humor y la música, este inimitable grupo argentino recibió el pasado año el Premio Princesa de Asturias por regalarnos durante medio siglo risas a granel, inteligencia en escena y socarronería con banda sonora. Parte de la culpa es de López Puccio, al que precede su sonrisa y su envidiable melena blanca. Unas señas de identidad que el músico y humorista piensa mantener. Tras la reciente desaparición de su amigo y compañero Daniel Rabinovich, Carlos López se ha conjurado con los otros miembros «históricos» del grupo a seguir a pie de escenario. Los próximos 3 y 4 de marzo los veremos de nuevo en el Pabellón Martín Carpena de Málaga con la antología 'Chist'.

-¿Lo de 'Chist' es para que nos callemos porque vienen sus majestades Les Luthiers?

-Ja, ja. El humor requiere callar y escuchar para divertirse. Por ello, buscamos la reunión de esa idea con la analogía de la palabra chiste.

-Han cumplido 50 años juntos. ¿Cuál es el secreto de la longevidad?

-De la física no sé... ojalá lo tuviéramos. Y como grupo, trabajamos durante años con un psicoanalista y eso nos sirvió de mucho cuando vivimos una crisis tras la muerte de nuestro fundador, Gerardo Masana. Empezamos a trabajar la competencia, la rivalidad y la toma de decisiones en grupo. Fueron años de aprender a reconocer la calidad del trabajo de los otros. Logramos desprendernos de los egos y entender que Les Luthiers lo hacíamos entre todos y que ninguno habría podido imaginar, crear y sostener el grupo sin los demás.

-La historia se ha repetido con el fallecimiento hace un par de años del carismático Daniel Rabinovich. ¿Dónde nota más su ausencia?

-Daniel es irremplazable en el escenario. Era un cómico maravilloso y, particularmente, era mi mejor amigo dentro del grupo. Nos gustaba compartir el camerino y también la vida. Es un hermano que se nos fue, aunque sigue estando con nosotros, particularmente fuera del escenario.

«¡Claro que nos peleamos en Les Luthiers! Pero nunca ha habido sangre»

-¿Dan imagen de buen rollo, pero seguro que también se pelean?

-Con los años nos hemos suavizado mucho. Nos peleamos con buena onda, tratando de entender lo que le pasa al otro y cediendo. Pero sí, ¡claro que nos peleamos! Sobre todo cuando tomamos decisiones artísticas. Y si un chiste lo escribí yo, que me digan que es malo, es terrible.

-¿No ha llegado nunca la sangre al río?

-Te puedo asegurar que hemos sido un grupo ejemplar. Ni en los peores momentos ha habido sangre.

-¿Y para hacer una antología como 'Chist' se reúnen en asamblea?

-Tenemos en cuenta varias variables, desde el recuerdo que cada uno tiene de las obras a unos valores que hay que cumplir: eficacia humorística, vigencia de las piezas y una razonable mezcla de gustos. Cada uno hace una propuesta y, en algunos casos, nos ha pasado que alguien ha propuesto una pieza que ninguno nos acordábamos. Pero siempre tenemos que volver a verla para palpar lo que sentíamos. Y a partir de cada propuesta, buscamos la variedad musical, alto rendimiento del humor y repartición del protagonismo. Así que, efectivamente, tomamos una decisión asamblearia.

-Pues para próximos espectáculos en España vendría muy bien que recuperaran 'Vote a Ortega' para reírnos de nuestra política nacional y especialmente de la crisis catalana.

-Estamos al día de esta lamentable situación en España que es una pena que se produzca. Y fíjate que 'Ortega' nunca la repusimos, pero la recordamos con mucha simpatía. Tomo la recomendación para el año que viene...

-Además el candidato Ortega también nos permitirá reírnos de la corrupción, de la que vamos sobrados en España y Argentina.

-En 'Chist' llevamos una escena que va repartida en el espectáculo con dos políticos prototípicos que negocian con un músico para que cambie el himno del país. Y nos habla de la corrupción que, por desgracia, está demasiado presente en nuestros países.

La película de Luis Puenzo

-El humor de Les Luthiers es inconfundible. ¿Cómo se compatibiliza el toque personal con no repetirse?

-Toda la vida nos hemos esforzado en inventar cosas nuevas y llevamos la divisa de que un chiste para ser reidero tiene que ser original. El secreto ha sido trabajar para encontrar caminos nuevos... y en estos 50 años hemos encontrado unos cuantos así que podemos darnos por satisfechos.

-¿Ya no hay nervios en el escenario?

-Nuestras grandes incertidumbres se producen cuando probamos obras nuevas. Y como estrenamos las piezas por separado insertadas en el espectáculo anterior nos hemos llevado grandes sorpresas. Y cosas por las que apostábamos, la gente no reaccionaba. No tenemos una receta y por eso en los estrenos siempre sufrimos.

-En una de sus obras homenajearon a Tip y Coll. ¿De dónde venía esa admiración?

-La primera vez que caímos en España allá por 1974 trabajábamos en el teatro Marquina de Madrid con no mucho éxito. Pero enseguida apareció Coll y nos hicimos muy amigos hasta el punto de que nos llevaba a comer a su casa cada vez que veníamos. Tip y Coll eran dos personalidades fantásticas y no sé si tomamos algo de ellos, pero sí que sintonizamos.

-Y de los humoristas españoles actuales. ¿De quién se siente cerca?

-Tenemos una relación entrañable con El Tricicle y nos sentimos muy afines... pese a que nunca han dicho una palabra de nosotros...

-ja, ja, ja. Es que no son muy habladores.

-Ja, ja. Nos gusta su humor limpio, sano, expresivo e inteligente. Y la última vez que estuvimos en Barcelona, después de mucho prometérnoslo durante años, hicimos un número juntos y fue un placer.

-Llama la atención que nunca hayan protagonizado una película.

-Tuvimos muchas ganas y buenas ofertas allá por los 80. Hasta surgió un proyecto que lo iba a dirigir Luis Puenzo. Trabajamos un año con él, pero finalmente no nos decidimos. Nos sentíamos en un terreno ajeno con muchas variables que no podíamos ni sabíamos manejar.

-Les va el directo. ¿Los aplausos enganchan?

-Sí, siempre nos hemos sentido bichos de escenario. Nuestra carrera está muy basada en la respuesta inmediata del público. Aunque más que el aplauso nuestro termómetro es la risa. En el cine no puedes, filmas la escena y no tienes más oportunidad. Pero en el teatro siempre tenemos la revancha y podemos borrar una escena o cambiar un chiste.

-¿Mientras no falten esas risas seguirá con las botas puestas?

-Los Les Luthiers históricos nos hemos juramentado seguir en el grupo, aunque no depende de nosotros. Pero la voluntad, la tenemos.

-Una curiosidad, ¿esa melena sigue siendo natural?

-Absolutamente. Es de lo poco que me queda natural.

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