«La mayor parte del país aceptó con mansedumbre el franquismo»

Javier Cercas / Juan J. Monzo

El escritor Javier Cercas regresa a la Guerra Civil con 'El monarca de las sombras', que mañana presentará en la Librería Luces

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Han pasado 16 años desde que Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) irrumpiera en la escena literaria con 'Soldados de Salamina', una aproximación a la Guerra Civil española que ahora regresa como telón de fondo de 'El monarca de las sombras' (Random House). El libro relata la historia de Manuel Mena, tío abuelo del autor, soldado franquista caído en la Batalla del Ebro y algo parecido a un héroe familiar. Un relato sobre el que Cercas hablará mañana en la Librería Luces (Alameda Principal, 16; a partir de las 19.30 horas) con el periodista y dramaturgo Pablo Bujalance.

- Cuenta en las primeras páginas de 'El monarca de las sombras' que durante años se esforzó en no escribir la historia de Manuel Mena. ¿Por qué ahora?

- No es que creyera que era el momento, es que antes no habría sabido cómo hacerlo. Esa es la realidad. No sabía si podía o si debía hacerlo. Eso a veces ocurre con los libros, tienen su proceso de maduración. En este caso, este libro he tardado toda la vida en madurarlo y en escribirlo.

- ¿Por qué era tan difícil?

- Uno de los motivos era que se trata de una historia muy íntima, muy personal. El problema siempre es cómo convertir lo particular en universal. Si contase esa historia por sí misma, no sería literatura. La literatura consiste en convertir esa historia mía o familiar, en algo universal. En parte tiene que ver con otra cosa. Este libro no habla de la Guerra Civil, este libro habla de la herencia de violencia con la cual todos cargamos. Esa herencia es muy complicada, porque las familias no cuentan esas historias, quien ha vivido una guerra no suele hablar de esa guerra y ellos tienen el derecho de callarse, pero nosotros tenemos la obligación de saber. ¿Sabe por qué?

- ¿Por qué?

- Porque si sabes en qué consiste tu herencia y la entiendes, puedes manejarla. Si la escondes o no sabes cómo manejarla, ella te controla a ti. Quien no sabe de dónde viene no sabe a dónde va. Saber en qué consiste esa herencia requiere un esfuerzo y una valentía. Cuando nos metemos a averiguar ese herencia de violencia con la que todos cargamos podemos encontrarnos con cosas muy desagradables.

- En su caso, un tío abuelo del bando franquista caído en la batalla del Ebro y convertido en héroe familiar. ¿Es la novela una suerte de expiación personal o familiar?

- No sé si es una expiación. Es un intento de entender mi herencia particular, que es una parte de una herencia colectiva. Entenderla no significa justificarla. En el libro, el que lo lea sin perjuicios y con un mínimo grado de honestidad, no hay ningún tipo de justificación de los errores políticos que cometió mi familia. Cero. Otra cosa es que alguien quiera leer en el libro lo que no hay. Esto ocurre cuando tratas temas tan delicados de una forma que no es convencional, porque para escribir un libro convencional, mejor que no escribir nada. Mi familia fue una familia franquista, el héroe entre comillas, de mi familia, era este. Esta es mi herencia, no puedo cambiarla ni rechazarla. Todos vivimos con nuestra herencia, cargamos con ella, nos guste o no nos guste, y es es uno de los temas centrales del libro: nosotros somos nuestros antepasados. Nuestros antepasados viven en nosotros. Nosotros no somos culpables de lo que hicieron, pero somos responsables, porque también somos beneficiarios de las cosas buenas que hicieron. Por eso necesitamos conocer nuestra herencia, sobre todo la peor herencia, porque si no sabes en qué consiste, ella te maneja a ti y estás preparado para repetirla y no te haces responsable de esa herencia y es indispensable hacerte responsable de esa herencia.

- ¿Conocer la Guerra Civil es la única manera de no repetirla?

- Es la única manera de intentar no repetirla. La única manera de hacer algo con el futuro es tener el pasado siempre presente. La Guerra Civil no se va a repetir en los mismos términos. La Historia se repite siempre, pero con máscaras distintas. Hoy, no en España, sino en Europa y en Occidente, estamos repitiendo muchos de los errores que cometimos en los años 30. Estoy hablando en Occidente, sobre todo, y eso me parece que en el libro es muy evidente. Muchos de los errores que cometió Manuel Mena los estamos cometiendo ahora. No estoy diciendo que se vaya a repetir una Guerra Civil, repito, pero podemos cometer errores parecidos.

- Pero sigue habiendo quien defiende que es mejor no remover el pasado.

- Ese cliché que repite que el pasado ya pasó y que hay que dejarlo estar es de una falsedad comprobable y flagrante. El pasado del que aún hay testigos no es pasado, sino una dimensión del presente, sin el cual el presente no se entiende. Vivimos en esta idea de que el presente es sólo ahora mismo y es falso, el pasado es algo mucho más amplio, abarca el pasado del que hay memoria. Entonces, la guerra no forma parte del pasado, forma parte del presente. Esto que llamamos populismos en Europa no es más que un avatar, una repetición enmascarada, de lo que fueron los fascismos y los totalitarismos de los años 30.

- En el tercer capítulo de su libro pone en boca de David Trueba un vaticinio que se ha cumplido: las críticas a este libro a un lado y otro del espectro ideológico.

- A ver, las críticas... Yo estoy muy contento de cómo ha sido recibido el libro. Que haya gente que lea en ese libro cosas que no existen en él, ese es su problema, no el mío. Un libro como este que habla de la guerra en la medida que es presente, que plantea este problema y no provoca una reacción airada de gente que no quiere leer o que lee lo que le da la gana, pues sería un mal libro. Los escritores somos gente que decimos cosas incómodas, que la gente no quiere escuchar, para decir las cosas que la gente quiere escuchar están los malos políticos.

- ¿Cree que la gente no quiere leer frases como: “Durante el franquismo, mi familia había sido franquista, o por lo menos había aceptado con la misma mansedumbre acrítica con que lo había aceptado la mayor parte del país”?

- Claro. Me parece un ejemplo excelente. De eso hablaba 'El impostor', que fue recibido por muchos con furia por decir cosas como esa, que Franco se murió en la cama. La mayor parte de este país aceptó con mansedumbre el franquismo, unos porque estaban de acuerdo y otros porque, legítimamente, no tuvieron el valor de enfrentarse a él. Y no hay nada que reprocharles, lo único que hay que reprochar es que ahora haya gente que aceptó el franquismo con mansedumbre y que diga que fue antifranquista. Eso es falsear el pasado, la herencia. Esas cosas no gustan, claro que no.

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