MARGINAL

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La señora se acerca al carro del supermercado como un artificiero a un paquete sospechoso. Mide los pasos, calcula con la mirada las probabilidades de riesgo, las vías de escape. Tira del carro el actor José Manuel Laure y revolotea en círculos la actriz Alessandra García mientras invita a los curiosos a asomarse a las maravillas que guarda la estructura metálica con ruedas: 'Matar a Platón' de Chantall Maillard, 'Los himnos abdominales' de Alejandro Simón Partal, 'Sin cobertura' de Sara Herrera... Libros de poesía regalados en un paseo de 12 horas por todos los distritos de la ciudad. Y aquel sábado por la tarde, a la hora del café o de la siesta, el carrito cruza una calle de Palma Palmilla cuando un vecino se aproxima y pregunta:

-¿Cómo es que también habéis venido aquí?

-¡Cómo que 'también'! ¡So-bre to-do tenemos que venir aquí!

Y Alessandra te sonríe, te guiña y te desarma los prejuicios de un plumazo.

Aquella acción urbana servía hace unos meses para anunciar el festival de poesía Irreconciliables, empeñado en reconciliar la poesía con la calle. Irreconciliables pisó las aceras y los estereotipos y ahora vuelve a la memoria frente a otras imágenes de Palma Palmilla, las fotografías tomadas por Marina Reina y por los vecinos de un barrio que arrastra una losa tan dura o más que su propia realidad cotidiana: los prejuicios. «Tenía una idea muy clara de un barrio en el que, paradójicamente, nunca había estado», lo dice la autora como podría decirlo cualquiera que haya oído hablar de ese enjambre de torres color crema con una franja horizontal rojo sangre como un cordón de seguridad visto desde lejos para mantener a raya la esperanza.

Marina Reina firma la exposición 'Palma Palmilla', recién inaugurada en La Térmica como resultado de una indagación personal y social, casi como una metáfora en varios detalles del proyecto. Por ejemplo, Reina quería vincular el presente con el pasado del barrio, fue al Archivo Municipal y sólo encontró dos imágenes antiguas, así que pidió a los vecinos sus propios recuerdos personales, los sacó de sus álbumes familiares y los puso en relación con sus retratos. Y otra metáfora, más sutil, en el catálogo de la exposición, que aquí no es de tapa dura y hojas satinadas como suele. Aquí está hecho en papel de periódico, modesto, recio y volátil como la espuma de los días.

La exposición de Reina presenta a Palma Palmilla sin filtros, orgullosa y herida, combativa y diversa, desconfiada a fuerza de palos, ajenos y también propios. La muestra representa además la culminación de un taller de fotografía que Reina impartió en la biblioteca pública del barrio gracias a una beca de la Obra Social La Caixa. Y con todo este bagaje 'Palma Palmilla' abre en La Térmica un camino que merece la pena seguir explorando, desde la encrucijada entre el arte y la labor social, con la brújula dirigida al entorno cercano.

Palma Palmilla es lo que antes de llamaba un barrio marginal y que ahora el lenguaje biempensante bautiza como una «zona deprimida». Deprimida, humanizando un desamparo que no es fruto de la mala suerte, sino de la desidia y del maltratado institucional aplicados durante décadas. Sucede con Lagunillas, también protagonista estos días de una exposición fotográfica, esta de Paco Negre en las salas del Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia.

Lagunillas destilada en el siglo que contempla al ultramarinos Casa Ceferina y los grafitis de Doger, Lalone y Alfil; en el asador de pollos de Fina, la frutería Keko y la carnicería Crespo; en el comedor social promovido por Curro López y en el recuerdo en un muro, en cada esquina, de Miguel Ángel Chamorro, que ha dejado huérfano a un barrio que no es un barrio y que resiste con orgullo al estrangulamiento que aprieta con una mano desde la especulación privada y, con otra, desde la dejadez pública.

Palma Palmilla y Lagunillas, tan cerca y tan lejos, ahora en dos buenas exposiciones de fotografía. Quizá así, aunque sea por un momento, dejemos de darles la espalda para mirarlas de frente y descubrir que su marginalidad también es obra nuestra.

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