El CAC Málaga cae en la trampa pictórica de Rubén Guerrero

El joven artista sevillano, Rubén Guerrero, en el CAC Málaga./F.J. Acevedo
El joven artista sevillano, Rubén Guerrero, en el CAC Málaga. / F.J. Acevedo

El joven artista sevillano reúne una decena de lienzos cargados de enigmáticos trampantojos

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Jorge Luis Borges tenía una de sus obsesiones recurrentes en la idea, la imagen, del laberinto. Surge en muchos de los relatos y a él dedicó un poema que empieza con el verso “No habrá nunca una puerta. Estás adentro”. Con las pinturas de Rubén Guerrero sucede algo parecido: en algunas hay una puerta, en otras no, en otras puede, pero en todas, siempre, estás dentro. Dentro de lienzos planteados como sugerentes trampantojos, como líneas de sombra en la frontera entre la figuración y la abstracción, entre la mirada y la memoria. Una trampa pictórica en la que ahora cae el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga), que dedica al joven artista sevillano su primera exposición en un museo del país.

La muestra

Título
‘Familias mínimas (rojo, amarillo y azul)’.
Artista
Rubén Guerrero (Utrera, Sevilla, 1976).
Lugar
CAC Málaga. C/ Alemania, s/n.
Fecha
Hasta el 28 de enero de 2018.
Horario
De martes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas.
Entrada
Gratuita

Guerrero (Utrera, Sevilla, 1976) reúne en el CAC Málaga hasta el próximo 28 de enero una decena de lienzos realizados durante los últimos tres años en el montaje titulado ‘Familias mínimas (rojo, amarillo y azul)’. El propio artista aludía esta mañana a esas “familias” como a las tres “direcciones” esenciales hacia las que se dirige su obra. La primera tiene que ver con las “estructuras pseudoarquitectónicas” que están en el origen de sus creaciones, ya que Guerrero suele elaborar maquetas en tres dimensiones a modo de bocetos que acaban desapareciendo -aunque nunca del todo- a lo largo del proceso creativo.

La segunda familia tiene que ver con los “pliegues” de los que se sirve el autor para “ocultar” algunas de sus estrategias formales. De este modo, esos dobleces quedan como “metáforas de los testigos que van quedando en la pintura”. Y la tercera familia vendría de la mano de los muros que surgen en sus pinturas, “elementos herméticos que ofrecen fisuras donde puedes intuir lo que hay detrás”, en palabras de Guerrero.

Ese mirar a lo que hay detrás, ese juego de ocultación y sugerencia, marca la pauta estética y conceptual en la obra de Guerrero. “Hacer pensar sobre la propia pintura” sería, en boca del propio autor, el eje central de su obra. Un trabajo cruzado, como ha explicado Guerrero, por el recurso técnico de la ‘trompe-l'œil’ (trampa del ojo) que siembra en el espectador la duda sobre la perspectiva, sobre la propia posibilidad ‘real’ de lo que está observando.

Estrategias sobre las que se ha detenido esta mañana el director del CAC Málaga y comisario de la muestra, Fernando Francés, para glosar una obra que “muestra algo para ocultar otra cosa”. Francés se ha referido a la pintura de Guerrero “realista pero abstracta, evidente pero misteriosa” para presentar sus cuadros como invitaciones a entrar en “historias ocultas” que dejan entrever sus composiciones a partir de ‘pistas’ como la presencia, evidente o latente, de puertas.

Y sin salir de la imagen de la puerta, Francés ha destacado la capacidad de Guerrero para “abrir algunas puertas muy opacas, otras muy sutiles, hacia el mundo de la pintura”. Un juego de espejos y referencias donde surgen ecos evidentes de la pintura flamenca, que el artista sevillano resuelve, en palabras de Francés, “sin juegos historicistas”.

Porque Guerrero no tiende sus trampas como “un ejercicio narcisista”; muy al contrario, las sirve como una suerte de sereno campo de batalla, la suya, entre la figuración y la abstracción, entre lo sugerido y lo contado. Y así el conflicto íntimo se traslada al espectador, perdido ante sus cuadros en un laberinto del que no le apetece salir.

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