La ternura de los amores monstruosos, según Martín Garzo

Martín Garzo posa para una entrevista. /Mitxel Atrio
Martín Garzo posa para una entrevista. / Mitxel Atrio

«Nos definen nuestros secretos, la zona tenebrosa que todos tenemos», asegura el escritor

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Todas mis novelas son un poco oscuras, como lo son los cuentos de hadas». Lo reconoce Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948), que en su nueva fábula -'La ofrenda' (Galaxia Gutenberg)-, da una vuelta de tuerca al mito de 'La Bella y la Bestia'. El monstruo es aquí una criatura acuática, un hombre-pez que quedará fascinado por la muchacha a la que ve nadar, Pilar Ayala, la enfermera protagonista, que ha cruzado el mundo huyendo de de sí misma para aceptar un trabajo, para cuidar a una anciana en una remota isla al sur de Madagascar y cumplir su destino iluminando las simas de su alma.

«Es una fábula oscura, gozosa y sensual, llevada al mundo real», explica el autor de esta exploración emocional que se adentra en la «zona oscura» de la protagonista. Ese inasible y recóndito espacio, «el reino oculto que todos los humanos tenemos». El territorio que exploran casi todas la novelas de Martín Garzo, que ahora busca la médula de unos amores tiernos y monstruosos.

«Nos definen nuestros secretos. La literatura es la exploración de esa zona tenebrosa que no conocemos bien, de lo inefable, de lo que no acertamos a verbalizar», asegura. «Un mundo oculto, esa zona maldita que los espejos no pueden reflejar, que encierra nuestros deseos, sueños, pulsiones, lo que quisimos y no pudimos ser y los peligros de nuestra oscura sexualidad», asegura el escritor.

«No quiero que la literatura me cuente lo que ya sé. Debe entrar en lo desconocido, en ese cuarto prohibido de Barbazul, en todos esos cuartos cerrados, y dar respuestas a los sueños, a los deseos y la dudas», plantea el autor de 'La princesa manca'. «La escritura es una forma de despertar todo lo que permanece dormido en nosotros», sostiene el autor de 'El lenguaje de las fuentes' -Premio Nacional de Narrativa en 1993- y 'Las historias de Marta y Fernando' -Premio Nadal en 1999-.

En la misteriosa mansión a la que llega la joven enfermera, con un inmenso jardín plagado de piscinas y canales, hay algo oculto. Descubrirá que en el agua habita una extraña criatura y comprenderá que la anciana que le ha contratado espera que tras su muerte se quede en la isla para ocuparse de ella. «Es el encuentro de dos soledades, de dos supervivientes incómodos en el mundo y que comparten su desamparo», resume el autor. «El lector debe averiguar quién se ofrece a quién», dice.

Del deseo al amor

Su gran preocupación ha sido «hacer creíble este cuento de monstruos; que la fábula encajara en el mudo real». «Lo esencial de la literatura es lograr la verosimilitud y era difícil hacerlo en un contexto realista», explica. Admite que 'La ofrenda' es una versión de un tema eterno, «sobre la fascinación por un ser que parece monstruoso», y «sobre lo que ocurre cuando aparece la responsabilidad de amarlo, cuando la joven se transforma en la guardiana del monstruo». «Pasa lo mismo en 'King Kong' o en 'La mujer pantera' -recuerda Martín Garzo, psicólogo de profesión-, cuando se pasa del mundo del deseo a mundo del amor».

«Es la historia de una doble fascinación, del hombre-pez por la muchacha y de la chica por la bestia», dice un Martín Garzo, que siempre quiso «saber qué pasa cuando la bestia secuestra a la bella». «Todos somos monstruos. Son una metáfora de nuestro corazón, pleno de deseos incumplidos, deformes, torpes», aduce. A él le interesan los «afligidos y desvalidos, los monstruos que saben renunciar a sus deseos y su fuerza destructora». «Como los niños a los que encantan los monstruos, son seres anómalos, con frustraciones y deseos insatisfechos, que no saben qué hacen en el mundo y no comprenden a los adultos y que necesitan de nuestro amor», dice el autor de 'El jardín dorado' o 'Dónde estás'.

'La ofrenda' se inspira en cuatro relatos de Kafka y en dos «perturbadoras» obras de Pascal Quignard - 'Vida secreta' y 'Butes'- . Pero sobre todo, en un clásico del cine de serie B, 'La mujer y el monstruo', una olvidada película de Jack Arnold, la misma que ha inspirado a Guillermo del Toro, «por uno de esos azares inexplicables», para su elogiada 'La forma del agua', premiada en Venecia y aspirante al Oscar. Una película que impresionó a Martín Garzo en la infancia «y que desde entonce rondaba mi cabeza».

Para Martín Garzo, el mito de 'La Bella y la Bestia' sigue teniendo intacto su carácter simbólico. Lamenta que los excesos de la corrección política lo etiqueten de machista. «Es un disparate decir, como leí hace poco, que nos han vendido la historia de un maltratador como una historia de amor. Una cosa es lo sociológico y otra lo simbólico», subraya.

Destaca cómo en la novela de Cocteau «también se explora el deseo femenino, mucho más insondable y oscuro que el masculino». Y acaba recordando una frase de Marguerite Duras para justificar el protagonismo femenino de su novela: «Es verdad que el hombre es mucho más infantil que la mujer, pero en la mujer hay más infancia: está más cerca de la noche, de los sueños, del deseo, de los niños y la naturaleza». «Hay más honestidad y más verdad en la mujer que en el hombre», concluye.

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