La poesía reivindica un lugar propio

Cerca de 200 personas acudieron al recital de Benjamín Prado, que repasó tres décadas de obra poética. /Migue Fernández
Cerca de 200 personas acudieron al recital de Benjamín Prado, que repasó tres décadas de obra poética. / Migue Fernández

El espacio SUR de La Noche de los Libros demuestra el tirón de un género históricamente considerado menor

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Alberti le aconsejó que, alcanzada cierta edad, no se convirtiera en uno de esos poetas cascarrabias que acaban mascullando que los jóvenes no saben escribir o que en literatura cualquier tiempo pasado fue mejor. Y basta una conversación con Benjamín Prado para saber que ha grabado a fuego cada una de las lecciones aprendidas del genio gaditano. También esa. Ayer se rodeó de autores de entre veinte y cuarenta años para inaugurar el espacio Poesía SUR de La Noche de los Libros, programado en colaboración con este diario. El autor madrileño repasó su obra poética, recopilada recientemente en 'Acuerdo verbal', con versos que se remontan a los ochenta, cuando publicó su primer libro, 'Un caso sencillo'. Durante el recital, ante cerca de 200 personas que abarrotaron la sala, Prado leyó poemas como el dedicado al su añorado Ángel González («Si me ve melancólico, / se enfada; / dice que la tristeza es de cobardes; / que el equilibrio sólo lo merece / quien sabe negociar con la caída»).

Dice Prado que escribir un poema es como adivinar en qué mano está la moneda. No hay forma de acertar siempre: «Si le cogiera el truco habría que dejar de jugar. Sería como pasarse un juego de la Play, o a lo que sea que jueguen ahora». Entre el autor de 'Cobijo contra la tormenta' y Ángelo Néstore, el poeta más joven de los que intervinieron ayer en La Térmica, media un cuarto de siglo. El año en que Néstore nació, Prado publicaba su primer poemario. ¿Qué ha cambiado desde entonces? «Hemos erradicado el exceso de solemnidad para limpiar el lenguaje poético de los tópicos a los que estaba sujeto. Parecía que había que escribir la palabra crepúsculo cada tres versos», explica antes de advertir de que en los últimos años ha percibido «un regreso a la cursilería», a versos vacíos pero brillantes como un diamante falso: «Es lo único reprochable a la poesía actual. Hay que luchar contra ello».

Cientos de personas abarrotan los recitales de Benjamín Prado, Elena Medel, David Leo y Ángelo Néstore y la actuación de Violeta Niebla y Luz Prado

La poesía, históricamente considerada la hermana pequeña de la literatura, reivindica un espacio cada vez más protagónico. Lo encontró en Internet, que derribó las barreras editoriales y abrió una puerta trasera a la publicación mediante blogs y portales digitales. Aquello permitió «democratizar la poesía», como cuenta Violeta Niebla, que hace dos años editó su primer libro de poemas, 'No serás mi baby' («cuando no puedo más me tomo un relajante muscular / como si la tristeza fuera un músculo que se queda dormido»). La artista malagueña, que se acerca a aquel poemario «como quien abre un álbum de fotografías antiguas», actuó en La Noche de los Libros junto a la violinista Luz Prado, con quien desde hace meses colabora en espectáculos marcados por su carácter experimental: «Los recitales y conciertos al uso no nos aportan el riesgo ni la tensión de las improvisaciones».

Elena Medel leyó poemas propios y de otras autoras.
Elena Medel leyó poemas propios y de otras autoras. / Migue Fernández

También las redes sociales se han zambullido en la poesía hasta el punto de convertir algunos versos en carne de Instagram, una situación que ha provocado la salivación de buena parte del mercado editorial, consciente de que los libros publicados por 'influencers' pueden disparar sus reducidas ventas. «Ser poeta se está convirtiendo en algo 'cool' que hace gente guapa», ironiza Néstore, que realizó una lectura comentada de sus dos libros, 'Adán o nada' y 'Actos impuros', donde ha volcado su experiencia «como hijo criado en el patriarcado y como padre frustrado». Nacido en Italia pero afincado en Málaga desde hace casi una década, escribe en español («Yo soy de esa clase de amigos / que siempre pide otra ronda en los bares») y cuestiona conceptos como la masculinidad: «Mi madre quería llevarme a lugares que no me pertenecían, desde la ropa hasta recordarme que era el único hombre de la casa. Ella lo hacía con ternura, pero a mí me espantaba».

Mucho antes que de museos, Málaga es ciudad de poetas. Desde Altolaguirre, Prados y su mítica revista Litoral, la tradición lírica resulta abrumadora. «Aquí hay poetas para abastecer a todo el país», vuelve a bromear Néstore. Uno de los más populares es David Leo García, que ganó el premio Hiperión con solo diecisiete años por 'Urbi et orbi', distinción que compartió con Ben Clark, otra de las voces más poderosas de su generación. Cerca de mil personas compraron el debut de Leo en la poesía, una minucia comparada con los tres millones de personas que lo vieron ganar Pasapalabra. El poeta malagueño, autor también de 'Dime qué' («Entra en el mundo. Vámonos de mí, / no me mires ya más, piensa en el mundo, / es un incendio largo donde caben / promesas, travesuras, / las frases que decimos convencidos / y no llegan a oírse, la mezclada / respiración de dos enfermos») hizo de los concursos en televisión un oficio que culminó con un bote de casi dos millones de euros en el programa de Telecinco. Él lo considera una especie de ajuste de cuentas poético, la venganza de la inteligencia frente al espectáculo televisivo.

«En Málaga hay poetas para abastecer a todo el país», bromea Néstore, autor de 'Actos impuros'

Más precoz si cabe que David Leo fue Elena Medel, que publicó su debut poético, 'Mi primer bikini' («Por merecer la más bella envoltura rezo cada noche. / Por ser la vencedora en la batalla diaria de Zara») con dieciséis años. Desde entonces ha escrito otros poemarios como 'Chatterton' («Pensé en mi edad y pensé en vosotros y pensé / que nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío en el cajón / de la fruta que se pudre»), además de ensayos y relatos. Ha fundado la editorial La Bella Varsovia, que prepara sus ediciones con mimo de orfebre, y ayer desempolvó poemas propios y de otras autoras. Como Virginia Woolf, Medel dejó claro que la poesía merece una habitación propia.

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