«Nunca había mostrado tanto de mis zonas secretas. Espero no arrepentirme»

El escritor donostiarra Fernando Aramburu publica después de 'Patria' un íntimo autorretrato. :: / DAVID FERNÁNDEZ / EFE
El escritor donostiarra Fernando Aramburu publica después de 'Patria' un íntimo autorretrato. :: / DAVID FERNÁNDEZ / EFE

Fernando Aramburu EscritorLlega a las librerías 'Autorretrato sin mí', la obra más íntima y personal del autor de 'Patria', a medio camino entre la prosa y la poesía

ROBERTO HERRERO SAN SEBASTIÁN.

A lo largo de 61 textos cortos, Aramburu crea un mapa personal repleto de pequeñas y profundas confesiones sobre el oficio de vivir. Con emoción y alta literatura, repasa sus experiencias vitales más íntimas, haciéndolas al mismo tiempo cercanas al lector, que posiblemente se vea reflejado en muchos pasajes del libro.

-¿Publicar tras 'Patria' asusta?

-En absoluto. 'Patria' me ha apartado del escritorio, pero en el escritorio manda el escritor. 'Patria' ya tuvo su hora y su éxito. Toca ocuparse de otros proyectos, cada de uno de los cuales merece la misma atención.

-¿Se ha sentido de alguna forma zarandeado por el éxito?

-Un poco sí. No voy a ocultarlo. Rebasada cierta medida, el éxito tiene ingredientes de trastorno. Pero hay cosas peores que las incesantes llamadas telefónicas o la circunstancia de que a uno lo reconozcan y le hablen por la calle. Me tengo prohibida la queja.

-¿Dónde estaba durante la escritura del autorretrato sin usted?

-Hay poca labor de escritorio en el 'Autorretrato'. Sin exagerar, el noventa por cierto del libro fue escrito fuera de casa, en aviones, en las salas de espera de aeropuertos, en habitaciones de hotel, siempre en lugares inhabituales que invitaban al monólogo silencioso. Así pues, el libro no fue resultado del trabajo rutinario y punto menos que oficinesco que suele exigir la redacción de una novela, sino de una suma de momentos intensos esparcidos a lo largo de no me acuerdo cuántos años.

-Prosa y poesía se unen. ¿Hubo disputa entre ambas formas literarias?

-Hubo acuerdo. Dejé la poesía hace años al mismo tiempo que ella me dejó a mí. Para decir la verdad, en todos estos años nos hemos estado viendo a escondidas. Somos como dos viejos amantes unidos en la resignación. Ella acepta que yo no cuente sílabas ni coloque los acentos en los lugares previstos por la convención métrica, y yo meto un pie y a veces los dos en territorio lírico.

-Buena parte de los relatos están, a veces directamente, relacionados con la idea de la desaparición propia y ajena.

-Es que a pesar de tantos siglos de pensamiento, de verdades reveladas y de literatura, uno sigue sin saber a ciencia cierta qué puñetas hacemos en la vida. Entonces uno vuelve a plantearse la pregunta a la manera del primer hombre e inevitablemente se topa con las sombras de siempre: el paso del tiempo, la pérdida de la juventud, el fin inevitable. Uno pone en textos su particular experiencia de lo vivido y no tarda en comprender que dicha experiencia se asemeja a la de todos.

-El niño que fue asalta una y otra vez el 'autorretrato' desde una infancia feliz y dura al mismo tiempo. Parece un guía que hoy le lleva de la mano.

-El niño está en mí y estará hasta el último día. Lo envuelvo como las sucesivas capas de cebolla al núcleo interno. Fui feliz en el sentido de que gocé de salud, recibí afecto, lo pasé bien, me alimentaron y me cuidaron debidamente. Recordar el niño que fui renueva mi amor por quienes me acompañaron en mis primeros pasos por la vida.

Hombre solitario

-Hay otro hilo en esta su fotografía más personal, la soledad: «Ahora, con la añoranza expuesta a las inclemencias del otoño, casi no salgo de mi soledad».

-Soy un hombre solitario. No hay más que mirar lo mucho que he escrito. Se escribe a solas. Si uno es autor de muchas páginas es que estuvo mucho tiempo solo. Me gusta la soledad siempre y cuando yo la domine a ella y no al revés. Reconozco que permito a pocas personas entrar en el espacio de mi privacidad. Me habría gustado ser más sociable, pero fui desde joven incapaz de abrirme de par en par. Lo he intentado con el 'Autorretrato sin mí'. Nunca había mostrado tanto de mis zonas secretas. Espero no arrepentirme.

-¿Hasta qué punto el pudor le ha podido frenar a la hora de retratarse de manera tan personal?

-Por ese flanco me tiene usted más cogido. Me cuesta confesarme. De niño, cuando me confesaba con el párroco, lo pasaba fatal. Y eso que el 'Autorretrato' contiene páginas en las que me desnudo como nunca antes en mi literatura. Pero sí, el pudor es un muro que no siempre me atrevo a escalar.

-El humor, del que opina que es «el antídoto del dogmatismo», forma una fina capa sobre los textos. ¿Es también un antídoto contra uno mismo? ¿Cuanto mayor es su reconocimiento literario más humor a la caldera?

-El humor, en el 'Autorretrato', está muy dosificado. Me lo pidió la poesía. Es una de las principales condiciones que me impuso. Por eso, el humor sólo asoma aquí o allá como pincelada de ternura o para recordarme, por si lo hubiera olvidado, que soy un simple hombre, un hombre sin importancia.

-¿Qué imagen se van a llevar los lectores de su 'selfie' literario?

-No hay dos lectores iguales. Dejemos que quienes se tomen la molestia de leer mi libro saquen sus propias conclusiones.

-¿'Autorretrato sin mí' es su patria más íntima?

-Cambiemos patria por dimensión, verdad personal, espacio interior, y responderé que sí.

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