El mundo según William T. Vollmann

William T. Vollmann reúne en ‘El Atlas’ crónicas escritas en diversos países del mundo. /Mark Murrmann
William T. Vollmann reúne en ‘El Atlas’ crónicas escritas en diversos países del mundo. / Mark Murrmann

Pálido Fuego publica ‘El Atlas’ a partir de crónicas del aclamado escritor norteamericano

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Desde su llegada a Sarajevo sentía una punzada en la nuca, constante y cálida, similar a la sensación que te persigue cuando piensas que alguien te mira sin que tú lo veas, sólo que su sospecha colocaba al espectador oculto detrás de la mirilla telescópica de un fusil escondido. Al final recibió el impacto, justo donde creía, de un hueso de melocotón. Fue al salir de la morgue del Hospital de Kosevo, donde vio cuerpos abiertos y a un niño muerto con la cabeza bamboleándose como un muñeco roto. Tenía demasiado miedo y demasiado asco para llorar. Fue otra mañana, a la salida de la única panadería de la ciudad, cuando se le inundaron los ojos de lágrimas. La gente hacía cola en la calle y dentro la falta de luz, de agua y de gasolina vaticinaba que al día siguiente no habría nada que comer.

La primera historia se titula ‘En el cogote’ y la segunda, ‘Último día en la panadería’. Ambas se miran como si estuvieran a ambos lados de un espejo entre las páginas de ‘El Atlas’, porque William T. Vollmann planteó este imponente conjunto de crónicas periodísticas como un artefacto literario organizado a partir de la estructura de un palíndromo (esas palabras que pueden leerse igual de izquierda a derecha que en el sentido contrario). Y así, ‘El Atlas’ ofrece 26 textos, deja en el centro la crónica que la título al libro y luego brinda otros 26 relatos, a modo de continuación en sentido inverso de los anteriores, al tiempo que cada pieza es autónoma.

La editorial malagueña lanzará el día 22 un volumen de textos entrelazados hasta componer la estructura de un palíndromo

Ahora ‘El Atlas’ llega por primera vez al lector en español de la mano de la editorial malagueña Pálido Fuego, que el próximo día 22 entregará a las librerías esta nueva muestra del torrente creativo y periodístico de Vollmann, desplegado en esta ocasión en las páginas de publicaciones como ‘The New Yorker’, ‘Esquire’ y ‘Granta’ en reportajes que le llevaron por medio mundo. «Lo que tienes entre las manos no es más, pues, que un atlas fragmentario del mundo en el que yo pienso», avanza el autor en las primeras páginas que viajan de Afganistán a Capri, de Belgrado al Nilo, de Madagascar a Myanmar.

El atlas

Autor
William T. Vollmann.
Editorial
Pálido Fuego
Páginas
576 páginas
Precio
24,90 euros. Apartir del 22 de enero en librerías y ya en preventa en www.palidofuego.com.

‘El Atlas’ se mueve entre la crónica y el realismo mágico, entre el vendaval descriptivo y la pincelada lírica. Y así, Vollmann escribe de la Terminal Grand Central de Nueva York para volar hasta «el fajín de flores de latón que cruzaba el vientre del techo» y bajar al suelo para dar cuenta de los «pantalones negros arrugados, piernas morenas desnudas, rodillas despiadadas, faldas y vaqueros, monos de trabajo henchidos de testículos flotantes...».

Tercera entrega

«Vollmann le saca un jugo extraordinario a sus experiencias, nunca se limita a los hechos, sino que siempre mete aportaciones de cosecha propia. Al final, pese a su estilo tan marcado, esos textos acaban publicados en revistas de gran prestigio, pero también de una extraordinaria difusión», desgrana José Luis Amores, editor de Pálido Fuego, que con ‘El Atlas’ brinda el tercer libro inédito en español del escritor norteamericano después de haber dado a la imprenta ‘Historias del Arcoíris’ (2013) y ‘La familia real’ (2016), ambos casi agotados.

Como sucedía en aquellas ocasiones, Vollmann apenas se esfuerza en disimular sus propias obsesiones, sus miedos y sus zonas más oscuras. Ahí están textos como ‘Encarnaciones del asesino’ y ‘Rojo y azul’ para dar cuenta de sus inquietantes aproximaciones al sexo y la violencia. Narrador, observador, conversador, Wollmann ofrece en ‘El Atlas’ un recital narrativo, aunque no le dé mucha importancia: «Si lo utilizaras como un libro de almohada, leyéndolo en ningún orden especial, saltándote las narraciones que te parezcan tediosas, dormitando entre mis soporíferos párrafos, consideraría que por fin habría hecho tanto bien en el mundo como los fabricantes de nuestros jarabes de codeína más letárgicos».

Y estamos en plena temporada alta de gripe.

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