Monika Zgustova, poesía y la amistad en tiempos del Gulag

Monika Zgustova, ayer en el Museo Ruso, flanqueada por Antonio Soler e Ignacio Jáuregui. /Ñito Salas
Monika Zgustova, ayer en el Museo Ruso, flanqueada por Antonio Soler e Ignacio Jáuregui. / Ñito Salas

La escritora checa presenta en el Museo Ruso ‘Vestidas para un baile en la nieve’, que recoge los testimonios de nueve mujeres víctimas de los campos de trabajo

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

A menudo las detenciones se producían de noche, en cualquier fiesta o reunión social. Así exhibía el estalinismo los resortes más oscuros de su poder. Por eso muchas de las acusadas eran conducidas a los campos de trabajo vestidas de gala. Esa imagen inspiró a la escritora checa Monika Zgustova, afincada en España desde los años ochenta, para escribir ‘Vestidas para un baile en la nieve’, que recoge los testimonios de nueve víctimas, todas mujeres, del Gulag. Cualquier gesto o hecho casual (una carta, una frase, un vínculo familiar o la sospecha de un vecino) servía como excusa para que la dictadura desplegara sus terribles tentáculos. Y entonces ni siquiera había tiempo para coger el abrigo; el baile quedaba condenado a la nieve, allí donde resulta imposible encadenar dos pasos.

Zgustova, también periodista y traductora, narra el drama de aquellos campos rusos de trabajos forzados, abriendo a las mujeres un relato casi siempre escrito en masculino. Ayer, introducida por el escritor malagueño Antonio Soler, presentó su libro de testimonios en el Espacio Cero de la Colección del Museo Ruso. La escritora, nacida en Praga, comenzó a recabar testimonios sin la pretensión de condensarlos en un libro: «Estuve en una reunión de exprisioneras del Gulag y empecé a contactar con algunas de ellas por curiosidad, porque me interesaba saber cómo eran las condiciones de vida, pero después de hablar con dos de ellas me di cuenta de que era una lástima guardarse esas historias».

Del sistema soviético de trabajos forzados, como un árbol podrido pero resistente, surgían ramificaciones terribles; las detenciones, los campos de castigo, los prisioneros políticos, los interrogatorios, el transporte en vehículos de ganado, la destrucción de familias, las insoportables condiciones físicas o las muertes prematuras eran los retales con que el Estado tejía su distorsionado sentido de la justicia. Tras reunirse con las víctimas en Moscú, Londres y París, Zgustova aprendió que «puede sobrevivirse incluso a lo más terrible». Tal vez por eso su libro esconde un hueco de luz: «Las apartaron, las sometieron a las peores condiciones que pueden imaginarse, pero ellas inventaban poemas y los recitaban o eran capaces de observar la belleza del paisaje. La cultura las dignificó frente a la humillación del Gulag».

«La cultura las dignificó frente a la humillación y el drama del Gulag», explica Zgustova

Quienes no encontraron ese salvoconducto, explica Zgustova, «vivieron mucho peor y en muchos casos no soportaron aquellos campos de exterminio». Aunque inicialmente se topó con ciertas reticencias, las nueve mujeres entrevistadas por la escritora checa «tenían ganas de que ese horror se conociera fuera de Rusia, porque tienen la sensación de que se ha pasado página». ‘Vestidas para un baile en la nieve’ salda demás una deuda histórica; desde que Aleksandr Solzhenitsyn escribiera ‘Archipiélago Gulag’ se han publicado diversos testimonios y estudios que han ido completando el retrato de lo que fue el mayor sistema de campos de trabajo forzado de la historia de la humanidad, pero han sido sorprendentemente pocos los textos que han tratado la historia de las mujeres en el Gulag, como si ellas hubieran tenido un papel residual en los campos y en la brutal represión del régimen estalinista. Nada más lejos de la realidad; entre las víctimas de aquella barbarie figuran mujeres como Natalia Gorbanévskaya, a quien Joan Baez le dedicó una canción, o Ariadna Efron, hija de la poeta Marina Tsvietáieva y que escribió en una carta a Boris Pasternak: «Vivo en una tristeza sin expectativas».

Zgustova traza el retrato de estas nueve mujeres (científicas, actrices, maestras, matemáticas, poetas) y su tiempo en los campos de trabajo pero también su regreso a la vida cotidiana. El libro resulta también, por paradójico que parezca, un canto a la amistad y la poesía, elementos fundamentales para entender la supervivencia de estas mujeres.

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