María Dueñas: «Al lector es imposible pegársela»

María Dueñas. /Archivo
María Dueñas. / Archivo

«No es lo mismo emigrar con un iPhone y un máster que con un hatillo», dice la escritora, que recrea el sueño americano de la 'Little Spain' en 'Las hijas del Capitán'

MIGUEL LORENCINueva York

«Al lector no hay quien se la pegue». Lo dice María Dueñas (Puertollano, Ciudad Real 1964), que regresa decidida seducir de nuevo a miles y miles de lectores en con 'Las hijas del Capitán' (Planeta). Es su cuarta novela y, otra vez, un tributo a esas mujeres «capaces de hallar su lugar en el mundo cuando los vientos soplan en contra». Tras vender seis millones de copias de sus tres primeras ficciones, no le paralizan ni la vorágine del éxito ni el miedo a un improbable fracaso. Dueñas presentó su novela en los escenarios de Nueva York en los que discurre esta epopeya de mujeres emigrantes fajadas con el mundo y arropada por algunos de sus descendientes. Antigua profesora universitaria, la podredumbre del mundo académico español desvelada por el caso Cifuentes tiene a la escritora «avergonzada y anonadada».

Ha armado un relato sobre el arrojo de tres hermanas malagueñas decididas a sobrevivir en el Manhattan castigado por la Gran Depresión. Es su homenaje «a todos aquellos frágiles seres empujados por la necesidad hacia la aventura de la emigración, a menudo épica y casi siempre incierta,». A unos emigrantes sin formación ni medios, que lo tuvieron hace un siglo mucho más difícil que los jóvenes cualificados que hoy abandonan España. «No es lo mismo echase al mundo con un iPhone, un máster, una Visa, hablando idiomas y con papá y mamá al quite, que hacerlo con un hatillo. Con una mano delante y otra detrás», dice. Aquella España y la de hoy generan emigrantes, «pero el país y su emigrantes están a años luz».

Narra Dueñas las tribulaciones y anhelos de la amplia colonia española que recaló en Nueva York durante las primeras décadas del siglo XX en busca del sueño americano. Un colectivo en torno a las 30.000 personas concentrado en la olvidada 'Little Spain', un enclave muy concreto de la Gran Manzana, la calle 14 Oeste, entre la Séptima y la Octava avenidas, con hitos como la Iglesia de Guadalupe, 'La Nacional', el club español más antiguo en EEUU creado en 1868. Bares como 'El Coruña', 'La Bilbaína', o el 'Café Madrid' donde olía a cocido y aceite de oliva. También librerías españolas y comercios textiles al gusto ibérico. Un tiempo en el que 'La Revoltosa' o 'Luisa Fernanda' se alternaban con coplas y tangos en los garitos del Downtown y en los que Paulino Uzcudun era la estrella de los combates de Madison Square Garden.

Supervivientes

Unos enclaves que Dueñas recorrió en la presentación con esta historia de «supervivientes», en la que se cruzan «pasiones y tensiones». Su epicentro es una pequeña casa de comidas, 'El Capitán'. La muerte accidental de su dueño, el malagueño Emilio Arenas, obligará a sus hijas veinteañeras, -la hermosa Victoria, la resolutiva Mona y la talentosa Luz- a asumir las riendas del negocio. Abatidas pero acosadas por la urgente necesidad de sobrevivir, se abrirán paso entre rascacielos, pasiones, adversarios y la ilusión de transformar el modesto local en un club nocturno.

Las hermanas Arenas se cruzarán en su camino con personajes históricos que pululaban por aquel bullicioso y duro Manhattan de clubes y gánsteres. Figuras como el músico Xavier Cugat, que se había codeado con Gardel y Margarita Cansino -Rita Hayworth- o el verdadero conde de Covadonga, Alfonso de Borbón y Battenberg, pretendiente al trono de España y expríncipe de Asturias que acababa de renunciar a sus derechos por casarse con una hermosa cubana.

El boca oreja convirtió en un exitazo 'El tiempo entre costuras' (2009), la primera novela de la entonces profesora de Filología Inglesa. Un bombazo que amplificó la televisión con la serie homónima producida por Antena 3. Dueñas publicó después 'Misión Olvido' (2012) y 'La templanza' (2015), protagonizada por un hombre de la que también habrá serie. Traducida a una treintena de idiomas y con millones de lectores en todo el mundo, la presión del éxito no incomoda ni paraliza a esta autora alejada del tópico del escritor «sufriente».

«El éxito no me da ningún vértigo. No ha sido nunca un lastre ni una presión negativa. Lejos de paralizarme, me estimula. Me da energía y fuerza para seguir haciéndolo bien. No hace que me conforme. Trato de ser seria con el lector, al que es imposible pegársela. Me someto a su juicio y trato de ganármelo página a página, dándole lo mejor de mí y sabiendo que no hay quien le engañe», diagnostica.

Profesora de Filología Inglesa en la universidad de Murcia, durante dos décadas, contempla «con mucha vergüenza» la situación de podredumbre mundo académico en España, que desvela casos como el de Cristina Cifuentes. «Lo que estamos viendo es una vergüenza, muy lamentable y un ejemplo nefasto». «Que las universidades tengan este comportamiento dice muy poco de nuestra sociedad. Estoy anonadada y avergonzada por estas historias», confiesa.

'La hijas del Capitán' pide también ser traducida a imágenes, pero Dueñas afirma que eso no deja «que me condicione»». «Pongo distancia. No pienso en imágenes y no contemplo mis historias en otra dimensión que no sea la de la novela», precisa. Con cada nueva aventura «construyo un estado mental que no me distraiga de la narración, ni me aparte del escenario de que se que voy a disfrutar un larga temporada, como esta Nueva York de los años treinta», dice de una ciudad que ha visitado más de una docena de veces en los dos últimos años «para crear ese paisaje mental». «No tengo nada que ver con el escritor sufriente. Si fuera así, me dedicaría a otra cosa», concluye.

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