Luis Sepúlveda: «En Chile se impuso la amnesia como razón de Estado»

MIGUEL LORENCI MADRID.

«Contar bien una buena historia es la única obligación del escritor; no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos». Lo dice Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949), escritor chileno afincado en Gijón que resucita a su 'alter ego', Juan Belmonte, para «hacer memoria» y combatir «a quienes defienden la amnesia como razón de Estado, como se quiso hacer en Chile». Lo hace con un relato que recorre las alcantarillas del poder, la política, la diplomacia y la historia del siglo XX.

Para su novela 'Nombre de torero' creó en 1994 a este antiguo activista e infalible francotirador, guerrillero en Bolivia y Nicaragua, escolta de Salvador Allende formado en la URSS y la RDA. «Ahora es más duro y más pragmático», dice el escritor, que rescata a un crepuscular y desencantado Belmonte para protagonizar 'El fin de la historia' (Tusquets).

Es una intriga policíaca que atraviesa el siglo XX, de la Rusia de Trotsky al Chile de Pinochet, e indaga en las terribles consecuencias de la tortura.

Regresa a la realidad chilena que marcó su vida y su generación. Parte de un hecho real, la demanda de liberación de uno de los más crueles asesinos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), el genocida Miguel Krassnoff. «Condenado a más de mil años de cárcel por crímenes de lesa humanidad, preso en una cárcel chilena, una delegación de Rusia y Ucrania pidió en 2005 su liberación con el folclórico argumento que era el último atamán, el gran jefe de los cosacos», explica el narrador.

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