Luis Antonio de Villena: «Nunca fui un trepa»

Luis Antonio de Villena/FRANCIS SILVA
Luis Antonio de Villena / FRANCIS SILVA

El poeta presenta en Málaga la segunda entrega de sus memorias, ‘Dorados días de sol y noche’, en la que retrata su etapa más «brillante»

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Hay entrevistas que nunca deberían terminar. Por el personaje, por lo que cuenta, por como lo cuenta, por el clima de la conversación... Todo eso derrochó ayer el poeta Luis Antonio de Villena (Madrid, 1961) que pasó por Málaga para presentar ‘Dorados días de sol y noche’ y se detuvo con SUR para hablar de este segundo tomo de sus memorias. Cerca de 500 páginas en las que desnuda su vida y su obra «mucho más allá de la época de la movida», avanza, ya que recorre desde 1974 a 1996. Y también mucho más allá de Madrid, deteniéndose en otros escenarios fundamentales de su geografía literaria y vital, como la Costa del Sol. Una época «brillante» en la que el escritor se convirtió «en el prototipo del poeta –reconoce– después de ganar el premio de la Crítica de 1981» con ‘Huir del Invierno’. «Me iba tan bien que incluso dejé pasar oportunidades. Nunca fui un trepa», confesó ayer el escritor en una charla previa a la presentación de su obra en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia, junto a los poetas José Infante y Ángelo Néstore.

'Dorados Días de Sol y Noche'

Luis Antonio de Villena. Memorias
Pre-Textos. 486 páginas. España. 2017
Precio: 32 euros

Entre esas oportunidades que De Villena dejó escapar cita la oferta como jefe de Cultura del periódico ‘El Mundo’. «Ahora me parece disparatada, pero entonces me iba a obligar a madrugar que puede parecer el colmo de la frivolidad, pero no me lo parecía porque yo vivía de noche, me levantaba a mediodía y trabajaba por la tarde», explica Luis Antonio de Villena, que admite que llevaba una vida «promiscua». «Y aunque me parecía que buscaba el amor, mi verdadera búsqueda era la belleza», relata el poeta, novelista, ensayista y traductor, que lamenta que esa noche madrileña poblada de actores, farándula y periodistas ya no existe. «Ahora sales a tomar algo y a la una ya te están poniendo la factura porque van a cerrar», expone de manera gráfica.

Aunque De Villena tiene diarios escritos de la época, no ha querido hacer uso de ellos en ‘Dorados días de sol y noche’ y ha recurrido exclusivamente a sus recuerdos. «No quería contarlo desde el presente como es un diario, sino que este libro es una incursión en el pasado y eso es la memoria», explica el poeta que añade que el «grado de ficción es mínimo porque todo lo que cuento es la verdad de mi vida».

El libro se detiene en su paso por la Costa del Sol y su relación con el fallecido García Baena

Una vida, con sus noches, por la pasan numerosos personajes y colegas, como Francisco Brines, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, Juan Benet, María Asquerino, Rosa Chacel –de la que habla ampliamente–, Carlos Bousoño, Paco Nieva, Martín Gaite o Fernando Savater. De este último, narra su relación con la también escritora Lourdes Ortiz, con la que «parecía una pareja irrompible», aunque finalmente se produjo una dolorosa ruptura. «El propio Savater no lo narró en sus memorias y sé que hubiera preferido que no lo contara, pero ya que lo he hecho él es lo suficientemente inteligente, valioso y amigo para que no le importe», asegura Luis Antonio de Villena.

De su paso por Málaga, el escritor lo asocia fundamentalmente a dos poetas: Rafael Pérez Estrada y Pablo García Baena. Del primero asegura que en su libro de memorias «hablo menos de lo que debería, pero me he dado cuenta después, ha sido involuntario», mientras que del segundo confiesa que todavía está «paralizado» por su inesperada muerte el pasado domingo. «He escrito mucho sobre su obra y sobre él, pero cuando el domingo me pidieron una obituario, me sentí incapaz de escribir», reconoce el poeta madrileño, que no se olvida de la imagen de García Baena en la tienda de antigüedades El Baúl de Torremolinos.

«Yo iba allí por Pablo y recuerdo que en el año 80 la Costa del Sol todavía conservaba esa magia cosmopolita de los años 60», reconoce Luis Antonio de Villena, que rememora sus salidas con García Baena «a ligar» o sus viajes poéticos, como el que los llevó a la antigua Yugoslavia. El miembro de Cántico había dejado Córdoba y había encontrado en Málaga un reconocimiento que se le negaba en su tierra. «No obstante, en los 80 todavía era un desconocido a nivel nacional, pero entonces el Duque de Alba, Jesús Aguirre, descubrió su poesía y se enamoró de ella», recuerda De Villena, que señala al aristócrata sevillano como el gran valedor del escritor cordobés. En 1984, Pablo García Baena recibía el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. En el jurado estaban Rosa Chacel, Jaime Gil de Biedma, Jorge Semprún, Mario Vargas Llosa... y el Duque de Alba.

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