José María Merino reúne en un volumen las reflexiones de su alterego, el profesor Souto

MIGUEL LORENCI

Madrid. «Si perdemos la palabra lo perdemos todo y desaparecemos como especie». Lo asegura José María Merino (La Coruña, 1941) escritor y académico que lamenta ver cómo «la literatura y las humanidades son hoy las cenicientas del sistema educativo». Merino reúne en 'Aventuras e invenciones del profesor Souto' (Páginas de Espuma) todos los escritos y reflexiones en torno a este personaje quijotesco.

Son cuentos, microcuentos y una novela corta protagonizada por un lingüista que tiene tanto de alter ego como de doble del narrador, con quien comparte inquietudes y preocupaciones. Lo evidencia en unos textos en los que se habla de micronaciones, de soberanías de bolsillo, de un país llamado Minilandia con capital en Nanópolis y que conectan con una candente realidad ante la que Merino y Souto toman posición. «Lo que persiguen los separatistas catalanes pertenece a una tradición tan española como es la concepción de la vida como sueño», asegura.

«Hay una tradición triste en este asunto: la primera Constitución, la del 12, se la cargó el rey felón. La del 31 se la cargó Franco. Y lo que está pasando en Cataluña es otro golpe contra la Constitución, y sin Constitución no vamos a ningún sitio», diagnostica Merino sobre un problema que no tiene ni tendrá una solución fácil. «Va ser como una larga enfermedad que nos va a dañar durante mucho tiempo», vaticina. «Si se quiere cambiar el país tiene que ser a través de la Constitución. Y hay posibilidad de hacerlo, pero si damos un golpe contra la Constitución volvemos a esa tradición tan nuestra de la vida como sueño», insiste.

Distingue Merino «claramente» la ficción «de una realidad que no necesita ser verosímil, al contrario que la literatura, que debe ser verosímil y hacer creíble un cuento sobre vampiros». Una realidad que se torna «rarísima» y que le lleva a preguntarse «si en una novela nos creeríamos lo que está pasando: que vuelvan a salir misiles que pasan por encima de Japón o lo que vivimos en nuestro país con la propuesta de secesión en Cataluña».

«La lengua es una víctima de las nuevas tecnologías», asegura el académico y narrador que no utiliza ni Twitter ni WhatsApp, que tiene una relación «extraña» con internet y que se queda estupefacto ante las patadas al léxico, la gramática y la ortografía que inundan la red. «Todo está en internet, pero es un mundo lleno de limitaciones; lo que supuestamente amplía la comunicación reduce su complejidad», dice. «Mi nieto me manda barbaridades por correo y mensajes electrónicos escritos en un argot ininteligible» agrega risueño este guardián de la lengua en la RAE que se negó a la aceptación de 'iros' por 'idos'. La Academia no hace el lenguaje», advierte. «Es como el antiguo Icona de las palabras y tiene que aceptar pájaros y especies exóticas e invasoras.

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