John Julius Norwich recorre en su nuevo libro la historia de los pontífices

ÁLVARO SOTO MADRID.

Durante aproximadamente seis siglos, desde el año 900hasta el 1500, los papas recién nombrados tenían que someterse a una extraña ceremonia llamada 'chaise percée'. Se sentaban en una silla que tenía un agujero en el asiento y un joven clérigo introducía su mano y palpaba sus testículos para confirmar que el elegido era un varón. «¡Tiene testículos!», gritaba el cura, y el resto de los clérigos presentes respondía: «¡Alabado sea Dios!». La culpa de la existencia de semejante humillación la tuvo la papisa Juana, una libertina mujer que alrededor del año 855 consiguió, con pérfidos métodos, ser elegida Papa y cuya mentira acaba cuando se queda embarazada de uno de sus numerosos amantes.

Aunque en realidad, parece que las cosas sucedieron de otra manera. Probablemente Juana nunca existió, pero su caso fue utilizado para debilitar a la Iglesia en los tiempos de la reforma de Lutero. De cualquier manera, su ficción se ha convertido en un curioso episodio que ahora recupera el prestigioso historiador británico John Julius Norwich (Oldham, 1929) en su nuevo libro, 'Los Papas. Una historia' (Reino de Redonda), que recorre las peripecias de los pontífices que han marcado los pasos de la Iglesia católica y que desde el prólogo, escrito por Antony Beevor, yerno del autor, rezuma exactitud, erudición e ironía, características de la imponente escuela anglosajona de historiadores.

«Ser Papa es un trabajo imposible», zanja Norwich cuando se le pregunta por qué, en su opinión, la mayoría de los obispos de Roma han sido desastrosos. Asesinatos, traiciones, corrupción, nepotismo, licencias morales... Todo eso ha visto el Vaticano desde que San Pedro se convirtió en la piedra sobre la que Cristo edificó su Iglesia. San Pedro, que, por cierto, estaba casado (Jesús cura a su suegra en Cafarnaúm, según relatan los Evangelios), un hecho que hace al autor cuestionarse el celibato de los sacerdotes. «No creo que exista una buena razón por la que los curas no se puedan casar, y hay muchas para que puedan hacerlo. En la Iglesia ortodoxa lo hacen. No casarse es algo innatural, y la prueba son los numerosos casos de pederastia que sufre la Iglesia, la mayoría en escuelas católicas. Junto con el control de la natalidad, el celibato del clero es el gran problema al que Francisco debe hacer frente. Y no creo que lo esté haciendo», cuenta Norwich.

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