Javier Sierra: «El dogma es lo peor»

El escritor Javier Sierra./
El escritor Javier Sierra.

Javier Sierra Escritor. «En la palabra reside la fuerza de nuestra civilización», dice el autor de ‘El fuego invisible’, novela ganadora del Planeta

MIGUEL LORENCI

David Salas, joven profesor de Lingüística del Trinity College en Dublín, viaja a Madrid en extrañas circunstancias, y allí se verá envuelto en una intriga criminal, en una misteriosa conspiración que derivará en un azaroso viaje en pos del Santo Grial. Así se inicia ‘El fuego invisible’, la novela que ha convertido a Javier Sierra (Teruel, 1971) en el sexagésimo sexto ganador del premio Planeta. Una aventura narrativa para resolver el origen de una palabra, ‘grial’, que cambió la historia de Occidente en el siglo XII y que parte de un pregunta troncal: ¿De donde vienen las ideas? «Trato de resolver este arcano», anticipa Sierra, que combate «los dogmas con las palabras».

Dedica la novela a los escritores. ¿Por qué?

–Se centra en el poder de las palabras. Si algo he descubierto en estos años escribiendo es que es la fuerza creativa de nuestra civilización reside en la palabra. Que debemos cuidarla. Y que en el uso de la palabra radica la bondad y la maldad. Me gustaría que la novela estimulara a nuevos narradores, ya sea con imágenes, con textos o con voz.

¿Qué es el fuego invisible?

–La capacidad de crear. Esa llama está que está dentro de todos, por más que algunos la tengan apagada. En algunos es sublime, destructiva en otros. Bondad o maldad encarnadas en la palabra. Quiero despertar ese fuego que está dentro de cada lector, que permite crear mundos y al que Doris Lessing aludió en su discurso del Nobel. Dijo que el origen de toda literatura se ancla en la noche de los tiempos, cuando los primeros sapiens se contaban historias en torno al fuego. Que la narración configura ese espíritu de la civilización.

Somos lo que somos porque contamos, capaces de crear o destruir con la palabra. ¿Es eso lo que plantea?

–En efecto. Y lo vemos estos días. La situación en España se resolverá cuando construyamos un relato positivo y aceptable por todos. Nuestro propósito colectivo debería ser crecer y superarlo. ¿Quién construirá ese relato? Ha de ser alguien con mucho talento. ¿Son nuestros políticos buenos constructores de relatos? Me temo que no, que se lo tienen que hacer mirar.

¿Qué combate Javier Sierra con las palabras?

–El dogma. Es lo peor. El cáncer de nuestra sociedad. Lo ha sido siempre. Aferrarse a una idea blindada, cerrada. El dogma nos lleva a las guerras, al distanciamiento y a la confrontación. Mi lucha en todos los niveles siempre ha sido contra el dogma.

¿Algo que hacer frente a los dogmáticos y la intransigencia?

–Perseverar. Si no quieren bajarse del burro y ver lo maravilloso que es abrir la mente y enriquecerse a otras cosas, eso me apena. El dogma y los dogmáticos me producen lástima.

Recibe el Planeta en un momento muy tenso. ¿Algún mensaje para los generadores de esa tensión?

–Cuando los creadores de esta tensa situación hagan crítica literaria yo criticaré lo que ellos hacen. Cuando a Alicia Alonso, grandísima dama cubana del ballet, le preguntaron por la política de Cuba, dijo que cuando el comandante hablara de zapatillas de puntas y ballet ella hablaría de política.

¿Qué papel juega el grial en su novela?

–Es un arquetipo. Todo el mundo cree saber lo que es y casi nadie lo sabe. Creemos saberlo todo y somos unos maravillosos ignorantes. Ofrezco una visión diferente del ‘grial’, palabra que apareció en el siglo XII en una novela inacabada de Chrétien de Troyes, donde no se dice que sea el grial de Cristo ni la copa de Jesús. Se habla de un objeto que emana una potente luz. No hablo del grial leonés, sino del valenciano, el que se encontraba en el monasterio de San Juan de la Peña, y que Martín el Humano llevó primero a Zaragoza, luego a Barcelona y finalmente a Valencia.

¿Una novela puede hacer mejor el mundo?

–Sí. Solo el arte es inmortal. Es lo único inmortal que todos los humanos somos capaces de fabricar. Lo único que trasciende. Si ese arte es un relato, es eterno. No está anclado a un soporte. Va de mente en mente.

Sierra, Reverte, Zafón. ¿Un orgullo estar en el trío de ases internacionales de nuestra literatura?

–Es mágico y prodigioso. Cuando viajo a países de lenguas que desconozco pienso en el poder de la palabra, que es el tema de esta novela. Una palabra bien dicha con la potencia adecuada y en el momento adecuado no conoce límites. Descubrir esos descubrir el verdadero grial.

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