Adiós a García Baena, el poeta del culto a la palabra

García Baena, una de las voces más destacadas la poesía española, fue uno de los fundadores de Cántico./Sur
García Baena, una de las voces más destacadas la poesía española, fue uno de los fundadores de Cántico. / Sur

Fallece a los 94 años Pablo García Baena, fundador de la revista y grupo Cántico y premio Príncipe de Asturias

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Solía decir que la poesía «es misterio y precisión». Por eso la voz de Pablo García Baena enmudecía durante años y luego resurgía con el esplendor de siempre, que en su caso era un esplendor distinto en cada poema. Ayer esa voz, una de las más sugerentes de la lírica española, se apagó a los 94 años en su Córdoba natal. El poeta andaluz, fundador de la revista y el grupo Cántico, que estableció un vínculo imprescindible entre la Generación del 27 y los autores de la posguerra, murió en el Hospital de la Cruz Roja tras haber sido ingresado por complicaciones respiratorias. La sensualidad y profundidad de su lenguaje constituye una lección estética desplegada con brillantez en títulos como ‘Antiguo muchacho’, ‘Rumor oculto’, ‘Junio’ o ‘Antes que el tiempo acabe’.

El autor de ‘Rumor oculto’, una de las voces más sugerentes de la lírica española y último vínculo con la Generación del 27, muere en su Córdoba natal

García Baena abordó temas universales como el olvido, la muerte o el desengaño amoroso desde una compleja combinación entre rigor técnico y sensibilidad. Convencido de que «hasta los contenedores rodeados de gaviotas pueden ser bellos», el poeta cordobés aunó tradición barroca y modernidad. Nacido el 29 de junio de 1923, juntó sus primeras letras en la escuela pública López Diéguez, donde actualmente una inscripción le rinde homenaje. En su adolescencia leyó a San Juan de la Cruz y comenzó a frecuentar la biblioteca provincial, donde conoció al también poeta Juan Bernier, puerta de entrada a las obras de, entre otros, Marcel Proust, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas o Jorge Guillén, aunque el autor que más influyó en García Baena fue Luis Cernuda, cuyo compromiso y sentido de la ética hizo propios.

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Empezó a publicar poemas y dibujos en la prensa local bajo el seudónimo Luis de Cárdenas. Por entonces ya mantenía amistad con el pintor Ginés Liébana y había adaptado al teatro varios poemas de San Juan de la Cruz. En 1947 fundó la revista Cántico, una de las publicaciones más importantes de la posguerra, junto a Ricardo Molina, Julio Aumente, Mario López, Miguel del Moral y los propios Bernier y Liébana. Este grupo de artistas, que reivindicaba mayor exigencia formal y estética, enlazaba con los autores del 27 y sería conocido como Grupo Cántico. Su poesía sensual y vitalista influyó en diversos artistas posteriores y sirvió como puente intergeneracional.

García Baena nunca entendió la poesía como una ocupación, algo que dio pie a largos silencios entre sus obras. Uno de los más prolongados tuvo lugar entre 1958, cuando publicó ‘Óleo’ y 1971, año en que se editó ‘Almoneda’. Dedicó aquellos años a viajar por la Costa Azul francesa, la Riviera italiana, Florencia, Milán, Venecia, Roma, Nápoles, Capri, Atenas, El Cairo, Nueva York, Florida, Alejandría o Delfos, entre otros destinos que influirían en sus poemas posteriores. En los años sesenta fijó su residencia en Torremolinos, donde abrió una tienda de antigüedades, y luego se trasladó a Benalmádena. Allí siguió trabajando como anticuario hasta 2004, cuando regresó a Córdoba.

Una estrecha vinculación con Málaga y sus poetas

Varios artistas malagueños organizaron un acto para rendir homenaje a García Baena en 1971. Aquella iniciativa, liderada por José Infante, supuso el regreso del poeta andaluz a la escritura tras más de una década de silencio. A Infante, que ayer confesaba sentirse «definitivamente huérfano», le dedicó el poema ‘Como el árbol dorado sueña la hoja verde’, que incluye el verso «Terror a despertar con el último vino». El autor cordobés mantuvo desde los años sesenta una estrecha relación con Málaga. Fijó su residencia en la Costa del Sol, primero en Torremolinos y después en Benalmádena, entre 1965 y 2004, casi cuatro décadas que le permitieron forjar amistad con poetas como Manuel Alcántara, María Victoria Atencia o Antonio Jiménez Millán. En ‘Cándido’ escribió versos que hoy ponen palabras a la despedida: «Así un día te fuiste y los perros / ladraron a tu muerte entre la niebla, / entre el olvido, pájaro de lágrimas».

Con su fallecimiento se apaga la última voz viva de Cántico, revista cuyas publicaciones se prolongaron entre 1947 y 1957. Acababa de ser nombrado Autor del año 2018 por el Centro Andaluz de las Letras (CAL), una distinción que, con su habitual sorna, reconocía hace escasas semanas como «una exageración». En noviembre, como una premonición, ironizó sobre este reconocimiento: «Como ya son tantos los años, tal vez piensan que el año que viene no podrá ser y han escogido éste deprisa y corriendo». El CAL, una entidad de la que fue director, definía a García Baena como «uno de los autores fundamentales de la literatura andaluza del siglo XX por su profunda renovación de la lírica andaluza a partir de su propia tradición poética, en la que el barroco dialoga con la modernidad».

Premios

Entre los numerosos reconocimientos a su obra poética y literaria, García Baena recibió el premio Príncipe de Asturias en 1984, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana o el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. Además, fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía en 1988 y Premio Andalucía de las Letras en 1992. También se le otorgó las Medallas de Oro de la Ciudad de Córdoba y la de Málaga, provincia en la que pasó gran parte de su vida. Entre los últimos reconocimientos que obtuvo el poeta andaluz destacan el II Premio Fundación Fernando Quiñones (2002) o el Premio Especial del Ojo Crítico, de Radio Nacional de España (2006). En 2007 se creó en su nombre el Premio de Poesía Joven García Baena como homenaje al autor y para reconocer a jóvenes poetas.

En 2001, el Instituto Cervantes de Nueva York y la Universidad Barnard College presentaron el octavo volumen de la colección Ciudad del Paraíso, una recopilación de los trabajos del poeta bajo el título ‘Recogimiento (Poesía 1940-2000)’. García Baena vivía rodeado de libros, cuadros, antigüedades e imágenes religiosas. Las referencias a ritos y procesiones andaluzas resultan constantes en su obra, con un evidente acento gongorino, una voz genuina y poderosa que, aunque ya callada, perdurará en poemas como ‘Pinar de la piedra’: «Yo espero confiado que tu inicial escrita en la piedra callada / vuelva a hablarme en la noche con tu voz, / con la voz del agua en el venero, / de ese agua que rompe su líquido alabastro / en el silencio verde de las hierbas».

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