Una fiesta cultural de libro

Trece librerías y otras tantas editoriales presentaron sus propuestas en La Térmica./Migue Fernández
Trece librerías y otras tantas editoriales presentaron sus propuestas en La Térmica. / Migue Fernández

La Térmica consolida su festival literario como una cita de referencia para los amantes de las letras

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La ciudad ha encontrado una cita con hechuras de convertirse en la horma de su zapato cultural. Un festival concentrado en el tiempo y el espacio, gratuito y noctámbulo, enraizado en una disciplina pero abierto a otras y con una vocación de transversalidad capaz de seducir a un público diverso, desde la ambición intelectual hasta los superventas sin complejos. Porque la cuarta edición de La Noche de los Libros celebrada ayer en La Térmica brindaba la selecta presencia de todo un Premio Goncourt (Jean Echenoz) y el flamenco salvaje del Niño de Elche, los talleres infantiles sobre Frankenstein y la reflexión afilada de Eloy Fernández-Porta, las confidencias de María Kodama como compañera de Jorge Luis Borges y sesiones de microteatro, los jóvenes poetas y el penúltimo fenómeno editorial. Y así, en el centro de la Diputación Provincial se fueron mezclando desde media tarde y hasta la madrugada las familias y los 'hipsters', los intelectuales redomados y los amantes del 'best seller', los meros curiosos y los cazadores de selectas rarezas librescas en un festival literario convertido ya en referencia para los amantes de las letras.

La cuarta Noche de los Libros ofrecía varias novedades significativas respecto a la edición anterior. El año pasado los expositores de las librerías y de las editoriales se distribuían por el pasillo transversal del antiguo Centro Cívico y el escenario central de los encuentros con escritores se mudaba al Auditorio Edgar Neville por culpa de la lluvia. El resultado fue una velada animada, pero también bulliciosa, por momentos incómoda, con largas colas para asistir a algunas de las citas del programa y el tránsito más que complicado, sobre todo en las primeras horas de la cita. Anoche las librerías ocuparon el salón central de La Térmica, las editoriales se distribuyeron en un pabellón lateral y los coloquios que encabezaban el cartel se celebraron al aire libre, como los conciertos. De este modo, la experiencia se hizo más relajada y cómoda. Eso sí, cuando empezó a refrescar, vino a la memoria aquello del 40 de mayo durante los últimos encuentros al aire libre.

El fenómeno Javier Castillo

Claro que la tarde todavía invitaba al cielo abierto cuando el malagueño Javier Castillo abría el programa de La Noche de los Libros para hablar de su novela 'El día que se perdió el amor', que va camino de superar los 100.000 ejemplares vendidos de la anterior 'El día que se perdió la cordura'. «No creo que estemos ante un 'boom' de la novela negra, que sea una moda efímera, creo que va a seguir muchos años porque interesa a muchísima gente», compartía el escritor súper ventas.

«La novela negra va a seguir muchos años porque interesa a muchísima gente» Javier Castillo, Escritor

Castillo se bajaba del escenario y provocaba una fila de lectores esperando una dedicatoria que cruzaba toda la sala de los libreros. «¿Me has hecho ya la foto?», preguntaba a su madre Esther Gálvez después de retratarse con el escritor malagueño. «Lo empecé a seguir en YouTube y después vi los buenos comentarios sobre sus libros, así que los compré y me encantan», compartía esta estudiante de 13 años que también cultiva su vocación literaria. «Escribo poesía y tengo una novela empezada», ofrecía con entusiasmo ante la atenta mirada de su madre, María José.

Arriba, el malagueño Javier Castillo abrió el programa. Abajo, Eloy Fernández-Porta y Juan Francisco Ferré; y María Kodama y Juan Manuel Bonet. / Migue Fernández

Las familias volvían a protagonizar La Noche de los Libros cuando aún era de día. Nubes de algodón y chucherías convivían con los talleres infantiles dedicados a 'Frankenstein' por el segundo centenario de su alumbramiento por parte de Mary Shelley. «¡Mamá, mira! ¡Tengo la cara verde!», gritaba Pedro Gámez a su madre, Rocío, después de que los monitores lo maquillaran como al monstruo de la novela.

«Si tuviera que salvar un sólo libro de Borges, sería 'Las ruinas circulares'» María Kodama, Viuda de Jorge Luis Borges

«Los cuentos de Frankenstein están saliendo mucho, aunque los reyes siguen siendo 'El monstruo de colores', la serie de Isadora y, por supuesto, 'El principito'», detallaba Cristina Puche, al pie del mostrador del puesto de Prometeo y Proteo instalado en la zona infantil.

Al otro lado de la vidriera, en el interior, las editoriales mostraban sus propuestas. Desde Segovia repetía La Uña Rota con uno de los catálogos más exquisitos de la velada. «Siempre es muy interesante participar en este tipo de festivales, porque te permite reunir la colección de la editorial y ofrecer una panorámica de lo que haces», planteaba Carlos Bueno, de La Uña Rota. Junto a él, desde la editorial Delirio, el también poeta Ben Clark añadía: «La experiencia del año pasado fue muy buena y esta año va por el mismo camino. El público de esta cita es muy libresco y eso se agradece mucho».

Públicos diversos

Cuando aún no había declinado la tarde, el editor malagueño José Luis Amores, del sello Pálido Fuego, clavaba un vaticinio: «En las primeras horas vienen las familias. A eso de las nueve, el público cambia y se animan las ventas». Dicho y hecho. Mientras tanto, el concierto de Niño de Elche se convertía en cita ineludible para los modernos del lugar y en una de las propuestas más concurridas de la jornada. Se escuchaba al «exflamenco» desde las sillas frente al escenario central que acogía un desangelado encuentro con Jean Echenoz. El autor de 'Me voy' reflexionaba: «Uno no puede escribir con la idea de gustar al público. Al escribir uno debe obedecer a sus propias exigencias».

Niño de Elche ofreció un concurrido recital.
Niño de Elche ofreció un concurrido recital. / Migue Fernández

Antes de Echenoz habían conversado sobre el escenario al aire libre María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, y el director del Instituto Cervantes Juan Manuel Bonet. «Si tuviera que salvar un sólo libro de Borges, sería 'Las ruinas circulares'», confesaba Kodama, protagonista junto al autor de 'El Aleph' de la exposición fotográfica inaugurada en el centro de la Diputación con motivo de La Noche de los Libros.

«Uno no puede escribir con la idea de gustar al público. Al escribir uno debe obedecer a sus propias exigencias» Jean Echenoz, Escritor

Los cochecitos de bebé se cruzaban en la puerta de La Térmica con las parejas jóvenes, los grupos de treintañeros y las pandillas de mediana edad. Cambiaba el paisaje humano de la velada y un puesto de comida prometía camperos con pan de Yunquera. La sala de los libreros tomaba pulso («Las ventas están siendo muy parecidas a las del año pasado», calculaba José Antonio Ruiz, de la Librería Luces, al filo de las once de la noche) y la música sonaba en los jardines exteriores.

Jean Echenoz, durante su intervención.
Jean Echenoz, durante su intervención. / Migue Fernández

La excusa de la cultura, comida, la familia, los amigos y una noche de primavera al aire libre. La horma de nuestro zapato.

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