Fernando Iwasaki gana el Premio Málaga de Ensayo con una obra sobre «las orillas del español»

El escritor Fernando Iwasaki, en el centro, junto al alcalde de Málaga, la concejala de Cultura y miembros del jurado./SUR
El escritor Fernando Iwasaki, en el centro, junto al alcalde de Málaga, la concejala de Cultura y miembros del jurado. / SUR

«He tratado de rendirle un homenaje a las hablas que habitan en mí», ofrece el autor peruano afincado en Sevilla

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Cada vez que regresa a Perú le comentan que ya habla como un español. Llegó a este lado del charco allá por 1985 y, sin embargo, de este lado nunca le preguntan de qué parte de la piel de toro procede. Esa disonancia le hizo pensar y prendió la mecha de los textos que luego reunió en ‘Las palabras primas’, la obra sobre “las orillas del español” que le ha valido a Fernando Iwasaki la novena edición del Premio Málaga de Ensayo anunciada esta mañana.

He tratado de rendirle un homenaje a las hablas que habitan en mí”, ha compartido esta mañana Iwasaki, que contiene multitudes de hablas en su biografía: la peruana, la latinoamericana, la española, la japonesa de sus ancestros que pudo ser y no fue, la andaluza... “Me considero un hablante entre todos estos caminos. Soy un hispanohablante en esa encrucijada”, ofrecía Iwasaki (Lima, 1961). “Soy un hispanohablante raro”, concedía, casi a modo de resumen, el escritor en la rueda de prensa que servía para anunciar un galardón que cuenta con una dotación económica de 6.000 euros y con la publicación de la obra por parte de la selecta editorial Páginas de Espuma.

Autor de más de una veintena de libros, la trayectoria de Iwasaki brinda títulos luminosos como la novela ‘El libro del mal amor’ (2001); ensayos como ‘El descubrimiento de España’ (1996) y ‘Mi poncho es un kimono flamenco’ (2005); aunque donde quizá más haya brillado su prosa haya sido en los relatos que ha reunido en títulos como ‘Ajuar funerario’ (2004), ‘Helarte de amar’ (2006) y ‘España, aparta de mí estos premios’ (2009), por citar los más recientes en este género.

Los tres últimos han visto la luz, justo, de la mano de Páginas de Espuma, cuyo editor, Juan Casamayor, ha reivindicado esta mañana el “acelerón” que el nombre de Iwasaki supone para el Premio Málaga de Ensayo, dada la “proyección literaria y académica” del escritor a ambos lados del Atlántico.

Ya los títulos de sus libros ofrecen una pista evidente sobre uno de los rasgos esenciales en la obra de Iwasaki: el humor. Una seña de identidad que también ha destacado el jurado del Premio Málaga de Ensayo en su decisión tomada por unanimidad y glosada en el fallo de la siguiente manera: “Este ensayo, escrito con un estilo personal y con inteligentes destellos de humor, reúne una miscelánea de textos con el hilo conductor de la lengua española en una y otra orilla atlántica oscilando entre el Siglo de Oro y los actuales usos del idioma”.

Además, la escritora Espido Freire ha querido destacar “el entusiasmo que ha despertado en el propio jurado tanto la obra como el nombre del ganador”. Un jurado del que ha actuado como portavoz y que también ha contado con la participación del filósofo Javier Gomá, la historiadora del arte Estrella de Diego, el escritor Alfredo Taján y el editor Juan Casamayor.

Todos ellos se decantaron por una obra que Iwasaki ha presentado como «una reflexión sobre las palabras, sobre los sentimientos que conllevan las palabras y sobre la memoria y las imágenes que conllevan esas palabras». Relaciones que Iwasaki vislumbra para los vocablos al modo de los matemáticos, de ahí el título del ensayo. «¿Por qué no pueden ser primas como los números?», se preguntaba en voz alta el escritor.

Y puestos a hacerse preguntas sobre el idioma, Iwasaki también se ha detenido en el papel de la Real Academia: «No es una institución que tenga que velar por la corrección política de las palabras, tiene que recoger la manera de hablar de una sociedad. Si los mexicanos consiguieron que el verbo ‘cantinflear’ esté en la norma, tenemos que tratar de proponer ‘fistro’. Si ha habido alguien que ha dotado de un vocabulario divertido y maravilloso a los españoles, ha sido un malagueños». Sea, por la gloria de Chiquito de la Calzada.

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