El explorador del agua

Tristan Gooley./
Tristan Gooley.

El aventurero británico Tristan Gooley invita a observar de una nueva manera el líquido elemento en el libro 'Cómo leer el agua'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Si alguna vez ven a un tipo agachado en el suelo mirando detenidamente un charco, no se asusten: puede que se trate del naturalista y aventurero británico Tristan Gooley, la única persona en el mundo que ha cruzado el Atlántico tanto por aire como por mar y un enamorado del líquido elemento. Tanto que acaba de publicar en España su libro 'Cómo leer el agua' (Ático de los libros), un manual para entender la información que ofrecen los mares, los lagos e incluso los aparentemente inútiles charcos. «Pero un charco nos dice mucho. Su posición en el camino nos puede ayudar a orientarnos», señala.

«El agua es una fuente de fascinación para mí», explica Gooley. Lo es desde que tenía ocho años y en unas vacaciones que estaba haciendo con su familia en una embarcación, sus padres les dejaron a él y a su hermana elegir el rumbo del barco. «Ahí descubrí que me gustaba aventurarme y elegir y decidí que iba a dedicarme a esto», asegura. No le valía ser un simple observador, sino que quería lanzarse a conquistar lugares que resultaban inhóspitos al ser humano. Ha escalado montañas en Europa, África y Asia, ha volado en avioneta sobre el Ártico, se ha lanzado en paracaídas desde un rascacielos de Australia y ha viajado por los desiertos con los tuareg, los beduinos y los dayak.

Después de todas esas aventuras concluye que el agua es el «oro azul» y que el ser humano está minusvalorándola y desperdiciándola. «Estamos gastando decenas de miles de litros y necesitamos solo unos pocos para vivir», asevera. «No somos consciente de lo importante que es, especialmente, el agua dulce. Y lo es no solo en España, o en lugares como Ciudad del Cabo, donde han anunciado su restricción total, sino también en zonas que pensamos que son más húmedas. Por ejemplo, en Reino Unido ya se está hablando de llevar agua desde Escocia hasta el Sur», subraya Gooley, que aunque afirma que no es un experto en el cambio climático, sí que opina que durante mucho tiempo el hombre ha hecho las cosas mal respecto a la naturaleza, «aunque parece que ahora está empezando a rectificar».

Este explorador se pone en la piel de Cristóbal Colón, que cinco siglos antes que él también cruzó el Atlántico por mar, en una época en la que se creía que el océano acababa en una cascada y había monstruos que atacaban las embarcaciones. «No puedo ni imaginar el miedo que tuvieron que pasar en aquella expedición», bromea. Eso sí, destaca que sus aventureros favoritos no son los del tipo Indiana Jones. «Prefiero a los que entienden y ayudan a entender el papel del hombre y de la naturaleza, como los biólogos marinos. Su trabajo contribuye a la conservación y nos lleva hasta las siguientes fronteras. El mundo es mejor gracias a ellos», añade.

En su libro, Gooley abre los ojos al lector sobre la capacidad de diferentes culturas de aprehenderse de un conocimiento profundo del agua. Así, un nativo de la Polinesia sabe cómo interpretar los lagos, igual que un vikingo sabía leer el mar, o cómo se puede predecir el tiempo por el sentido de las olas o qué significa el cambiante color del agua en diferentes ocasiones.

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