«España tiene una ocasión única para reflexionar sobre sí misma»

El filósofo francés François Jullien./Óscar Chamorro
El filósofo francés François Jullien. / Óscar Chamorro

«Si los castellanos y los catalanes se siguen peleando, acabaremos siendo esclavos de China», afirma el filósofo francés François Jullien

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Pensar que, por ejemplo, la baguette, el queso y el vino conforman la identidad cultural francesa es «una tontería». 'La identidad cultural no existe', cree el filósofo y sinólogo francés François Jullien, que ha titulado así su nuevo libro, publicado por Taurus y que presentó este martes en Madrid. Jullien, de 65 años, uno de los pensadores más respetados del país galo, no ve sentido a las reivindicaciones identitarias que buscan ahondar las diferencias.

-Las banderas, los himnos... ¿Se convierten en el refugio de quienes niegan su responsabilidad como ciudadanos?

-Debemos distinguir entre la identidad del sujeto y la identidad cultural. Yo tengo una identidad como sujeto desde mi nacimiento hasta mi muerte. Pero no existe una identidad cultural porque la cultura ni nace ni muere. Las culturas están disponibles para que los sujetos, con su identidad personal, puedan desarrollarse a través de sus recursos culturales, que no es lo mismo. La identidad cultural solo se puede definir con clichés, estereotipos, imágenes fijas, pero claro, tiene una función ideológica para crear adhesiones. La cultura no es el refugio de la identidad, sino el conjunto de actividades y de recursos que permiten el desarrollo del sujeto. Y esos recursos deben estar disponibles para quienes los quieran explorar y explotar.

-Pero los ciudadanos cada vez más abdican de su responsabilidad individual para echarle la culpa a otros: al Estado, a las empresas...

-La culpa es compartida. Un ciudadano tiene la responsabilidad de distinguir entre lo democrático y lo demagógico. Pero también está el papel del estado, al que le resulta más fácil movilizar las emociones negativas que atraer la inteligencia. Es más costoso poner a trabajar la inteligencia.

-Para desarrollar la responsabilidad individual es básica la educación...

-La educación tiene la función de hacer que los ciudadanos puedan acceder a los recursos. No poseerlos, sino acceder a ellos. Y ahí hay algo que debe emanar del Estado, que es la educación. El primer recurso es la lengua y actualmente, existe una renuncia a un uso desarrollado de la lengua. La clase política francesa utiliza un francés cada vez más pobre, así que a mí me ha encantado que el nuevo gobierno de Macron haya abierto el vocabulario porque es más cómodo manipular a la gente con eslóganes que hacerles reflexionar con pensamientos articulados.

-Entonces, ¿a qué debe su prestigio el concepto de identidad cultural?

-A su carácter ilusorio, a ser un producto idealista. Cuando hablamos de identidad cultural estamos hablando de afectos, de miedos, de identificaciones colectivas... El nazismo descansó sobre la identificación colectiva de la raza aria. Es más perezoso y más cobarde esconderse en la identidad cultural, pero es el juego entre la democracia y la demagogia y uno, como ser humano, debe elegir entre una construcción democrática o una construcción demagógica. De ahí la importancia de arrojar luz sobre el debate público y de crear conceptos efectivos que sirvan para eliminar esas ilusiones creadas y esas nociones vagas e inconsistentes basadas en imágenes estereotipadas que movilizan, pero no políticamente, sino demagógicamente.

-¿Cómo explica el auge del nacionalismo que vive Europa?

-El nacionalismo apela a la conciencia identitaria y por tanto, al afecto, a la emoción negativa, al miedo como capacidad de movilizar a la colectividad. Además, el nacionalismo necesita otro nacionalismo para enfrentarse porque si existe una identidad, es totalmente diferente a las otras. Por eso hay que olvidarse de la identidad cultural y centrarse en los recursos culturales. La lengua es un recurso cultural. La cocina, los paisajes, la tensión entre el mar y la montaña son recursos. Y estos recursos no pertenecen al discurso del Estado-nación, que es algo caduco. España, por ejemplo, debería pensar en una comunidad ibérica o hispánica en lugar de encerrarse en el concepto de Estado-nación.

-La crisis catalana no deja resquicios para visiones más amplias.

-Creo que España tiene una ocasión única para reflexionar sobre sí misma. Puede aprovecharla o no, pero a mí, como europeo, es un asunto que no me resulta ajeno. España debe reflexionar río arriba: qué es lo ibérico, lo hispano, y cómo organizarlo políticamente; lo europeo, la dualidad de lenguas como 'écart', como espacio común que desarrolla una tensión de la que aparezca algo común activo que enriquezca a todos.

-Y mientras Europa discute sobre estos asuntos, China toma el poder global...

-Si no construimos Europa, estaremos sometidos por China. Acabamos de ver al XIX Congreso del Partido Comunista hablar de imperialismo y de dominación mundial. Si nos seguimos peleando entre castellanos y catalanes, acabaremos siendo esclavos de China, sometidos a China. Es nuestra responsabilidad.

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