Elsa Punset: «La felicidad no es esa foto edulcorada de las redes sociales»

Elsa Punset, ayer, en La Térmica./Fernando González
Elsa Punset, ayer, en La Térmica. / Fernando González

Elsa Punset Escritora y filósofa. La escritora presenta en La Térmica su nuevo libro, ‘Felices’, en el que sostiene que vivimos «el mejor momento» para aspirar a la felicidad

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Transmite buenas sensaciones. Por ello no es extraño que Elsa Punset (Londres, 1964) se dedique a hablar y escribir de la felicidad. Ayer, la filósofa y especialista en autoayuda presentó en el ciclo ‘Málaga 451’ de La Térmica su nuevo libro, ‘Felices’, aunque antes charló felizmente con SUR.

¿Qué es la felicidad?

–Nos empeñamos en describirla y medirla, pero ser feliz no es una receta, es un sentimiento subjetivo.

¿Y hay que ganársela?

–Decía Platón que la felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista…

¿Hay que querer ser feliz o debe ser una actitud natural?

–El psicólogo Daniel Gilbert nos recuerda que los humanos solemos depender de lo que él llama «felicidad natural»: un nuevo coche, un hijo, una promoción… ¡Pero es fácil que esa fuente de felicidad nos falle! También tenemos en nuestra cabeza todos los recursos necesarios para fabricar ‘felicidad sintética’ con experiencias, relaciones humanas, aficiones y logros que te motivan y te apasionan y que solo dependen de ti.

El libro traza la evolución de la felicidad en la historia y los países. ¿Cuando hemos sido más felices?

–Cada época tiene sus retos, sus dificultades y sus ventajas, aunque sinceramente creo que vivimos ahora, en este siglo XXI, la mejor época para intentar ser felices.

¿Se valora mejor ahora?

–Hemos empezado a reconocer que la felicidad no es un mero lujo biológico, algo agradable pero frívolo… Sabemos ahora que las emociones dejan una huella en el cuerpo y que tienen un impacto no solo en nuestra salud mental, sino también en la salud física, creatividad, inteligencia, capacidad de relacionarnos, longevidad… ¡e incluso memoria!

¿Pero esta vida acelerada lleva a una felicidad de consumo rápido?

–Efectivamente, hay gestos como comprar y distraerse que nos proporcionan un tipo de felicidad rápida. Para recuperar la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas, sugiero lo que hacían los estoicos en la antigua Grecia: dejar de hacer algo placentero durante unos días –como ese café de las mañanas que apenas aprecias ya– y verás como en unos pocos días, vuelves a disfrutarlo con intensidad.

Las noticias felices no son las más abundantes. ¿Eso es signo de que tenemos un déficit como sociedad?

–Los humanos tenemos un sesgo negativo debido a nuestro cerebro programado para sobrevivir, que se fija, agranda y memoriza mejor lo negativo que lo positivo. Eso es un hecho biológico que nos amarga la vida. Además, estamos rodeados de voces cínicas, que empeoran ese sesgo negativo. Si eres cínico no tienes que hacer nada para mejorar las cosas, y como esperas siempre lo peor, ni te equivocas ni te sientes defraudado. Necesitamos pues antídotos al pesimismo corrosivo, y a la parálisis y radicalismo que fomenta. Necesitamos ciudadanos activos, que reflejen y potencien la extraordinaria historia de progreso que estamos viviendo. Esa visión realista y equilibrada refuerza poco a poco un optimismo inteligente, compasivo, valiente y práctico.

Útiles o perjudiciales

Pues en redes sociales, mucha gente transmite una imagen de plenitud. ¿Es creíble tanta felicidad?

–Todos sabemos que la felicidad no es esa foto fija edulcorada y sin fisuras… Todos, en cualquier época y circunstancias transitamos vidas complejas, llenas de retos, pérdidas y decepciones. Tal vez sea una suerte que así sea, porque como decían Leonard Cohen, «por las grietas se cuela la luz».

¿La felicidad es una necesidad o un derecho?

–Ambas cosas. Y cada vez más gobiernos entienden que hay que legislar teniendo en cuenta esa necesidad y ese derecho.

Y la tristeza. ¿La desterramos?

–Ah, sí… es otra reflexión tan importante. Vivimos en una sociedad que da una importancia desmedida al placer y a la distracción, como si fuesen nuestras únicas fuentes de felicidad. Así que aprendemos a evitar las emociones más dolorosas como si no tuviesen utilidad, como si no formasen parte de la vida, con sus crisis, decepciones, traiciones y pérdidas... La felicidad, sin embargo, es una casa muy ancha donde conviven todo tipo de emociones, incluidas esas mal llamadas emociones negativas (tristeza, ira, culpabilidad, miedo) No hay emociones positivas o negativas, solo hay emociones útiles o perjudiciales, que sabemos gestionar o nos esclavizan.

¿Y el humor?

–Para mí, es fundamental. No es solo un rasgo de inteligencia, sino que te enseña a relativizar, a tener paciencia… y a disfrutar día a día. ¡El humor es una fuente de felicidad contagiosa al alcance de todos!

¿Y qué importancia tiene el entorno en nuestra felicidad?

–No somos islas, somos seres sociales y nuestras emociones se contagian como un virus. De hecho, nos cuesta mucho ser más inteligentes, creativos, optimistas y amables que la media de las 4 o 5 personas que nos rodean. ¡Es importante asegurarse de que estamos bien rodeados!

Entonces la fórmula mágica de la felicidad no existe...

–No hay una receta para la felicidad, pero sí que existen claves científicas certeras y la experiencia de multitud de personas que salen a su encuentro y se arriesgan a descubrirla, a perderla y a volver a conquistarla. Esa experiencia y sabiduría es lo que he querido reunir en mi libro ‘Felices’.

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