«Los decisiones políticas repercuten en la felicidad de los ciudadanos»

Wiking, durante una entrevista en Madrid. /José Ramón Ladra
Wiking, durante una entrevista en Madrid. / José Ramón Ladra

El investigador Meik Wiking, responsable del Instituto para la Felicidad de Copenhague, presenta su nuevo libro, 'Lykke'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En los últimos meses, países como Venezuela o Reino Unido han creado ministerios o secretarías de Estado para la felicidad o contra la soledad. Antes, este tipo de iniciativas se tomaban a broma. Ahora, están sobre la mesa de los gobernantes. El bienestar de los ciudadanos (y no solo la economía) está entrando cada vez más en la agenda política, constata el investigador Meik Wiking, director ejecutivo del Instituto para la Búsqueda de la Felicidad de Copenhague y uno de los estudiosos más importantes en este campo. Wiking fue también quien exportó desde Dinamarca el concepto 'hygge', un modo de crear hogares y sociedades más confortables para los seres humanos. Ahora profundiza en esa línea con un nuevo libro, 'Lykke' (Cúpula), que indaga en las causas de la felicidad, aseverando que el norte de Europa no tiene el monopolio de unas vidas alegres, sino que el concepto se puede extender a todo el mundo.

Wiking destaca seis factores básicos para la felicidad: unión o sentido de comunidad, dinero, salud, libertad, confianza y amabilidad.. «Las causas más obvias son las económicas, pero no las únicas. Creemos que si somos ricos, vamos a ser felices, y ni mucho menos es así. La clave es saber convertir el PIB en felicidad», considera este investigador. Algunos países lo consiguen, pero otros (y señala el ejemplo de Corea del Sur), no. Sus estudios coinciden en señalar a Escandinavia como la zona del mundo con niveles más altos de felicidad. ¿Por qué? «Es muy importante que existan Estados de bienestar que garanticen a la población unos recursos mínimos. Y para eso, es básico que los gobiernos gobiernen bien», agrega.

«Los decisiones políticas repercuten en la felicidad de los ciudadanos», continúa. Por ejemplo, en Cataluña, tras el 'procés', los médicos constataron un gran aumento de consultas por estrés y ansiedad. «Cada vez que hay situaciones turbulentas se disparan las depresiones porque la gente teme por su futuro», destaca Wiking. En el conjunto de España, la crisis económica que comenzó en 2008 también ha causado estragos en los índices de felicidad a pesar de que la recuperación ya ha comenzado. «Si España fuera una persona, estaría recuperándose. Pensemos que lo peor que le puede ocurrir a alguien es quedarse sin trabajo. Después, incluso cuando se recupera el trabajo, los niveles de felicidad no vuelven a su punto anterior porque queda temor e incertidumbre. Se sale de la crisis, sí, pero el sentimiento es que puede volver a ocurrir».

Las redes sociales también juegan un papel básico en la felicidad de las personas. «Cada vez más gente desconecta de las redes, completamente o temporalmente. Las personas se están dando cuenta de la necesidad de silencio. Tengo el ejemplo de una escuela en Reino Unido a cuyos alumnos se les quitó el móvil en horario escolar. Un año después, cuando se les dio la oportunidad de recuperarlos, el 80% dijo que no quería porque habían recuperado las relaciones con los compañeros. Tenemos una nueva tecnología y nos hemos vuelto con ella, pero poco a poco nos iremos adaptando a ella», subraya.

Hacer deporte, caminar, llevarse bien con los vecinos, socializar con los amigos... Son actividades que integradas en las rutinas diarias de la gente, ayudan a disfrutar de una existencia más feliz. En algunos países, como Estados Unidos, se ha desatado una epidemia de opiáceos porque las personas creen que solo las pastillas ayudan a evitar la depresión, cuenta Wiking. «En Dinamarca, vemos cada vez más que los médicos prescriben algo tan simple como 'actividades físicas'», concluye este investigador.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos