Benjamín Prado reivindica a Alberti y León ante un centenar de lectoras

Bautista, Téllez, Prado y Cañadas, ayer en el Museo de Málaga. /Ñito Salas
Bautista, Téllez, Prado y Cañadas, ayer en el Museo de Málaga. / Ñito Salas

El poeta madrileño rinde homenaje al 27 y carga contra el machismo de la Sección Femenina durante un coloquio con seis clubes de la provincia

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Bajo el abrigo rasposo de la Falange Española nació hace más de ochenta años la Sección Femenina, uno de los instrumentos con que el franquismo aniquiló los derechos conquistados por las mujeres durante la Segunda República. Directrices lapidarias como «Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes» o «Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer» cercenaban cualquier intento de emancipación, rebeldía o deseo. Ayer, ante un auditorio formado en su mayoría por mujeres mayores de cincuenta años procedentes de los clubes de lectura de seis municipios malagueños, Benjamín Prado repasó su trayectoria, con una parada especial en ‘Mala gente que camina’, la novela publicada en 2006 que le sirvió para bucear en el lodo de la dictadura.

«Y esa mujer, ¿cómo podía ser tan mala? Me da coraje», preguntó una sexagenaria lectora de Cuevas de San Marcos refiriéndose a Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina. Prado rememoró los códigos de conducta impuestos durante aquella época («No molestes a tu marido hablando de tus aficiones. Cuando llegue a casa, quítale los zapatos y sírvele la cena») y decenas de cabezas asintieron, como si reconocieran en aquellas palabras patrones no tan lejanos, prolongados hasta la actualidad en algunos casos; desechados ya en otros, como quien se ha librado de una mochila cargada con piedras.

Durante el encuentro, organizado en el Museo de Málaga por la Consejería de Cultura con el patrocinio de la Fundación Unicaja, Prado recordó también su amistad con los poetas Rafael Alberti («Era una universidad ambulante, con una capacidad increíble para ver la belleza en todo»), María Teresa León y Ángel González («Era el tipo más bueno que he conocido nunca, además de la mejor puerta de entrada a la poesía»), sus colaboraciones en diversos discos de pop y rock español o su admiración a Bob Dylan. «Benjamín se dedica a la literatura porque Sabina ya cantaba cuando él empezó», introdujo el director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez, encargado de conducir un acto al que asistieron la delegada territorial de Cultura, Montsalud Bautista, y el responsable de Publicaciones de la Fundación Unicaja, Francisco Cañadas.

Prado hizo una parada en ‘Mala gente que camina’, donde bucea en el lodo franquista

«Todo empezó con Dylan. Yo quería ser futbolista, pero una tarde llegué a casa del colegio, escuché ‘Hurricane’ y quise ser él, aunque he tenido que conformarme con ser yo», confesó el autor de ‘Un caso sencillo’, que reivindicó la figura de León en un coloquio que acabó convertido en un improvisado homenaje feminista: «Reducir a María Teresa León a ‘señora de’ es un insulto a la inteligencia. Ella no regresará del exilio hasta que se publiquen todos sus libros en España, y yo abriré una botella de champán cuando algún editor se atreva a publicar sus obras completas».

Prado también animó a los clubes a leer más poesía: «A veces me dicen ‘yo leo mucho pero poesía no’ y pienso que es como decir que se ve mucho cine pero no de amor».

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