Roa Bastos, un siglo entre dos mundos

El escritor paraguayo Roa Bastos.

El escritor paraguayo Roa Bastos. / R.C.

  • Premio Cervantes en 1989, hizo del exilio el motor de una obra que radiografía el poder dictatorial | Las letras hispanas conmemoran el centenario del autor de 'Yo el Supremo'

Si en la cima del 'boom' brillaron Gabriel García Márquez, Vargas Llosa y Cortázar, en sus cimentos estaba Augusto Roa Bastos (Asunción, 1917-2005). El martes, día 13, se cumplen cien años del nacimiento del autor de 'Yo el Supremo', que vivió escindido «entre dos lenguas que se detestan cordialmente». Entre el español que brilló en su obra y la nostalgia del guaraní materno. En el primer centenario del escritor que radiografió el poder dictatorial e hizo del exilio el motor de su obra, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) publicarán una edición especial de su obra maestra.

Autor lento y parsimonioso, a caballo siempre entre la ficción y la cruda realidad de su vida, legó una treintena de títulos entre novelas, cuentos, teatro y poesía, traducidos a otros tantos idiomas y por los que mereció el Premio Cervantes en 1989. Cuando lo recibió en el paraninfo de la Universidad de Alcalá, en un bolsillo del chaqué escondía un telegrama con tres palabras: «Tú el Supremo». Se lo había enviado el Nobel García Márquez. «La literatura es capaz de ganar grandes batallas contra la adversidad sin más armas que la letra y el espíritu, sin más poder que la imaginación y el lenguaje», agradeció Roa en la casa de Cervantes.

'Yo el Supremo' (1974) se erigió como una obra icónica sobre la tiranía. Se basó en la figura del dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó con mano de hierro Paraguay durante 25 años tras su independencia en 1811. Para sus lectores el retrato de aquel tirano era tácitamente el del dictador Alfredo Stroessner, por lo que la novela estuvo prohibida muchos años en Paraguay, del que Roa Bastos debió exilarse.

La guerra

Pasó su infancia en Iturbe, en la región de Guairá. Su madre le inició en las letras a través de las lecturas en castellano de la Biblia y de William Shakespeare, y en el arte de la narración con las leyendas y mitos indígenas contadas en guaraní. Dos lenguas que siempre trató de conciliar. La brutal Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932-35), en la que participó como asistente de enfermería, dejó una huella imborrable en su memoria. Tras el conflicto se incorporó al diario 'El País', de Asunción, del que fue redactor jefe y corresponsal en Londres.

La sucesión de golpes y dictaduras militares que vivió Paraguay le obligó a exiliarse en Buenos Aires en 1947 y a emplearse en una compañía de seguros. El golpe de los militares argentinos le forzó en 1976 a hacer de nuevo las maletas para instalarse en la ciudad francesa de Toulouse, donde enseñó literatura y guaraní en la Universidad Le Mirail.

Tras un breve viaje a su país en 1982, la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-89) le privó de la ciudadanía paraguaya, No podría regresar hasta la caída del dictador, ya con el pasaporte español otorgado en 1983. El destierro fue una herida que nunca cicatrizó del todo. «Hasta los perros se duelen cuando se los echa de un lugar. Imagínese cómo será en un hombre», se dolía Roa Bastos, un exiliado agradecido a pesar de los sinsabores y el dolor. «Sin el exilio nunca hubiera sido escritor», dijo sin asomo de amargura. Resumiría en 'Contravida' la experiencia de un fugitivo que busca la salvación en la catástrofe de su último personaje.

Trilogía sobre el poder

En 1944 formó parte del grupo 'Vy'a Raity' (El nido de la alegría, en guaraní), renovador de la poesía y la plástica de Paraguay, junto a la española Josefina Plá. En 1953 publicó su primera colección de cuentos, 'El trueno entre las hojas', y en 1960 debutaba en la novela con 'Hijo de hombre'. Fue la primera de su trilogía «sobre el monoteísmo del poder», que completaría con 'Yo el Supremo' y 'El fiscal', ligando la historia paraguaya y sus dictaduras.

En 1966, con 'El baldío', amplió su portentosa colección de cuentos, que incluyó 'Los pies sobre el agua' (1967), 'Madera quemada' (1967), 'Moriencia' (1969), 'Cuerpo presente' (1971), 'Lucha hasta el alba' (1979), 'Antología personal' (1980) y 'Contar un cuento y otros relatos' (1984).

En 1984 publicó la novela corta 'El sónambulo' y tras la transición política en Paraguay, en 1989, aparecerían 'Vigilia del Almirante' (1992), 'El fiscal' (1993), 'Contravida' (1994) y 'Madama Sui' (1995), que le valió el Premio Nacional de Literatura. Entre sus poemarios se cuentan 'El ruiseñor de la aurora' (1942) y 'El naranjal ardiente' (1960).

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