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Pablo García Baena: «La poesía salvará al mundo, lo triste es que parece que se retarda»

Pablo García Baena repasa siete décadas de trayectoria poética en una nueva antología.
Pablo García Baena repasa siete décadas de trayectoria poética en una nueva antología. / Álvaro Cabrera
  • Poeta. El poeta cordobés presenta en el Centro Andaluz de las Letras una antología que repasa siete décadas de creación y ofrece tres obras inéditas

Camino de los 94 años, Pablo García Baena se sigue afanando en la tarea de componer versos. Tres de ellos, inéditos, forman parte de la antología que repasa siete décadas de creación literaria. Un volumen elaborado por José Infante, editado por El Toro Celeste y presentado ayer en la sede malagueña Centro Andaluz de la Letras. Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1984), Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2008) y Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2012), García Baena regresaba a la tierra donde vivió durante casi 40 años y donde ‘revivió’ para la poesía, merced al homenaje de un grupo de poetas y artistas malagueños le dispensaron allá por 1971.

Su primer libro de poemas, ‘Rumor oculto’, cumple 70 años. ¿Qué piensa al echar la vista atrás?

Prefiero no mirar atrás, pero claro, los años pasan y la obra no crece demasiado. Mi obra es pequeña, sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de años que llevo escribiendo. Pero distintos avatares de la vida me han hecho hacer otras cosas y a estar en varios caminos a la vez y uno de ellos es el de la letras.

¿Qué le lleva a seguir componiendo versos?

Me es muy difícil, porque la vista la tengo muy mal y apenas puedo leer y, por lo tanto, escribir. Pero ahora me valgo de una grabadora. Voy diciendo lo que se me ocurre, luego lo vuelvo a estudiar y si saco algo en limpio, puede que resulte un poema leíble todavía. A los noventa y tantos años no es fácil que se pueda hacer una poesía como en la juventud. Parece que el poema debería ser eternamente joven.

¿Cree que la poesía es un ‘mal’ de juventud?

No lo creo. ¡Cómo lo voy a creer! (Ríe) Creo que el poeta es viejo toda su vida, por eso sabe tanto, aparentemente, pero el intelecto, la ciencia, las distintas fases de la vida lo llevan por un lado o por otro. Hay que tener una vida rica para poder luego eso pasarlo a las letras. A la poesía, a la novela, a cualquiera de esas ramas.

¿Siente que ha tenido una vida rica?

Lo he intentado. Indudablemente, hay que tener esa vida rica. No entiendo a esos poetas que se encierran en su casa para escribir, como si tuvieran puesta una oficina de poesía de nueve a doce o de nueva a cinco de la tarde. Hay que salir a la calle, estar con la gente, respirar el aire, sentir la primavera, el otoño... Todas las cosas que nos hacen vivir, que son maravillosas y que son un don. Eso es lo que tenemos que intentar luego llevar al papel.

Ya que habla de papel, ¿cuál debe ser el de la poesía en la actualidad?

Sigo pensando que la poesía salvará al mundo, lo triste es que parece que se retarda. Yo ya no espero verlo, pero llegará ese momento en que todos nos entendamos y en el que la poesía será casi una manera de hablar entre todos, seamos de una raza o de otra. Esa hermandad que absurdamente se está destruyendo cada vez más. Tenemos que volver a ser hermanos todos, de cualquier color que sea la piel o el pensamiento, que es incluso más terrible, a veces, que las diferencias de color.

Optimismo antropológico

¿Cómo se mantiene ese optimismo frente a cada telediario?

Leyendo. El Evangelio, por ejemplo. La historia de Jesús. Si no queremos verlo como Dios, da igual. Leyendo los Evangelios, esas historias que calan, que hablan del mar, del templo, de los pescadores. De todo lo que nos interesa hablan los Evangelios, se tomen o no como obra divina e historia de un Dios en la tierra. La obra es perfecta. A veces los abrimos y encontramos un pasaje que nos puede curar de cualquier mal que tengamos. Pero no solamente los Evangelios. Son los grandes poetas, está Shakespeare con sus dramas, Rilke con sus elegías, nuestro Cervantes con su Quijote, San Juan de la Cruz con su noche oscura del alma, como una lámpara siempre encendida.

Y con siete décadas de bagaje, ¿qué consejo le daría a un joven poeta?

Que lea. Tiene que leer todo lo que caiga en sus manos, bueno o malo. Y luego, que tenga la suficiente para poder recoger lo que a él le conviene. Pero la lectura es imprescindible para el armazón de la poesía, por muy joven que se sea, siempre hay que leer.

Ahora da los lectores nuevos poemas. ¿Surge de los mismos lugares que en su juventud?

No, porque eso me parece un poco ridículo, volver a las viejas aventuras más o menos amorosas. En estos poemas nuevos hablo de un anciano en una residencia, asomado a una playa. O hablo de las rosas. O hablo de un músico ambulante. Hablo de otras cosas.