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Juvenal Soto: «La obra de un poeta es siempre incompleta»

Juvenal Soto, flanqueado por la editora Pilar Sánchez, S. Moreno Peralta y Ángel Valencia.
Juvenal Soto, flanqueado por la editora Pilar Sánchez, S. Moreno Peralta y Ángel Valencia. / Paula Hérvele
  • El autor presenta ‘Horizonte interior’, un libro de poemas que reconoce que la vida son «fragmentos»

Su poesía se disfruta leyendo. Como ese peatón que cruza los sueños en uno de los versos. Pero la obra de Juvenal Soto (Málaga, 1954) es también la poesía de la experiencia. Él lo llama «fragmentos» y su último libro, ‘Horizonte interior’, es una compilación de estos pasajes con formato de soneto o prosa poética. Por ello, insiste en que es una obra fragmentaria, aunque muchos escritores se resistan a reconocerlo. Soto lo tiene asumido y lo proclama. Tanto como para advertir que nadie espere un libro con su nombre en el lomo y el definitivo título de ‘Obras completas’. «La obra de un poeta siempre es incompleta», sentenció ayer el autor malagueño que reúne capítulos de su particular biografía para ofrecernos fragmentos en verso.

«Homero lo escribió todo y los demás damos vueltas en torno a él con más o menos acierto», aseguró Juvenal Soto, que estuvo acompañado ayer por el catedrático de Ciencia Política de la UMA, Ángel Valencia, y el arquitecto Salvador Moreno Peralta en la presentación de ‘Horizonte interior’ en el Centro Andaluz de las Letras. Ambos coincidieron en señalar los sonetos como la expresión más «clásica» y la «piedra de toque» de la poesía del autor malagueño.

Unas palabras que recogió el propio Juvenal Soto con una lectura a viva voz de algunas de estas estrofas de vida fragmentada y fragmentaria, que tienen la habilidad de compartir sentimientos, emociones e imágenes a la vez que nos descubre la capacidad de un poeta para convertir en experiencias colectivas las vivencias personales. De un curso de yoga en Baleares se trajo ‘Ibiza en octubre’, que nos transmite el hipnotismo del mar –más efectivo que cualquier otra meditación–, mientras que con ‘Escrito en El Tigre’ nos sumerge en el pantano de sus palabras contaminadas de la sonoridad argentina.

También hay otros mares, caballeros templarios atrapados en estatuas, algún tirano de ficción que parece de carne y hueso como Hermético I, un tren que sale a las «mil y una de la noche» e incluso una inquietante ‘Historia de familia’ que escribió por recomendación del «maestro Manuel Alcántara». «Es que tengo una de las familias más perturbadoras que uno pueda encontrar», confesaba anoche Juvenal Soto, que también hace un repaso en verso por algunas de sus amistades. Entre ellos, sobrecoge ‘A nadie conoció’, que rescata la última imagen que tiene de su amigo Rafael Pérez Estrada cuando entró en el salón de plenos del Ayuntamiento de Málaga para recoger el título de Hijo Predilecto de la Ciudad. Y aunque varios cientos vivieron –vivimos– aquel momento eterno con sabor a despedida, nadie como el poeta Juvenal para atrapar desde su horizonte interior el espíritu de un amigo que se va en unos versos tan sublimes como dolorosos.

Sentimientos que cabalgan por los versos de un autor que solo aspira a que el lomo de sus libros anuncien una sucesión de obras incompletas.