Diario Sur

Juan Jacinto Muñoz Rengel: «El hambre es mucho peor sin imaginación»

El escritor, ante el escaparate de una librería en la madrileña calle Génova.
El escritor, ante el escaparate de una librería en la madrileña calle Génova. / Elvira Mejías
  • El escritor malagueño vuelve con 'El gran imaginador', su tercera novela, una defensa fabulosa de la ficción con la que recoge «el guante de 'El Quijote'»

Ese equipaje de Muñoz Rengel (Málaga, 1974) gana ahora peso con la epopeya de un personaje extraordinario con vocación de escritor cuya propia y excepcional vida acabará por convertirse en su obra maestra. Una defensa entusiasta del poder de la ficción que, al mismo tiempo y página a página, se descubre el sombrero ante la literatura, la historia y la ciencia ficción.

-Dice que 'El gran imaginador' es la novela a la que ha dedicado su vida. A su edad, ¿se puede ser tan rotundo?

-Hasta el momento sí, aunque no se sabe lo que uno va a proyectar en el futuro. Sí es la que más tiempo me ha llevado: empecé con esta idea en 2002 y la he ido arrastrando desde entonces. Era tan ingente que no podía abarcarla. Necesitaba mucho más tiempo, mucha más energía que con el resto. Al final han ido apareciendo otros libros de cuentos, otras novelas mientras ésta estaba siempre en el fondo.

-Como otros trabajos suyos, ¿la idea se le ocurrió también cuando estaba a punto de dormirse?

-La novela es tan compleja que no tiene sólo una idea. Sí una de base, que quizás es la más potente, la más sólida a lo largo del libro, que es la de escribir de una persona con una imaginación sin límites, una idea muy concreta y muy borgesiana. Y esa probablemente se me ocurrió en algún momento de lucidez. Pero luego, la novela está entera apuntalada por otras nuevas ideas que se me han ido ocurriendo a lo largo de los años: nuevas líneas de acción, otras subtramas, otros personajes que voy recogiendo y nuevos viajes. La historia se fue volviendo más poliédrica.

-Un inmenso tributo a la imaginación y una inmensa reivindicación de la misma.

-Es uno de los sentidos de esta novela. Habla de la ficción desde el principio y su protagonista está absolutamente embelesado por ella. Me remonto en la historia para hablar de esos orígenes, pero también para ver cómo la ficción ha ido alterando nuestra realidad o nuestro concepto de realidad, que también es ficticio. Ese entrelazarse de lo que creemos real y de lo que creemos ficticio es realmente el origen para mí de la historia moderna y de la ficción tal y como la conocemos. Por eso me he remontado a esos inicios, a los primeros momentos de la imprenta, pero también a los inicios de campañas publicitarias como la que se hizo, por ejemplo, en contra de Vlad Tepes, el Empalador. A partir de la imprenta empiezan a surgir mecanismos como la importación o la falsificación, y la difusión ya comienza a ser masiva. Todo eso se mezcla en la novela con literatura, con otras obras, otros géneros, con otras corrientes literarias. Al final lo que estoy haciendo es ese homenaje, que era lo que me apetecía.

-Nikolaos Popoulos, el protagonista de su novela, tiene una imaginación que supera los límites de la naturaleza. ¿Cuanto hay en Nikolaos de Juan Jacinto?

-(Risas). Más de lo que puede parecer. No en concreto en esa imaginación que cualquier escritor querría, pero sí en muchos rasgos biográficos. La novela es una novela sobre un personaje, sobre su vida completa, que comienza con su nacimiento y llega hasta el final de sus días. De alguna forma ha ido conectando conmigo en esa infancia, esa juventud, esa época iniciática o cuando estudia en el monasterio y se encuentra con la Filosofía pura y se ve totalmente deslumbrado. Siendo una novela fantástica, disparatada, y más en el siglo XVI, hay bastantes coincidencias, más de las que admitiría.

Guiños internos

-Novelas más breves, relatos y microrelatos han sido hasta ahora sus credenciales literarias. Ahora, una novela de 500 páginas. ¿Vuelve a redefinirse?

-Sí y no. Creo que realmente lo que hago es cerrar un círculo. Me redefino porque de nuevo vuelvo a hacer algo distinto a todo lo anterior, vuelvo a cruzar géneros de un manera, creo, también novedosa. Y sin embargo, en esta novela estoy recogiendo todo lo que he hecho. Creo que al igual que he escrito libros que son en sí mismo un nuevo paso en lo que he ido escribiendo y en la trayectoria que me gustaría dibujar, este libro, además de un nuevo paso, es una especie de vuelta atrás para mostrar todo lo que llevo. El libro 'De mecánica y alquimia' está aquí dentro, algunos microrrelatos están aquí dentro, algo del personaje del 'Asesino hipocondríaco' está también en el nuevo personaje, en su sensibilidad y en el humor que hay en la novela. De alguna manera he ido también haciéndome guiños internos para ver un poco los pasos que he seguido, para conocerme un poco más también.

-Cervantes se quejaba de que la fantasía se vuelve tan insaciable como un perro hambriento. Y Cervantes está presente en toda su novela, no sólo en el encuentro y amistad del protagonista con el autor de 'El Quijote'.

-He intentado establecer un diálogo con 'El Quijote'. Hay un diálogo interno dentro del libro entre los dos personajes, mi protagonista y el personaje histórico de Cervantes, que traban una amistad. También intento buscar el origen de muchas de las ideas de 'El Quijote' de una forma ficcional y de alguna forma Cervantes se inspira en cosas que le cuenta Popoulos. Pero, sobre todo, quería empezar ese diálogo entre una enorme obra como es 'El Quijote' y el resto de la literatura y su entorno. Es decir, cómo Cervantes construye su propia imagen, cómo llegó a convertirse en el Cervantes que llegó al siglo XX, del que a lo mejor en el siglo XXI tenemos una idea más completa, pero que sigue siendo un desconocido. Cómo fraguó esa imagen una persona que en muchos momentos de su vida estuvo en un estado miserable de necesidad económica. Cómo el resto de las plumas españolas, instituciones, etcétera, lo ignoraban. Y al mismo tiempo, cómo fue capaz de fraguar una obra absolutamente deslumbrante, genial por los tiempos de los tiempos. Quería reflejar ese encuentro entre la realidad tan dura para el autor y, sin embargo, su riquísimo mundo interior.

-¿Su gran homenaje a Cervantes en el cuarto centenario de su muerte?

-Más que un homenaje, quería aceptar ese reto que lanza 'El Quijote' al mezclar géneros al borde de la modernidad. Quería recoger ese guante y volver a reinventar ese mestizaje de géneros de la novela de Cervantes y que aquí, modestamente, intento recuperar. Por ejemplo con esa idea de la aventura, del recorrido y del viaje, pero al mismo tiempo con esa fusión de lo fantástico, de la literatura de terror, de la ciencia ficción y otras cosas que entiendo que hoy deberíamos volver a remirar.

-El narrador declara en un momento que la imaginación tiene cosas buenas y cosas malas en la vida. ¿Tiene más de lo primero que de lo segundo?

-Para mí tiene más de positivo, porque al fin y al cabo sin imaginación la vida sería muy aburrida. Uno ya está muy visto, se conoce demasiado bien y tiene que evadirse de lo que tienes alrededor. La literatura debe ser algo que te haga reflexionar, pero también que te haga evadirte. Creo que la literatura de evasión tiene tanto de literario como la literatura más reflexiva. Separarnos de nosotros mismo por un momento es algo que todos necesitamos y buscamos. Y es bueno.

Talentos peculiares

-Las ideas y ocurrencias de Nikolaos Popoulos molestan y exasperan a su maestro y a sus padres y provoca su rechazo. ¿Por qué la imaginación molesta tanto a lo establecido?

-Porque es distinta. Porque hay una mayoría de gente con corta capacidad de imaginación. Cuando aparece alguien con cierta capacidad evocadora, con cierto talento o alguien distinto de alguna forma saltan las alarmas. El personaje de la novela siempre se ve rechazado, sobre todo en su infancia y en su juventud, simplemente por ser distinto.

-No parece algo exclusivo del siglo XVI.

-Es algo que sigue pasando hoy y pasará siempre, por desgracia. Pero de alguna manera, esa diferencia se ceba más con algunos talentos peculiares. Todos nosotros tendemos a autoafirmarnos. Si hay alguien distinto a mí parece que está poniendo en evidencia mi forma de ser, mi estilo de vida. Por lo tanto, voy a atacar eso para defender que lo mío es lo correcto, que mi forma de vida es la perfecta.

-Los estudiantes franceses reivindicaban en mayo del 68 la imaginación al poder. ¿Qué se ha perdido al sociedad, el ser humano, por esa falta de imaginación en el mundo?

-Mucho. Al fin y al cabo, incluso en los momentos más tristes de la historia, uno siempre sigue siendo libre de mirar lo positivo o lo negativo. Cuando hay imaginación, como en el niño, capacidad de soñar y de jugar, la vida siempre es más rica, mejor y más amplia. En las épocas en las que no se ha podido soñar por los acontecimientos históricos a la gente le ha resultado más dura su vida. El hambre es mucho peor sin imaginación.

-¿También la literatura?

-Es algo que nos hemos perdido durante bastantes décadas en España. Desde la Guerra Civil y toda la Transición, aquí la literatura que mandaba era la literatura realista y mirábamos hacia nuestros hermanos y primos latinoamericanos y veíamos la literatura del 'boom', la literatura desbordante de Rulfo y luego ya Cortázar, Borges, García Márquez y todos los demás tan imaginativos. Y aquí, esa literatura brillaba por su ausencia. Aquí se crió una literatura mucho más social, mucho más apegada a los problemas del momento, pero perdiendo ese empuje, que yo creo que es el que al fin y al cabo el lector necesita: vamos a pensar que otro mundo es posible.

-El protagonista descubre en su infancia los libros y su poder para multiplicar por mil la inspiración. También en algunas páginas recorre la quema de libros a lo largo de la historia, esa capacidad que tiene el hombre de destruir sus propias creaciones. El ser humano, ¿no puede evitar el combate entre el doctor Jekyll y mister Hyde?

-Todos tenemos esa dualidad o incluso una personalidad múltiple. Todos nosotros somos contradictorios y todos nos autoengañamos y es normal que la historia de la humanidad dibuje estos trazos también contradictorios. En la novela está ese homenaje al libro, porque el libro multiplica, porque el libro expande y con el nacimiento de la imprenta se vio multiplicado. Pero también quería reflejar ese otro lado oscuro. La humanidad, al mismo tiempo, siempre ha odiado los libros. No ha habido un momento histórico en el que no se haya alguien quemando alguno. Y sigue ocurriendo hoy. ¿Por qué? Por el miedo del que hablábamos antes: el miedo a lo distinto. El miedo a que al cultura ajena se pueda comer la propia. Por eso siempre la soldadesca de una tropa acaba quemando la biblioteca de la ciudad. Y por eso siempre los líderes espirituales de una religión a caban prohibiendo los de otra. Y ahí andamos, unos crean libros y otros los destruyen.

-Desde su editorial se apunta que «la novela invoca el mejor Umberto Eco, escrita por una de las nuevas voces de la literatura española». Los elogios comparativos, ¿halagan o molestan?

Juan Jacinto Muñoz Rengel, el pasado jueves en la plaza de Alonso Martínez de Madrid, ciudad en la que reside.

Juan Jacinto Muñoz Rengel, el pasado jueves en la plaza de Alonso Martínez de Madrid, ciudad en la que reside. / Elvira Mejías

-No lo había leído. Depende. Creo que sí hay algo de homenaje a 'El nombre de la rosa' dentro de la novela, en concreto en la parte en la que el personaje está en un monasterio, en este caso es un monasterio ortodoxo. Pero es que Umberto Eco a su vez está haciendo un homenaje a Borges. Y Borges aparece en mi novela en muchas partes, más de las que yo creo tener conciencia. Hay muchas ideas que podrían atribuirse a un escritor ideal como Borges, ideas filosóficas e ideas metafísicas que están ahí de fondo. Y es verdad que la parte de literatura erudita que tanto Borges como Eco practicaban puede encontrarse en 'El gran imaginador'. Cualquier comparación lleva aciertos y desaciertos. En ese sentido me puede molestar porque ningún autor es igual a otro, pero creo que el paralelismo no va más allá de lo que acabo de resumir.

Varios proyectos

-Le gusta dejarse la imaginación en cada historia. Después de leer 'El gran imaginador' es inevitable pensar que ya se le ha agotado del todo.

-En este momento sí, porque la acabo de terminar después de un montón de años, los últimos tres de no parar, levantándome a las cinco de la mañana todos los días de la semana durante mucho tiempo. Ahora mismo me veo virtualmente agotado, físicamente también. Pero supongo que en cuanto me dé unos cuantos baños en la playa y me reencuentre volverá a surgir de nuevo. Ahora lo que toca es hacer algo que no tenga ya nada que ver con lo todo que he escrito. Porque como decía, esta novela ha mirado mis obras anteriores y las ha pretendido recoger. La próxima no tendrá nada que ver.

-Siempre tiene en marcha algún proyecto paralelo. ¿Ahora también pese al agotamiento?

-Ahora mismo tengo varios. Llevo un cuadernillo con varias ideas de novelas cortas y todas me gustan. No sé cual se va a imponer a las demás para salir la primero.

-Ahora vivimos el presente, el pasado y el futuro asomados a la pantalla de un móvil o de un ordenador. ¿Cuánta imaginación nos restan? ¿Terminaremos con la imaginación cuadrada como esas pantallas?

-Las nuevas tecnologías también traen otra forma de imaginar. No hay más que ver las series de televisión que han vivido un 'boom' y que son muy imaginativas y que están dentro de géneros que están totalmente denostados como el fantástico o el de terror, que viven un renacimiento gracias a estas series. Nos van a lanzar nuevos retos y vamos a ir creciendo y sumando. Pero creo que lo sí va a sufrir un desgaste es nuestra capacidad de atención. Y creo que se está notando. Sobre todo la pantalla pequeña, la del móvil, que nos mantiene todo el día pegados a lo inmediato y a lo brevísimo, y ambas cosas hacen que nuestra capacidad de atención no resistan unos cuantos minutos en un sofá leyendo un libro. Es algo que parece antitético y contrario a lo que hoy se impone: todo el rato haciendo la foto para Instagram o todo el rato mirando el Whatsapp o el Twitter. Quizás los jóvenes de mañana se diferencien de nosotros en que estarán un poquito más distraídos y menos concentrados.

Sueño kafkiano

-En 2013, cuando promocionaba 'El sueño del otro', declaraba en relación a la actualidad española que estaba «cobrando tintes de pesadilla en muchos momentos». ¿Cómo ve la pesadilla tres años después?

-Vivimos un momento de estancamiento total y eso también es una pesadilla, porque parece que la realidad se ha congelado y que no avanzamos. De alguna manera parece un sueño kafkiano levantarse y que siempre haya elecciones. Hubo un momento en el que muchos españoles nos emocionamos y pensamos que íbamos a volver a creer en la política. Me parece que esa sensación se ha difuminado bastante. Los españoles de uno y otros signo ya no sólo están desencantados con los partidos tradicionales sino que empiezan a estar un poco aburridos también de los nuevos. Con lo cual volvemos a estar aquí, con este cuadro que se nos ha planteado entre el empate de partidos de izquierda y de derechas, partidos viejos y nuevos. Estamos aquí completamente atrapados y ya veremos como se resuelve, pero por ahora, por desgracia, estamos pagando los mismos: los ciudadanos.

-Si los políticos tuviesen una milésima parte de la imaginación de su Nikolaos Popoulos, ¿cómo irían las cosas?

-Hombre, si tuvieran más capacidad de imaginación, tendrían más capacidad de solucionar los problemas. Se les ocurrían soluciones más creativas. Lo que se ha hecho muchas veces en política es repetir fórmulas que pertenecen al pasado. Y a veces, cuando un partido llega al poder, lo que hace es eliminar los avances que ha hecho el partido anterior para colocarlo donde estaba hace cuatro u ocho años. Hay muchas cosas que se hacen en países que funcionan y se tarda mucho en aplicar en el nuestro. Hay una cortedad de miras importante. Eso en los políticos de primera línea. Luego ya, cuando nos vamos acercando a los más locales, a veces es una cosa realmente terrible. Efectivamente, hace falta mucha imaginación para ahorrar en las campañas políticas y para solucionar los problemas de otra forma. Incluso falta imaginación para mirar cómo lo hacen los demás. Un imaginador también puede mirarse en los otros.