Diario Sur

«Ningún español, de derecha o de izquierda, es culpable de lo que hizo su abuelo en la guerra»

El escritor Juan Eslava Galán estará esta tarde en Marbella y mañana, en Málaga, para presentar su nueva novela.
El escritor Juan Eslava Galán estará esta tarde en Marbella y mañana, en Málaga, para presentar su nueva novela. / Inés Baucells
  • Juan Eslava Galán Escritor. El autor andaluz retrata el acercamiento del franquismo a los nazis en ‘El amor en el jardín de las fieras’, que presenta en Marbella y Málaga

Hace casi un año, Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) pasó por Málaga para dar una conferencia sobre la derrota de los nazis. Y aunque sólo lo sabía él, adelantó entonces algunas de las líneas argumentales de su nuevo libro, ‘El amor en el jardín de las fieras’ (Espasa), que retrata la obsesión de Heinrich Himmler por la raza aria y su visita a España cuando se hablaba del apoyo de nuestro país a Alemania en la II Guerra Mundial . «El tema da para una novela, un ensayo o una conferencia… lo llevo todo para delante», bromea el escritor andaluz, uno de los más prolíficos de nuestras letras. Su secreto es que no le gusta el fútbol y escribe todos los días. Sin excepción. Incluso cuando anda de ‘gira’, como hoy y mañana, que presenta su nueva novela en las tiendas Fnac de Marbella y Málaga, respectivamente.

La novela arranca con unas excavaciones en la necrópolis visigoda de Catiltierra, cuyos restos se enviaron a Alemania para su análisis, pero nunca fueron devueltos.

Con la guerra se complico la devolución y las piezas de ese yacimiento acabaron en algún museo alemán.

El Arqueológico Nacional va a solicitar ahora el regreso de las piezas.

Esas reclamaciones ya sabemos en lo que quedan. No nos devolverán nada, pero ojalá ocurra el milagro.

Esa búsqueda de restos visigodos encerraba el deseo de un parentesco mutuo de españoles y alemanes, que no era algo inocente, sino un argumento más para la entrada española en la guerra mundial.

La visita de Himmler se produjo en un momento de idilio entre ambos países. Alemania era muy poderosa y sus tropas habían llegado a los Pirineos y había que andarse con pies de plomo con los nazis.

La novela deja muy claro la diferencia entre los dos países. Mientras Alemania era un prodigio de orden y recursos, en España reinaba la miseria, la oscuridad...

Hay que tener en cuenta que nuestro país había salido de un conflicto muy destructivo hacía meses. Las cárceles estaban llenas de presos, el país devastado y los ferrocarriles destruidos… una situación penosísima. Por el contrario, en los primeros compases de la II Guerra Mundial los alemanes van ganando y eso es lo que se manifiesta en Berlín con cabarets y un ambiente que he documentado al pie de la letra.

Todo conducía a una entrada de España en una contienda que, al final, no se materializó…

Por una razón relativamente simple: España no estaba en condiciones de entrar en una guerra contra Inglaterra, que dominaba el mar. Tantos kilómetros de costa como tiene nuestro país eran idenfendibles. Si Franco tuvo la tentación en algún momento fue porque creía que la rendición de Inglaterra era inmediata, pero cuando vio que la Luftwaffe –aviación alemana– no podía con la RAF británica, cambió de idea por completo.

¿Fue un acierto político?

En cierto modo sí. Cuando se entrevista con Hitler en Hendaya ya tiene claro de que no vamos a entrar en guerra, pero tenía que acompasar la decisión para no enfadar al führer. Y la hace todas las concesiones con la condición de no entrar en guerra.

La novela también retrata la locura de un país obsesionado por la persecución a los judíos y la búsqueda de la superioridad aria…

Fue un objetivo demencial por parte de la cúpula nazi, sobre todo del poderoso Himmler, y he querido que se refleje en la novela. Cuando hablo de la Ahneberbe, el instituto racial alemán, es una institución que, por increíble que parezca, realmente existió y sus planes de mejorar la raza cruzando buenos ejemplares de germanos y germanas se llevó a cabo. Por eso esta historia es plausible.

¿Se puede hablar ahora con más distancia de la posguerra española?

Todo requiere que se asiente y pase el tiempo. Ahora hay interés por la posguerra, lo que es positivo porque era un capítulo de nuestra historia que no hemos terminado de aclarar.

Esa época también está relacionada con la Memoria Histórica, que ha creado división de opiniones.

Es normal y humanitario que todo aquel que tiene un abuelo o un bisabuelo enterrado en una cuneta, busque sus retos. Otra cosa es utilizar políticamente ese asunto. Sea uno de derechas o de izquierda, ningún español es responsable de lo que hizo su abuelo en la guerra. Y la utilización política de unos y de otros me ha parecido errónea y deleznable.

Un periodista visionario

En la novela aparece Ramón Garriga, corresponsal en Alemania de Efe, del que también habló en su conferencia en Málaga el año pasado.

Me parece un personaje fascinante. Tengo todas sus obras porque escribió una docena de libros y los leo con fruición. Era un hombre con una gran capacidad de análisis como lo demuestra el hecho de que supiera que los alemanes perderían la guerra. Y además un gran escritor.

La arqueóloga Meike se queja en la novela: «¿Por qué estos españoles discuten de oídas, de cosas que ignoran?» ¿Me da la impresión que habla más del presente?

Es que tenemos ese mal endémico y ella, que viene de una cultura rigurosa, lo nota. En mis novelas, como en los ensayos, hago guiños al lector que, como yo, vive cosas absurdas.

¿Por ejemplo?

Pues no hay más que ver. Tenemos unos políticos indocumentados que son incapaces de ponerse de acuerdo. Cualquier político europeo de mediano calibre ya habría solucionado la formación de un gobierno y aquí estamos cazando moscas y en vísperas de unas terceras elecciones, lo cual sería ridículo y contraproducente.

Esta historia de arios en España se lee con curiosidad y atrapa, como buena parte de sus obras. ¿Cuál es su secreto para enganchar al lector?

Hoy tenemos mucho entretenimiento y las lecturas no pueden ser pesadas. Intento que sean ligeras, pero también profundas; enseñar deleitando y la gente lo agradece. La novela tiene que secuestrar al lector y hacerle vivir una vida paralela mientras la lee. Esa es su función. Es un género burgués que sirve para entretener, pero también para formar.

Su capacidad de producción literaria y editorial es prodigiosa. Es usted nuestro ‘Stephen King’.

Ja, ja. Mi secreto es trabajar mucho. Y no me gusta el fútbol ni hago vida social. Durante todo el día lo que hago es leer y escribir, porque pienso que un escritor tiene que trabajar como cualquier otra persona. Eso de la inspiración es una tontería. Si cualquier españolito de a pie trabaja ocho horas, yo, por lo menos, tengo que hacer lo mismo. Si escribo tres folios al día pues me salen dos libros al año.

¿Y los fines de semana?

En esto de escribir no hay días de fiesta. Si tienes la cabeza en ebullición con lo que estás haciendo no puedes interrumpir la escritura.

Como presidente del Jurado del Planeta, me recomendará que me lea la reciente novela ganadora de Dolores Redondo...

Pues como indica el apellido de la autora, ‘Todo esto te daré’ es una historia redonda y fantástica. Y además, la finalista –‘El asesino de Sócrates’– es también una gran novela histórica. Recomiendo las dos.