Diario Sur

«La carne nos libera y encarcela»

La escritora y periodista Rosa Montero, que ha publicado 15 novelas a lo largo de 35 años. :: L. Á. Gómez
La escritora y periodista Rosa Montero, que ha publicado 15 novelas a lo largo de 35 años. :: L. Á. Gómez
  • «Prohibir la prostitución alienta a las mafias», dice la escritora, que describe la batalla entre el seso y el sexo en la madurez

  • Rosa Montero apuesta por el «suspense emocional» en su decimoquinta novela

«La carne nos encarcela y nos libera». Lo dice Rosa Montero (Madrid, 1951), cuya decimoquinta novela se titula 'La carne' (Alfaguara). La escritora y periodista se reconoce en la madurez narrativa y presenta su nueva ficción como una «intriga emocional» protagonizada por una mujer que llega a los sesenta acosada por el miedo a envejecer y convertirse en invisible. Tras un revés amoroso, contrata a un 'gigoló' para provocar a su último amante. Todo se torcerá en una ficción que alterna el suspense con las emociones, en medio de una íntima batalla entre el sexo y el seso, entre la pasión y la contención.

«Es una novela de suspense emocional, psicológico. No es policíaca, pero la intriga es fuerte y está plagada de sorpresas», promete a sus lectores una Rosa Montero que se convierte en personaje de su propia ficción. «Tengo la soberbia de creer que ninguno averiguará el final», dice esta rendida admiradora de Nabokov y sus estructuras de cajas chinas.

Asegura que todas sus novelas desde la lejana 'Crónicas del desamor' tienen «un existencial tono común». «El paso del tiempo -que es una obsesión-, la muerte, la capacidad para sobrevivir al fracaso e ir abriendo puertas en la vida», son temas recurrentes. Lo dice alguien que admite haber caído hasta el fondo para alzarse «montones de veces». «La vida es riesgo, y sin él no merece la pena. No me interesa la paz de los cementerios. Hay que cabalgar la vida y procurar no caerse; pero si el pago es el riesgo de caerse, lo asumo», asegura.

No en vano Rosa Montero lleva literalmente tatuado en su piel el lema 'Ni pena ni miedo', un verso del chileno Raúl Zurita y contrapunto de su protagonista. Con el paradójico nombre de Soledad Alegre, es una brillante comisaria de exposiciones «atrapada por la pena y el miedo». Se pregunta qué ha sido su vida, siente un vértigo espantoso y llega a pensar que quizá lo único que le queda es el fracaso. «Le aterra la muerte, pero también tiene mucho miedo de la vida, y eso te convierte en un cadáver andante», resume.

«La vida es contradicción y paradoja», asegura Montero, que desmenuza la metáfora que encierra el título. «Una carne que no elegimos. Como no escogemos nuestro cuerpo, ni ser quienes somos. La carne es nuestra cárcel. Nos enferma, nos envejece y nos mata. Pero es también el liberador vehículo de las maravillas. Y no solo del sexo; también de la sensualidad, de esa fuerza animal que te hace sentirte vivo, apasionado y enamorado y que te hace también inmortal», plantea.

¿Puede más la carne o el cerebro, el sexo o el seso? «Depende de cada cual», responde la escritora. «El seso a veces nos lleva a un callejón sin salida, como le ocurre a Soledad», precisa. «Llevamos dentro un animal que nos rescata de ser únicamente humanos. Estar sólo en el control es morir en vida. La vida nos pasa por la piel, por la carne, por el corazón y por el subconsciente, que es más sabio que nosotros. Y ese animal nos rescata», dice. «A todos nos aterra envejecer», señala la autora. «La mayor parte de la gente olvida que es mortal y opta por vivir en un presente continuo. Los novelistas lo somos porque no podemos olvidar que somos mortales, no podemos obviar ese vértigo del paso del tiempo, como los lectores apasionados, que los hay», se felicita. «La lectura siempre fue minoritaria, pero la minoría lectora es hoy más grande que nunca y está creciendo».

Aborda el sexo de pago, que chirría mucho si es la mujer quien lo busca. «Hay más oferta que demanda en España», dice Montero. Interrogó a algunos de estos acompañantes comprados y cree que «prohibir la prostitución alienta las mafias y la indefensión de las prostitutas». «Los 'gigolós' lo tienen mejor que ellas, que en muchos niveles están atrapadas en la sordidez y la explotación. Los chicos de compañía tienen otros trabajos y se mueven a otro nivel», aclara.

«Más libre que nunca»

Con 15 novelas en 35 años la también psicóloga se siente «más libre que nunca». «La novela es un género de madurez. Cuando empiezas es como picar piedra, pero ahora siento cierta plenitud. Escribo como si bailara», se ufana. «Escribir es un tortura que conlleva un placer inmenso. Es lo único parangonable al amor por sus momentos buenos», concluye Montero, que hace un descarnado retrato de sí misma en la novela.

Brillante entrevistadora, actriz en su juventud y psicóloga, prefiere hoy practicar el periodismo desde la periferia. «Me harté de hacer entrevistas», dice una maestra del género que ha firmado más de dos millares. Hoy se refugia en los artículos de opinión. «Pero el oficio es tan necesario como siempre, o más. No ha perdido sentido ni lo ha desvirtuado el cambio tecnológico», sostiene.

«Es mentira que cualquiera con un móvil sea un periodista. Es una fuente que llega con inmediatez, sí, pero es el periodista quien criba, contrasta y categoriza», aclara. Otra cosa es el desastre del modelo económico, «que sigue en crisis». «Los medios están en pocas manos, se precariza al periodista; no hay editoras ni correctores. Un disparate», lamenta.