Juan Gómez Jurado: «En los libros asesino a mis amigos. Lo consideran un honor»

«En los libros asesino a mis amigos. Lo consideran un honor»
/ Fernando Gómez
  • Hola, me llamo Juan Gómez Jurado. Tengo 39 años. Me gusta hablar en la radio, escribir, matar gente en los libros y comer huevos fritos con patatas

– ¿A quién se la ha jurado?

– A casi nadie. A un jefe que tuve cuando era becario que no se portó demasiado bien conmigo. Era periodista.

– Usó una novela para asesinar a un jefe. ¿Era él?

– Uso la ficción para asesinar a mucha gente, pero, sobre todo, a amigos míos, que se reconocen muriendo de formas terribles en los libros. Consideran un honor que los mate en ellos.

– No mata a quien le cae mal.

– A veces los saco de formas desagradables. Hasta aquí puedo leer.

– ¿Se le ocurrió una novela mirando a un chica en un gimnasio?

– Pasó en Chicago. Volvía de hacer una entrevista a un escritor y hacía noche antes de regresar a España. Cuando volvía al hotel de noche pasé frente a un gimnasio y las únicas luces encendidas estaban encima de un saco de boxeo. Una chica le estaba pegando golpes como si no hubiera un mañana. Me llamó la atención esa intensidad. Me quedé mirándola lo recomendable por la situación y me llenó tanto que me volví a la habitación y comencé a escribir en un cuaderno.Terminó convirtiéndose en Irina, el personaje de ‘Cicatriz’.

– ¿Y qué le sugiere Pedro Sánchez saliendo del agua?

– (Ríe) Lo primero que me viene a la cabeza son imágenes de National Geographic y de la necesidad de evolución.

– ¿Y Rivera? ¿Qué género?

– Me recuerda a los cuadernos de ‘Elige tu propia aventura’. Vas contando la historia, tienes varias opciones y nunca termina como habías creído al principio.

– Rajoy es un personaje, ¿de qué libro?

– Se me ocurre ‘Esperando a Godot’ de Samuel Beckett. Un montón de gente esperaba a Godot y no llegaba jamás. Rajoy es Godot.

– ¿Cuántos libros ha vendido?

– Debe andar por los seis millones.

– Madre mía. Eso es más que Belén Esteban.

– Bastantes más, claro.

– Le ha hecho rico la literatura.

– No, rico, no. Me ha dado para pagar la hipoteca, pero creo que he hecho ricos a un montón de editores. Por cada euro que gana el escritor, el editor gana siete.

– Pero seis millones son muchos millones. Se habrá pagado la hipoteca de un gran palacio.

– Hay muchas facturas y el 51% de lo que gano se lo lleva el señor Montoro.

– ¿El que triunfa en España es sospechoso?

– Creo que tenemos muchos complejos con respecto al triunfo. Parece que hay reparo en decir que las cosas nos van bien. El victimismo no conduce a nada bueno. Es mejor alegrarse de los éxitos propios y ajenos.

– ¿No perdonamos al ganador?

– No se le perdona que falle, desde la literatura, al fútbol y a la política.

– La parte buena es que aquí nadie le llama ‘looser’ a nadie.

– (Ríe) El perdedor es el que después de caerse no se levanta.

– A veces se da uno unas galletas que es imposible levantarse.

– Sí, pero cuando no puedes, pides ayuda o... intentas que se pueda.

– ¿Quién es el malo de la historia actual de España?

– No hay un malo como tal. Ojalá la vida fuera tan sencilla como la literatura, donde compactamos verdades utilizando mentiras en historias con principio, desenlace, protagonista y antagonista. En la vida, los antagonistas no existen, pero sí las situaciones en las que tenemos que ser mejores.

– ¿No es Twitter la simplificación máxima de los buenos y malos?

– Por descontado. Es mi red social favorita, pero es el epítome de la simplificación. El problema de las redes es que todo el mundo tiene que tener una postura acerca de todo de manera instantánea. Ocurre cualquier cosa y todo el mundo tiene que haber definido si está a favor o en contra, cuando las cosas son más complicadas que eso.

– ¿Cuál es su ‘Cicatriz’?

– Internas tengo muchas porque ya tengo una edad y he cometido algunos errores. Externas, una en la frente de hace tiempo que es lo primero que se ve.

– ¿Qué le pasó?

– Eso ya no lo voy a contar.

– ¿Estaba haciendo el mal?

– Defendiéndome de él.

– Escribiendo nos conocemos más a nosotros mismos. Usted supo que era adoptado. ¿No es ir demasiado lejos?

– La labor más importante es la del autoconocimiento. Imagínate. Me enteré con 35 años. Todo ese tiempo intenté conocerme a mí mismo para darme cuenta de que tenía que empezar de cero.