Diario Sur

‘La familia real’: una historia de amor y putas

William T. Volmann es autor de libros como ‘Europa Central’ (en la imagen) y ‘Los pobres’.
William T. Volmann es autor de libros como ‘Europa Central’ (en la imagen) y ‘Los pobres’. / Rich Pedroncelli. Ap
  • La editorial malagueña Pálido Fuego lanzará en septiembre una de las grandes obras de William T. Wollmann

  • La novela, hasta ahora inédita en castellano, bucea en el lado más oscuro de la prostitución a través de una trama detectivesca

«Una de las cosas que tuve que hacer ocasionalmente mientras recopilaba información para el relato de prostitutas ‘Damas y luces rojas’ de ‘Historias del arcoíris’ fue sentarme en un rincón, bajarme los pantalones y masturbarme. Fingía hacerlo mientras hacía preguntas a las prostitutas. Pues, de lo contrario, yo les inducía pavor y además ellas se sentían fatal, en la creencia de que yo era policía».

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William T. Vollman responde con serenidad científica, casi aséptica, a las preguntas de Madison Smartt Bell para ‘The Paris Review’. Y sigue: «Ya casi nunca me acuesto con prostitutas americanas, a menos que ellas quieran de veras que lo haga; si van a sentirse dolidas si no lo hago. Muchas son amigas. Posan para mí como modelos, y he escrito cantidad de historias sobre ellas».

Una de esas historias, quizá la de más hondo calado, es ‘La familia real’, que en septiembre publicará el sello malagueño Pálido Fuego. La novela supera las mil páginas en su primera edición en castellano y supone uno de los empeños más ambiciosos del editor José Luis Amores: «¿Que por qué publicamos un libro de más de mil páginas que es complicado de traducir al español? Porque es una puñetera obra maestra».

Pálido Fuego ya publicó hace tres años ‘Historias del arcoíris’. De hecho, fue uno de los primeros títulos de la joven editorial malagueña que va camino de cumplir su cuarto aniversario con un selecto catálogo donde figuran autores como David Foster Wallace, Robert Coover y Tom McCarthy, entre otros. Siempre, con libros inéditos en castellano.

«En ‘La familia real’ hemos trabajado durante cinco meses. En inglés tardé un mes en leerlo y la traducción ha sido compleja porque emplea diversas jergas», ofrece Amores. ¿Un libro difícil? «Depende. Quizá todos nuestros libros lo sean. ‘Satin Island’ (la novela de Tom McCarthy que precede a ‘La familia real’) es un libro difícil, pero hemos agotado la primera edición», defiende el promotor de la editorial que sumará 28 títulos en su cuarto cumpleaños.

Amores presenta ‘La familia real’ como una «una novela de amor y detectives» a cargo de uno de los novelistas más sugerentes de la narrativa contemporánea. Autor de obras totémicas como ‘Europa Central’ y ‘Los pobres’, Wollmann (Los Ángeles, Estados Unidos, 1959) levanta su obra en el cruce de caminos entre la literatura y el periodismo, al menos en lo que respecta al trabajo de campo previo a la elaboración de sus libros.

En el caso de ‘La familia real’, el escritor norteamericano bucea de dos de sus asuntos predilectos: la prostitución (sobre el que escribe en el cuento ‘Damas y luces rojas’ incluido en ‘Historias del arcoíris’, así como en las novelas ‘Para Gloria’ e ‘Historias del mariposa’) y los marginados (asunto central de ‘Los pobres’ o el extraordinario relato ‘La inmensidad azul’ también reunido en ‘Historias del arcoíris’).

Así, la nueva novela en el catálogo de Pálido Fuego combina la historia de Caín y Abel con la bajada a los infiernos de Dante guiado por Beatriz. Aquí el infierno es el ‘Circo femenino’, el prostíbulo de Las Vegas que contrata al detective Henry Tyler para que encuentre a la Reina de las Putas.

«A finales del siglo pasado, Vollmman ya prevé lo que va a suceder con el consumo de pornografía a través de Internet. La novela presenta cómo una persona llega a ejercer la prostitución y plantea una reflexión general: quien piense que por el hecho de consumir pornografía a través de una pantalla hace menos daño a quienes la ejercen se equivoca. Eso Vollmann ya lo percibe en los años 90 y lleva el ámbito de la pornografía hasta lo virtual».

A ese submundo baja Vollmann durante meses para retratarlo en carne viva. Sin trucos ni concesiones. También sin ínfulas: «No, yo no me escandalizo, y no persigo escandalizar a otros. No soy una persona egocéntrica ni adopto poses». Sólo literatura de la buena. Nada menos.