Diario Sur

«La cultura no es una prioridad para aquellos que pueden impulsarla»

«La cultura no es una prioridad para aquellos que pueden impulsarla»
  • «Los pequeños editores nos movemos más rápido y nos adaptamos a mayor velocidad a los cambios», dice esta emprendedora del mundo de las letras

  • Clara Canela Editora de Canica Books

Hasta hace tres años Clara Canela había trabajado en el sector empresarial, en pequeñas y grandes empresas, en España y fuera de España. Pero en 2013 decidió hacer realidad su sueño, dedicarse a aquello que desde la infancia le entusiasmaba. De este modo creó Canica Books, una editorial que busca proporcionar buenos momentos a niños de todas las edades. Mujer orquesta, cuidadosa, perfeccionista, siempre tiene una sonrisa en el rostro cuando habla de libros. Entre sus acciones más inmediatas está continuar desarrollando mercado fuera de España, explorar las posibilidades del formato digital y seguir publicando libros que alberguen historias únicas.

En un mundo efímero y evanescente, más si cabe todo lo relacionado con la lectura, parece que los libros ilustrados son pequeños islotes, la excepción al desinterés por la lectura.

¡Cierto! Las imágenes son su gran baza, hablan por sí mismas y encajan muy bien con la cultura visual que tenemos ahora mismo. Además, son libros que todavía se disfrutan en papel frente al avance de la digitalización, tienen en cierto modo un aura de objeto de culto. El libro ilustrado se lee con los seis sentidos, no sólo con la vista. El tacto del papel o el diseño no deberían ser casuales, ya que acompañan la experiencia lectora.

Usted procede del sector empresarial, ¿cuál fue la chispa que le hizo crear Canica Books?

Me lo debía a mí misma desde que tenía siete años, me parecía que ya había esperado bastante. Ya había vivido antes bastantes aventuras y desventuras en el mundo de la empresa, así que tenía la esperanza de poder aplicar algo de lo aprendido en este nuevo proyecto.

¿Y lo ha hecho?

Sí, lo hago cada día. El resto, lo específico de la edición de libros ilustrados, lo voy aprendiendo por el camino, tengo mucha suerte de contar con el apoyo de muchos compañeros maravillosos del mundillo editorial.

Se suele afirmar que los editores son valientes en estos tiempos en los que a nadie parece interesarle la cultura.

Tan valientes como cualquier otro empresario que lucha cada día por sacar adelante su negocio; ni más ni menos. Y, por cierto, no estoy de acuerdo con que a nadie parezca interesarle la cultura.

Es una manera de generalizar. Pero no me dirá que la cultura es una prioridad en este país y que se defiende contra viento y marea.

Está claro que la cultura no es una prioridad para aquellos que tienen la posibilidad de impulsarla y que no es algo que haya calado en la sociedad a nivel masivo y de una forma profunda. Sin embargo, hay muchas iniciativas culturales particulares de mayor o menor envergadura que luchan para ser visibles .

¿Cuál es su fórmula para sobrevivir frente a los grandes grupos editoriales?

Digamos que cada uno juega sus cartas y hay sitio para todos los jugadores. Los pequeños editores tenemos la capacidad de llegar a lectores más pequeños y acertar con sus gustos. También nos movemos más rápido y nos adaptamos a mayor velocidad a los cambios. Otra ventaja es que podemos estar muy cerca de los libreros y los lectores y desarrollar con ellos una relación cercana.

En la literatura infantil se está renovando constantemente...

Es pura evolución natural, los lectores piden más al libro infantil, y esto es muy bueno. Los niños son un público muy exigente, y los adultos que los compran también. Por ello los editores necesitamos adaptarnos a estas demandas. En España, además, tenemos la suerte de tener mucho talento en cuanto a escritores e ilustradores.

¿Qué libro de su catálogo le daría a leer a los candidatos a la presidencia del gobierno?

'71 ovejas', el último libro que hemos publicado, para niños de 4 años en adelante. Es muy divertido y seguro que pasarían un buen rato. Trata de un rebaño de ovejas que deciden jugar un partido de fútbol, y nada más empezar el partido, cuelan el balón en lo alto de un árbol. El resto del libro habla de cómo tratan de recuperar el balón de mil formas diferentes, a cual más peregrina y absurda.

¿Por qué piensa que ningún político progresista o conservador sale a defender el libro como elemento fundamental de la cultura?

El libro despierta y dormidos estamos más quietecitos.