Libertad para un acusado de vender bienes expoliados por el Dáesh

M. L.

madrid. El expolio del rico y milenario patrimonio de países como Libia, Irak, Siria o Afganistán es una recurrente fuente de financiación para los radicales islámicos y su maquinaria de terror. Los tentáculos de este mercado negro alcanzan a España, donde un juez acaba de dictar medidas cautelares para un anticuario de Barcelona y su marchante, acusados de comerciar con material arqueológico sacado ilegalmente de Libia. Unas valiosas piezas que, como a los diamantes contrabandeados en África, bien podríamos llamar «de sangre».

Diego de Egea, magistrado de la Audiencia Nacional, dejó ayer en libertad bajo fianza de 12.000 euros al anticuario de la Ciudad Condal y dictó medidas cautelares para su marchante. Ambos están acusados del delito de financiación del terrorismo yihadista, además de los de receptación, falsedad documental y contrabando.

Los dos investigados comerciaban presuntamente con valiosas piezas de origen romano y helénico robadas en Libia por elementos vinculadas al Estado Islámico (EI) y cuyos beneficios acabarían financiando actividades terroristas, según fuentes jurídicas. Al anticuario y al marchante se les retiró el pasaporte y se les impuso la prohibición de abandonar el territorio nacional y de comparecer cada dos semanas en el juzgado más próximo a sus domicilios.

El magistrado, además, considera probado que el anticuario había comprado seis piezas escultóricas -cabezas y torsos de origen grecorromano- procedentes del saqueo arqueológico perpetrado en el año 2015 por miembros del Dáesh en las ciudades libias de Cirene -declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982-, Albaida y Apolonia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos