LENGUAJE Y TOROS

Antonio Garrido
ANTONIO GARRIDO

Acabo de adquirir un libro del que tenía noticias pero que no había leído. Se trata de 'Ritos y juegos del toro' de Ángel Álvarez de Miranda, publicado en la editorial Taurus, el nombre es muy significativo por cierto, en el año 1962, con un sentido prólogo del admirado Julio Caro Baroja.

La presencia ancestral del mítico animal en las culturas de Oriente y del Mediterráneo es una constante más que secular y además con una gran variedad de formas y rituales. En España se recoge la leyenda del oricuerno, que no es otro animal que el toro. Merece la pena recordarla.

Una joven musulmana tenía un novio y un pretendiente que asesinó al primero. Ella se vengó con tan mala fortuna que mató al pretendiente y a un amigo. Tuvo que huir. Encontró a unos pastores y les pidió que le dieran ropas para disfrazarse; de esta manera se vistió de hombre y se nombró como Carlos. Recorrió mundo y se puso a trabajar en casa de unos señores. La hija de estos se enamoró perdidamente de Carlos y le pidió matrimonio. Se casaron. La noche de bodas Carlos estaba muy triste y no tuvo más remedio que confesar que era mujer, a su esposa no le importó nada y empezaron su feliz vida matrimonial.

Como no llegaban los hijos las gentes empezaron a murmurar sobre si Carlos era hombre. Hicieron la prueba de la silla. Pusieron unas bajas y otras altas, las mujeres se sentaban en las primeras pero Carlos se sentó en la más alta y la prueba no sirvió. Otro día los hombres decidieron ir a bañarse al río. Ya no había escape. Carlos se retiró del grupo y encontró un enorme toro, el oricuerno, que tocándolo con una de sus astas lo transformó en hombre y así se pudo bañar con los demás. Se trata de una antiquísima leyenda que confirma el poder sexual del animal El autor investiga la relación entre los toros y las fiestas nupciales pero no entraré en este tema tan interesante y complejo.

El tema taurino, el mundo de los toros es básico en la cultura hispánica y, como es lógico, su presencia en el lenguaje tiene una importancia nada desdeñable y lo que más importa es que se mantiene con vitalidad. Veamos algunos ejemplos.

Cuando estamos seguros de que algo no muy agradable va a suceder se afirma: «Ciertos son los toros». La vida es una lucha permanente, un campo de batalla y entonces estamos «lidiando contra el destino», frase con un cierto componente fatalista. Esta que sigue está vivísima. Cuando alguien tiene que hacer algo complicado o desagradable tiene «un embolao» o le «han metido un embolao».

Es obligado citar a mi respetado Andrés Amorós que ha acopiado y explicado muchas frases de uso coloquial y materia taurina pero hay que remontarse a finales del siglo XIX, a 1883, para encontrar un Almanaque taurino, editado por Luis Carmena y Millán, en el que aparece el artículo «El tecnicismo tauromáquico en el lenguaje@ que después se reprodujo en la publicación 'El Tío Jindama'. En 1896, en la revista 'Pan y toros' apareció 'Fraseología taurina' de Leopoldo Vázquez. Un título pomposo para poco contenido. Los trabajos filológicos se han incrementado en el siglo XX pero aún queda mucho por hacer.

«Estar bien puesto de pitones» se aplica al toro bien armado y también a la persona arrogante pero hay que usar la expresión con prudencia porque tiene cierta ambigüedad, se puede entender como muy cornudo y esto es entrar en otro campo semántico.

«Ser de mucho cuidado» es apropiado para el toro peligroso y también para la persona peligrosa y con habilidad en los tratos. Este «tiene más sentido que un toro» o «tiene las intenciones de un toro» son frases para poner sobre aviso respecto a una persona con malas intenciones. Es interesante el uso de «sentido» como conocimiento. Un toro con sentido va más al cuerpo que al engaño y resulta mucho más difícil de lidiar. No es agradable que te digan que «eres o es como un cabestro»; es decir, de poco carácter y energía o directamente cabrón. Permanece viva en el idioma y con fuerza.

Con permiso de ciertas minorías el español no ha eliminado «Ser como una vaca loca» que también tiene correlato con «Ser o estar como una cabra loca» o sencillamente como una cabra, en cuyo caso es aplicable a los dos sexos. Se trata de mujer alborotadora, turbulenta. La que sigue no se usa pero me gusta por su sabor arcaico. En tiempos pretéritos se usaba un tipo de balanza llamada romana; pues bien, a la señora corpulenta o muy corpulenta, se le decía que «tenía mucha romana», muchos kilos. La referencia es al objeto para el pesaje de los cornúpetas o cornúpetos que aún hay discusión sobre la materia. Para indicar el lugar más peligroso se emplea la forma: «Fulano se ha metido entre los cuernos del toro».

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