Patio de butacas

LECTURAS PENDIENTES

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Se supo el último. Y alguno todavía anda abanicándose el sofoco. ¿Ministro de Cultura, Maxim Huerta? Tras la sorpresa -me incluyo-, al otrora periodista no tardaron en mirarle los bajos en redes sociales y entrevistas para encontrarle algún renuncio, como su militancia antitaurina, su falta de sintonía con el esfuerzo físico y, desde el catalanismo, hasta le afearon su rechazo al independentismo. ¡Que cosas! Las de Huerta son opiniones compatibles con la libertad de pensamiento y de expresión de todo vecino, aunque cuando te conviertes en Ministro de Cultura de todos te ponen en algún que otro aprieto. Por eso no ha tardado en abrazar a la selección española y en aplaudir a rabiar a Rafa Nadal para demostrar que, como la mayoría absoluta de sus compatriotas, es un campeón del 'sillón ball'. Habrá que ver si torea igual de bien lo de su alergia al paseíllo y los cuernos.

El caso es que Maxim Huerta supo reciclarse de presentador (Ana) rosa a escritor e intelectual. Aceptar el Ministerio de Cultura sin experiencia política previa le otorga, cuanto menos, valentía y ambición. Su predecesor, Íñigo Méndez de Vigo, no se lo ha puesto fácil. Supo volver a anudar lo que deshizo el olvidable Wert y ofreció una cara amable. Aunque su política ha sido más de palabras que de hechos. Entre otras cosas porque el ministro in pectore era Montoro que es el que otorgaba posibles y, por ejemplo, el que paró el descenso del IVA al cine cuando se lo bajó a todos los espectáculos.

Esa es una de las cuentas pendientes que hereda Huerta. Pero que nadie se engañe. Si baja el impuesto a las salas, las taquillas no reducirán el precio de sus butacas como los conciertos o el teatro no recortaron las entradas cuando les tocó esta reducción hace un año. Puestos a pedir, sería genial que el nuevo ministro abogara por traer la próxima edición de los Goya a Málaga, como apuntaba hace un par días Juan Francisco Gutiérrez en esta columna. Y si hablamos de urgencias, que no se olvide de que Málaga no solo es la primera en el peligro de la libertad, sino también la última gran capital que carece de sede propia para su biblioteca provincial. Digo yo que, siendo escritor antes que ministro, esta página sin resolver la va a poner al principio de sus lecturas pendientes.

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