De las lágrimas de Rafael Amargo a las bromas reales de José Coronado

José Coronado, durante su intervención./Fernando González
José Coronado, durante su intervención. / Fernando González

La entrega de las Medallas de Oro al Mérito de las Bellas Artes reunió a más de 300 personas en la sala 6 del Centro Pompidou que se sentaron en sillas de colores

Ester Requena
ESTER REQUENA

Una multitud de sillas de distintos colores daban la bienvenida a la sala 6 del Centro Pompidou. Las ovejas negras de Françoise-Xavier Lalanne cedieron su espacio para albergar la entrega de las Medallas de Oro al Mérito de las Bellas Artes con más de 300 invitados. Por supuesto, las sillas que ocuparon los Reyes eran en rojo y amarillo, como la bandera de España, en una ceremonia que tuvo de todo: lágrimas, risas, amor, ovaciones...

El primero al que se le saltaron las lágrimas fue a Rafael Amargo, que nada más escuchar su biografía por parte del ministro Íñigo Méndez de Vigo no podía aguantar la emoción. «Yo es que soy muy del pueblo y muy sentimental», se disculpaba poco después. Su familia al completo madrugó para entrar de los primeros al museo. ¡Hasta su tía no se lo quiso perder! También todo el clan de El Juli asistió en la cita. No había plaza, aunque su paseíllo al subir al escenario estuvo acompañado de un fuerte «olé» de algunos invitados.

El actor José Coronado puso la nota de humor nada más empezar su discurso de agradecimiento en nombre de todos los premiados. Anunció que quería recordar al Rey emérito cuando de repente soltó: «Me llena de orgullo y satisfacción». La sala estalló en carcajadas. Hasta don Felipe y doña Letizia comentaron la ocurrencia entre risas con sus más cercanos. Luego recogería el guante don Felipe, que hizo un guiño al protagonista de 'No habrá paz para los malvados': «Sin esa voz y sin ese arte escénico, José, permítanme que concluya este acto».

Coronado, ya totalmente recuperado de un infarto de miocardio agudo, se convirtió en uno de los más aclamados por el público que aguantó estoicamente las bajas temperaturas y el viento que azotaba la esquina del Muelle Uno. Tuvo 'duras competidoras' con Toñi Moreno o María del Monte, quienes llegaron acompañadas por Nuria Fergó, Encarni Navarro e Inmaculada Casal. La lista de invitados sumaba nombres de todos los ámbitos: María Victoria Atencia, Evaristo Guerra, Andrés Mérida, Manolo Sarría, Pasión Vega, Mariano Vergara, Fernando Francés, Rafael Domínguez de Gor, Javier Calleja, José Cobos...

En los corrillos tras la ceremonia se repetía la misma pregunta: ¿Por qué no han venido Gloria Estefan ni Ricardo Darín? Nadie atinaba a contestar, ya que en su lugar mandaron a una prima y a un amigo. Fuera el público tenía un objetivo claro: hacerse una foto con los Reyes. A la salida los Monarcas se acercaron a ellos y desde el principio hasta el final saludaron a toda la primera fila que se agolpaba en las vallas. «Ya me puedo morir tranquila», se escuchó entre un buen número de piropos a doña Letizia y don Felipe.

La Reina optó en esta nueva visita a la capital por un estilismo discreto y funcional teñido de azul marino. Nada del guiño que algunos esperaban a Lorenzo Caprile, uno de los premiados y quien la vistiese en sus primeras citas con la realeza europea del rojo pasión que ahora se ha convertido en su color fetiche. Precisamente el diseñador resaltó entre tanto traje de chaqueta oscuro: optó por una americana a cuadros y una corbata de lunares. Por supuesto, Marca España.

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