Juan Manuel Bonet: «No hay muro capaz de frenar el crecimiento del español»

Juan Manuel Bonet, camino del Ayuntamiento de Málaga, donde ayer se presentó la reunión anual de directores del Cervantes. /Salvador Salas
Juan Manuel Bonet, camino del Ayuntamiento de Málaga, donde ayer se presentó la reunión anual de directores del Cervantes. / Salvador Salas

El Instituto Cervantes celebrará a finales de mes en Málaga y Antequera la reunión anual de sus directores en todo el mundo

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Tiene Juan Manuel Bonet un ímpetu verbal académico y ameno. Salta de las vanguardias artísticas –suyo es un diccionario de referencia en el asunto– a los temas de actualidad con aparente ligereza, pero notable calado. También ha dado el salto del Instituto Cervantes de París (ciudad donde nació en 1953) a la dirección de la institución, que entre los próximos días 24 y 27 celebrará en Málaga y Antequera la reunión anual de sus directores. Un centenar de «embajadores culturales» venidos de más de 80 centros distribuidos en 44 países de todo el mundo.

En la presentación de la reunión anual de directores del Cervantes ha comentado que se trata de un encuentro para debatir dónde está y hacia dónde va la institución. ¿Dónde está y hacia dónde va el español?

–El español es el segundo idioma más hablado del mundo después del inglés, con el que competimos. Luego está el chino, pero se habla en un solo país y su situación es muy distinta. En ese sentido, hay que tener en cuenta la propia demografía, sobre todo la del continente americano, donde hay diez veces más de hispanohablantes que en España. Por esa razón afirmamos nuestra vocación hispanoamericana, porque en España somos una pequeña parte de esa gran realidad que es el español. También en un país donde el español tiene sus flecos polémicos, como en Estados Unidos, debido a la relación de conflicto que se ha establecido a partir de la llegada de (Donald) Trump a la presidencia; sin embargo, en Estados Unidos hay unos 55 millones de hispanohablantes y tenemos que atenderlos.

«En España somos una pequeña parte de esa gran realidad que es el español

Ya que habla de Estados Unidos y de la beligerancia de Trump contra lo hispano. ¿Se plantean algún cambio de estrategia en la zona?

–En esa zona lo que tienen que hacer los Institutos Cervantes es seguir trabajando bien como lo han venido haciendo hasta ahora. No hay ninguna estrategia nueva, en la medida en la que creo que el idioma está por encima de las vicisitudes de la política. No es Estados Unidos un país donde sea sostenible la idea del ‘only english’ porque incluso entre los propios votantes de Trump hay muchos hispanohablantes. América es el futuro del idioma. No es que España no lo sea, pero demográficamente son tantos países con tantos millones de hispanohablantes que ese peso se nota.

Esa clave iberoamericana es relativamente reciente en el Instituto. De hecho, la ha convertido en uno de los ejes del «plan de choque» que plantea para la institución.

–Cuando nació el Instituto Cervantes, España lo veía más como una cuestión suya, porque era la afirmación de nuestro país que se normalizaba, que se asimilaba con el contexto europeo teniendo el instituto que otros países hacía mucho tiempo que tenían. España había tenido el Instituto de Cultura Hispánica, pero venía lastrado por la ideología de la dictadura. La España democrática se dotó de este instituto homologable a los de su entorno, como el British, el Instituto Francés, el Goethe. Pero muy pronto España se dio cuenta del potencial que tenía la cultura del continente americano y ahora en la programación de un Cervantes tiene un gran peso.

Pero esas instituciones que menciona tienen mucho más presupuesto que el Cervantes. No en vano, en su toma de posesión lamentó la caída presupuestaria del 29% en los últimos ocho años.

–Hemos atravesado una coyuntura difícil, pero siempre subrayo que en la etapa de mi predecesor había muchos agoreros que pensaban que el Cervantes iba a cerrar centros y a echar a gente y no ha sucedido ni lo uno ni lo otro. Se cerraron dos, uno por guerra, Damasco, y otro una rectificación de una decisión: hubo un criterio político por el cual se abrió Gibraltar y un criterio político por el cual se cerró Gibraltar. Todo lo demás ha seguido y no ha habido reducción de plantilla. De hecho, se nos está dando la posibilidad de que el año que viene empezar a abrir nuevos centros.

«La enseñanza del español es algo muy beneficioso para la economía de una tierra»

¿Como cuáles?

–El año que viene se va a abrir un Cervantes en Seúl, donde tenemos un aula, lo mismo en Dakar y también se abrirá el primer Cervantes en Suiza, en Zurich.

¿Y en qué país echa de menos una mayor presencia del Cervantes?

–Creo que un país donde se podría estar más presente es Estados Unidos. Tenemos el centro de Nueva York, un Observatorio de la Lengua Española en Harvard, tenemos un Cervantes en Chicago, otro en Nuevo México y ya el resto son algunas aulas y algunas colaboraciones. Por ejemplo, sería deseable una mayor presencia en California.

¿Se lo plantea como objetivo para su dirección?

–Ya veremos. De momento, el hecho de que el presupuesto haya aumentado ligeramente este año ya es bueno.La cultura es cara, sobre todo si se quiere cultura de calidad. Abrir centros es caro y si estamos abriendo centros es porque los presupuestos van a acompañar. No escribo cartas a los Reyes Magos y ni digo ‘Necesito tanto’. No. Necesito que la dirección sea esa, que sea una dirección que se corresponda con un ciclo que deja atrás los años peores de la crisis.

El turismo de idiomas

También desde su llegada en febrero al Instituto ha incidido en el «valor económico» del español...

–El término no es mío. Su autor es José Luis García Delgado, gran economista que ha culminado una obra colectiva de 14 volúmenes en el que se analiza ese potencial económico que el español ofrece. Sucede aquí, por ejemplo, en la provincia de Málaga, donde sistemáticamente se está promoviendo ese turismo idiomático que está dando muy buenos frutos. La enseñanza del español es algo muy beneficioso para la economía de una tierra. Existe cada vez un mayor convencimiento de que invertir es la enseñanza del español es un buen negocio. En Málaga vamos a tener una sesión sobre la Marca España, cuyo comisionado es consciente de que durante los primeros años de su actuación han estado muy centrados en temas económicos y han reconocido que ahora está teniendo que plantearse más a fondo la cultura como parte de la Marca España. El español es algo imparable. La necesidad de fomentarlo es imparable.

¿No hay muro que lo frene, por más que quiera Trump?

–No, no... No hay muro capaz de frenar el crecimiento del español. En el continente americano es el idioma que habla la mayor parte del continente. Con todo ese mundo tenemos que seguir estrechando lazos.

El Cervantes tiene un estatuto singular, regido por representantes de tres ministerios (Asuntos Exteriores, Educación y Hacienda). ¿Hasta qué punto la política condiciona su actividad?

–Creo sinceramente que los partidos políticos en España incluyen al Cervantes entre esas instituciones que no se tienen que estar discutiendo en la arena política. Se puede discutir si más dinero o menos dinero o lógicamente sobre las diversas maneras en que eso se gestiona, pero creo que hay un consenso básico en torno al Cervantes. Un poco parecido al que pueda haber en torno al Reina Sofía o El Prado.

Ya que menciona el Reina Sofía, museo que dirigió durante cuatro años, ¿qué debe copiar y de qué debe huir la gestión del patrimonio lingüístico respecto al patrimonio artístico?

–Se debe copiar algo que ya está copiado, porque el Cervantes y el Reina son instituciones que son hijas tardías de la Transición. Son piezas que faltaban en la arquitectura de la Transición: el museo que representaba la reconciliación de España con su pasado y el Instituto que significaba la conciencia de España de tener un patrimonio necesitado de mayor apoyo y difusión.

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