Juan Breva: el eterno cantaor

Juan Breva actuó hasta el mismo año en el que falleció, precisamente en Vélez. /SUR
Juan Breva actuó hasta el mismo año en el que falleció, precisamente en Vélez. / SUR

Se cumplen cien años de la muerte del máximo exponente del flamenco y del cante malagueños

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

«Origen humilde, ascensión vertiginosa, riqueza, fama, éxitos continuos, postrera decadencia y vuelta serena a la humildad originaria y a la pobreza». El experto en flamenco José Luque Navajas sintetizó con estas breves palabras la larga y prolífica vida del cantaor Juan Breva, uno de los artistas más trascendentales de la provincia de Málaga. Nacido en Vélez-Málaga, recorrió media España, capitaneó la eclosión flamenca madrileña de finales del siglo XIX y volvió a su tierra natal donde falleció en 1918. Con motivo del centenario de su muerte, que será este verano (8 de junio) se celebrarán numerosos actos en su municipio y en el resto de la provincia, aunque para entender la importancia de Breva es necesario conocer su historia y el regalo que le hizo al cante de la época, y por ende, al patrimonio artístico nacional.

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Muchos teóricos y aficionados han profundizado en la voz de Breva, aunque ninguno con la precisión del divulgador y periodista –colaborador de este diario– Gonzalo Rojo. El flamencólogo preside la Peña Flamenca Juan Breva, fundada en 1958 y ha centrado gran parte de su vida a documentar la del cantaor veleño. Publicó los resultados de su investigación en un libro donde se esconden todos los detalles de la figura:‘Juan Breva, vida y obra’. La primera edición de este título se publicó en 1992, con prólogo de José Luque Navajas –de donde se extrae la frase con la que comienza esta historia–. En las primeras páginas del libro se refleja el origen humilde de Antonio Ortega Escalona, que es el verdadero nombre del cantaor, y se estima que nació en 1845.

Conforme avanzan los capítulos se van sucediendo las claves que llevaron a Breva a adueñarse de Madrid. La juventud del cantaor transcurrió tranquila, entre labores de labranza y viajes a la capital malagueña, donde se encontraba con Rogelio Ramírez. Cuando se libró del servicio militar le reveló sus intenciones: Breva quería dedicarse al cante y quería hacerlo en Málaga. Don Rogelio lo acompañó al Café del Sevillano, donde fue contratado con un sueldo de cuatro duros diarios. «Era 1865. Málaga acababa de dar a la historia del flamenco una de sus más egregias figuras», apunta Rojo en su relato.

Maestro Onjana, Paco el de Lucena y Juan Breva.
Maestro Onjana, Paco el de Lucena y Juan Breva. / SUR

Del Sevillano fue pasando por otros cafés cantantes mientras su fama crecía. En este periodo inicial fue perfeccionando sus cantes y comenzó a recorrer algunos de los municipios más importantes de Málaga, dando pronto el salto a otras provincias como Córdoba, Granada y Cádiz. Rojo apunta que en este momento entabló amistad con algunos de los artistas más importantes del momento, como Eduardo Gálvez, Anilla la de Ronda, La Parrala, El Canario, La Águeda, Perote, Chacón o el Mochuelo, entre otros.

Entre cafés, en 1879, Breva emprendió el viaje más importante de su vida: Madrid. En aquél año Alfonso XII –con quien más adelante Breva entabló amistad– acababa de contraer matrimonio con su segunda esposa, y ajeno a ello el veleño firmó un contrato para cantar en el Café La Bolsa. El diario La Correspondencia de España lo reseña en su número del 16 de julio de aquél año: «Está llamando justamente la atención del público que asiste al teatro de la bolsa, el aplaudido cantador de flamenco Juan Breva».

Su primer contrato en Madrid fue en el Café La Bolsa, donde tocó en múltiples ocasiones

El primer año de Breva en Madrid se redujo al Café La Bolsa y a algunas actuaciones esporádicas en otros puntos de la capital. Sin embargo, en este periodo comenzó a desarrollar una de las facetas más importantes del cantaor:la social. Su voz se popularizó en las fiestas de alto copete, dando paso a su época más brillante, a partir de 1880. Comenzó a tocar en prácticamente todos los cafés de Madrid, manteniendo durante un tiempo tres contratos por noche en tres locales diferentes, tal y como Gonzalo Rojo recoge en su libro de las palabras de Fernando el de Triana: «En el Teatro Príncipe Alfonso, en el Café del Barquillo y en el Café del Imparcial». La fama de Breva se debía a la naturalidad con la que moldeó el estilo malagueño, fuertemente arraigado en los verdiales de su tierra.

Breva (tercero por la izquierda) en el Café de la Bolsa.
Breva (tercero por la izquierda) en el Café de la Bolsa. / SUR

En 1884, Don Rogelio reaparece en la historia:su amigo y maestro le escribe desde una prisión militar. El veleño pidió ayuda a un general, a quien además invitó a acudir aquella noche a La Bolsa a escucharle cantar. Caprichos del destino, el militar avisó al Rey Alfonso XII de la presencia de Breva en la ciudad y este le hizo llamar. Se produjo así el famoso concierto personal para público de sangre azul, una anécdota muy conocido por los amantes del legado del cantaor. Dicen las crónicas que terminada la tonadilla, el monarca quedó rendido por su cante y le dijo que haría «cualquier cosa que le pidiera». Breva pidió al rey que liberase a su «compadre», dando paso a su amistad.

Breva encandiló a Alfonso XII para que liberara a su colega de la prisión militar

Siguió Breva su aventura madrileña, actuando y viviendo con su mujer e hijos hasta bien entrada la vejez. En 1918 vuelve a su Vélez-Málaga natal donde firmó su último contrato, en el Teatro Principal, que se quedó sin localidades para ver al ya consagrado cantaor. Unos meses más adelante en aquél año, Breva sufrió un desmayo durante una actuación y fue trasladado a su sofá, lecho del que nunca se levantó. Su hijo confesó no tener dinero para el entierro, por lo que varios amigos, seguidores y compañeros se encargaron de la mortaja, dando cuenta, como bien señala Luque Navajas en su prólogo, del regreso absoluto a su origen pobre.

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