Humanos y otros insectos

MAR DE IROISE

SORA SANS

«Y no acaba esta extraña sensación de cercanía, aun estando tú tan lejos». Así se despide Diego Medina Poveda del 'Mar de Iroise' y de su padre Diego, nuestro Diego. El poeta nos quita el aliento por momentos al sumergirnos en nuestro propio aire salado, ese tan malagueño, que respiramos cada día y que nos llega como un suspiro desde tierras lejanas. Un alma dividida que encuentra «su reflejo en la imagen cubista de los mares», en esas aguas que deforman, o más bien reformulan el otro mar de su infancia azul. Pasea Diego por el pensamiento más profundo y saca a la luz el amor y el dolor a partes iguales, como no podía ser de otra manera, a través de unas letras medidas, que no comedidas. «Ser caminante de una sola orilla, por ahora», «en este cruel paseo en el que andar de espaldas a la vida», y también a la muerte, puesto que no existe la una sin la otra. Un libro exquisito publicado por la editorial Puerta del Mar, con un nombre y una portada que ya nos invita a quitarnos la coraza, entrar en ese oscuro universo que todos tenemos dentro, ahondar en cualquier herida o cicatriz que pensábamos curada, y despertar finalmente en una playa sin límites, sin dolor, sin amargura. Un libro que convierte el agua salada en dulce placer y en el que la dualidad es una constante vital. Nos dibuja Diego nuestros agostos y su «calma peligrosa», nuestros aires, nuestra azoteas, nuestras calles y paseos, a la vez que se dibuja la imagen de un hombre, un caminante que pisa firmemente la misma arena que marca su reloj vital. Y reflexiona sobre el amor, la filosofía, la niñez, y se siente alienado y abrazado, y piensa en que un buen poema es «el que fluye pero al mismo tiempo socava la piedra, alberga su imagen y su historia en los huecos secretos de los ríos». Y así escribe cada poema Diego, mientras el vaivén de sus palabras nos acoge con la naturalidad de la marea. 'Mar de Iroise' es un lugar de vacaciones al alcance de cualquier mano que quiera pasear durante unas horas junto a Diego y encontrar en la tempestad marina de nuestros pensamientos, la lucidez de la espuma del mar, la calma de la marea baja. Si yo fuese un pirata, pintaría un mapa del tesoro con una cruz sobre su nombre.

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