Todas las infancias

JUAN FRANCISCO RUEDA

Rafael Jiménez desarrolla un proyecto individual que contempla similitudes (la memoria y el recuerdo) y, ante todo, profundísimas singularidades con el que ocupa el grueso del espacio de Casa Sostoa, que comparte –como se puede leer en la crítica anexa– con Julio Anaya. En 'Nada que no haya querido', Jiménez ha ocupado el cuarto de invitados de Casa Sostoa, estancia que ha sido puntualmente cedida para intervenciones específicas como ésta. Este entorno íntimo ha propiciado que el artista use la autobiografía en pos de una reflexión acerca de los recuerdos que compartimos todos, que, por momentos, se pueden confundir. Esto es, un descubrimiento de cómo lo particular o individual puede elevarse a la consideración de común o colectivo.

De este modo, intuimos nuestra infancia en la infancia de Jiménez o hacemos memoria a través de su memoria. El artista interviene con plastilina 50 fotografías propias, de su infancia y adolescencia. Fiel a su procedimiento personal e intransferible, las franjas de plastilina, que recrean al tiempo que desvirtúan la imagen latente, borran los detalles o rasgos específicos –la identidad– pero no ocultan de qué se trata. Lo individual se pierde permitiéndonos proyectar nuestras vivencias en esas imágenes que, en rigor, son ajenas pero que nos hacen recordar episodios 'marcados a hierro' en nuestra memoria y que, como en el caso de Jiménez, están registrados fotográficamente ocupando vetustos álbumes. A saber, y entre otras, la madre con el niño o una celebración de cumpleaños en la que se arremolinan hermanos y primos. Los rostros de Jiménez y su familia son los espejos en los que reconocernos. El ámbito doméstico juega a su favor, ya que se convierte en el entorno natural que arropa esos recuerdos. Las otras obras que introduce nos hablan de una tipología de hogar medio español de hace décadas que nos es familiar. Preside la habitación una escena de caza; enfrente, un antiguo retrato a pastel de su madre que el artista reproduce en plastilina, convirtiéndolo en un retrato tipo de nuestras madres. Jiménez se convierte en una especie de 'médium' que hace que acudamos a nuestra experiencia, a nuestra vivienda familiar en la que crecimos.

Nada que no haya querido

Autor
Rafael Jiménez
Exposición
50 fotografías intervenidas con plastilina que ocupan un álbum que se puede manipular, una escena de caza, un retrato de su madre y la réplica a plastilina, así como una instalación en la que se incluyen objetos personales
Comisario
Pedro Alarcón
Lugar
Casa Sostoa
Fecha
Hasta el 13 de mayo

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