El imaginario popular se reinventa en Genalguacil

Renes realizando una intervención.
Renes realizando una intervención. / SUR

Creaciones en vinilo que recuerdan al azulejo andalusí y lebrillos gigantes pintados se reparten entre plazoletas y casas encaladas

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

La conversación telefónica se interrumpe con un «Hola, buenas tardes» de alguien que pasa junto al interlocutor. «Aquí es que se saluda todo el mundo», se justifica. Es uno de los encantos de la vida de pueblo, donde las puertas de las casas están abiertas y se acoge al foráneo «como si fuera un vecino de toda la vida». Hasta ahí lo normal en un pequeño municipio blanco del Valle del Genal. Pero menos común es ver a señoras mayores trabajando con vinilos industriales para crear obras contemporáneas y que las fachadas de las casas sirvan de lienzos en blanco para el arte. Esas cosas solo suceden en Genalguacil, un entorno acostumbrado a dejarse ‘invadir’ desde hace dos décadas por el arte más actual que la semana pasada recibió a los artistas Arancha Goyeneche y Fernando Renes.

Ambos firman ‘Pintar imaginarios’, un proyecto comisariado por Juan Francisco Rueda, profesor y crítico de arte de SUR, que ofrece una doble vertiente: una exposición al uso en el Museo de Arte Contemporáneo del pueblo (hasta el 23 de septiembre) e intervenciones urbanas en plazoletas y casas encaladas. La iniciativa, que pone en diálogo las piezas del interior y el exterior, forma parte de Arte Vivo 2017, la propuesta cultural que sirve de transición entre los veteranos encuentros de arte, de carácter bienal.

Goyeneche viene de Santander y Renes de Burgos (con residencia en Nueva York durante años), pero sus creaciones conectan de inmediato con la cultura andaluza. Una reinterpreta el azulejo andalusí, el otro da un nuevo sentido a los tradicionales lebrillos de cerámica. Un imaginario popular reinventado que encuentra en Genalguacil su espacio natural.

Arancha Goyeneche pinta sin pincel. Sus herramientas son tiras de vinilos industriales de diferentes colores con los que construye formas geométricas que recuerdan a la azulejería mudéjar. De hecho, los mosaicos que vio en Casa Pilatos de Sevilla fueron el inicio de todo. «Aquello fue el punto de partida para luego hacerlo a mi manera, porque no se trata de imitar», puntualiza.

Una obra de grandes dimensiones, con más de mil piezas, produce la sensación de entrar en un patio andaluz, como si un zócalo gigante decorara un rincón del Museo de Arte Contemporáneo. Utiliza, además, un vinilo reflectante que emite el destello caractarístico del azulejo vidriado. Pero Goyeneche no se queda ahí. «Genera figuras abstracto-geométricas y las lleva a un lenguaje que nos recuerda a los inicios de la abstracción en el siglo XX», analiza Rueda.

Eso dentro del museo, fuera Goyeneche toma una plazuela de la calle San Juan con sus coloridas tiras de vinilos sobre fachadas blancas. «Y he tenido una disposición buenísima de los vecinos. Llevan muchos años en contacto con el arte. Yo me he encontrado algo macerado y hecho», indica la artista. Y eso se nota, por ejemplo, en el poder de convocatoria de su taller, con más de 30 participantes de todas las edades para aprender a trabajar con el vinilo industrial.

El arte de Fernando Renes también se hunde, sin pretenderlo, en raíces andaluzas. «He traído obras que parecen hechas para Genalguacil sin saberlo», asegura. El artista usa como lienzo cerámicas de Fajalauza, la tradicional loza granadina, que compra en crudo para pintarlas, esmaltarlas, cocerlas y revestirlas con su mundo y su mensaje. Son lebrillos gigantes que unas veces remiten al universo lorquiano con frases del poeta –a raíz de una exposición que realizó para el Centro García Lorca de Granada–, y otras tienen un componente político, social, filosófico y hasta vivencial. Los expone dentro del museo y también los reparte por rincones del pueblo. Ayer intervino en la calle colocando a un lado lebrillos mudos (en blanco) y, muy cerca de allí, otros tantos parlantes (con inscripciones).

Además, en un taller con los vecinos fabricó un mosaico gigante con 72 azulejos en los que cada participante dejó su huella, una pieza que pronto decorará algún rincón del municipio. Renes quería escuchar al pueblo –«para ser creativo hay que estar activo», dice– y Genalguacil le ha hablado, y mucho.

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