La ilusión fugaz de la neutralidad

Virginia Nölting como Teresa Carrar. :: / DANIEL PÉREZ/TEATRO ECHEGARAY
Virginia Nölting como Teresa Carrar. :: / DANIEL PÉREZ/TEATRO ECHEGARAY

'Los fusiles de la señora Carrar' es un crudo ensayo sobre la imposibilidad de poder quedarse al margen de un conflicto

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Teresa Carrar es una mujer pobre. Bastaba anoche con ver la primera imagen que partía del escenario, una mujer que amasaba unos restos para poder cocinar algo parecido a un pan. Junto a ella su hijo, jugueteando ocioso con una baraja de cartas mientras miraba al infinito. Apenas unos diálogos eran suficientes, también, para conocer el contexto bélico en un pueblo de pescadores.

Estos eran los mimbres de 'Los fusiles de la señora Carrar', lo nuevo de La Imprudente que supone la puesta en escena del texto de Bertolt Brecht, en este caso con traducción de Miguel Sáenz. Aunque pretendía,a priori, contar los días posteriores a la terrible 'desbandá' ocurrida durante la Guerra Civil, el fondo iba mucho más allá. Lo que el director, Sebastián Sarmiento, plantea es en realidad un ensayo, un debate sobre el comportamiento humano durante un conflicto, especialmente si es bélico.

El argumento, a la práctica, cuenta la historia de Teresa Carrar, viuda por la reciente muerte de su marido con motivo del golpe de Estado militar en Oviedo. Teresa es una abnegada madre cuyo único anhelo es que sus hijos, José y Juan, ansiosos por participar en la contienda, no lo hagan. A lo largo de la noche recibe varias visitas que, en su mayoría, opinan que sus hijos deberían estar en el frente. Pese a ello, la protagonista (Virginia Nölting), sostiene una y otra vez que la vida de sus hijos están más allá de la guerra, y que no será ella la que les anime a ir al frente con los fusiles de su propiedad que anda escondiendo en algún lugar de la escena.

Las preguntas planteadas están más que claras. A través de los personajes, Sarmiento quiere que el espectador analice si es posible quedarse al margen. O dicho de otro modo, si quedarse a un lado, no ir a pelear cuando podrían, es en realidad una forma de participar de manera indirecta, pero en esta caso defendiendo a quien considera su oponente. Frente a este tema principal subyacen otros más concretos, más terrenales. Uno de los más interesantes es el papel de la Iglesia en el conflicto español. Así está personificado a través de un sacerdote republicano, al que también se le plantean las cuestiones principales del texto de Brecht. La escenografía, oscura y sencilla, combina de manera prodigiosa con la voz de los discursos del general Queipo de Llano, hasta convertir la tragedia en una suerte de historia basada en hechos reales.

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